“El engaño de la nostalgia”

Federico Cánovas Gómez Urquiza

La nostalgia es un dulce de menta que se atora en la garganta. Te refresca, pero te
araña. Tu cerebro se comprime y los ojos te arden, como si fueran a exprimirse, pero no.
Detienes el ardor porque no te permites la experiencia. Hay que reprimirlo. Dicen que no se recomienda estar ahí, que le hace daño a la búsqueda de la Abundancia. La autora hipócrita que ronda la Rhonda en el engaño y el capricho. El marketing literario. ¿Qué tipo deabundancia te ha brindado la vida en realidad?


Hay quienes son coleccionistas de pequeños retos y problemas y no se han dado
cuenta de la gran riqueza que poseen: aprendizajes. Otros estamos plagados de pequeños accidentes que calificamos de “mala suerte” y aprendimos con el tiempo a domesticar esos demonios como irónicos y enriquecedores sucesos.


¿Qué es lo que realmente atraes, tú, el inexperto, el neófito, la víctima de la vida
verdadera, de lo que sucede mientras te haces un autolavado de cerebro para buscarte un
oasis de confort pasajero al que le llamas “pensamiento mágico positivo”?


¿Qué tiene de virtuoso llenarse de falsas expectativas? ¿Es acaso el optimismo un
deporte que se premie con elogios?


Yo no sé si estas falsas ambigüedades revestidas de fórmulas infalibles para
encontrar la felicidad sean de verdad una pseudociencia oculta en un proyecto de
mercadotecnia. No creo ya que por pensar “sin negatividades” confirme o atraiga las virtudes, los talentos, las riquezas o los éxitos.


Visto está que por mucho que lo intentes, la vida te seguirá regalando momentos
tristes, multiplicados por mil, en contraste con las ráfagas luminosas que de verdad te
alegran. Los momentos felices son muy pocos. Las penas se dan a montones. La masa de los
frutos es poca comparada con el resto de la planta.


Pero la óptica sí que es una ciencia exacta. La actitud es la reina navegante de las
tempestades. Y aunque esta frase se escuche muy elocuente, en el fondo, la metafísica nos
enseña que todo lo que existe depende del observador.


¿Qué tiene de malo sufrir, cuando de eso se trata, pero sin tanto drama, ni presunciones insípidas? Y no es que cite a E.M. Cioran sobre el inconveniente de haber nacido, sino que constato que, en el reconocimiento de las propias miserias, se da la verdadera fortaleza.


La nostalgia no es debilidad. ¡Qué bonito es recordar, con una carga de vacío, como
una bala de salva en la recámara, dispuesta a incomodar con su explosión al más flemático
de esta habitación! Estamos todos convocados en la caverna de la reflexión. Hay que
atreverse a dispararse en un suicidio fingido; azotarse contra la cubierta en alguna tempestad ficticia; lloriquear como niños a los que se les ha negado el dulce; hacer un drama, por casi nada y luego esperar, observar, levantar el escrito de la constancia de que el autoengaño no funciona. Hay mas que vida en el recuerdo de tantas cosas que hasta el momento guardamos en una esfera de realidades inexistentes. Lo que fuimos, ya no somos.

Hay que aprender a despertar: la vida no es triste, es plena y siempre es un buen momento para dar un nuevo salto en el vacío, porque se vale también comprarse placebo personal.

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.@UnidadParlamentariaEuropa

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