LA INCONSIDERACIÓN DEL PODER

El poder, en las naciones, es, a menudo, bastante egoista, y no suele tener la virtud de la equanimidad y de ser equitativo.

Cierto es que, la sociedad, está compuesta de intereses diversos, y, normalmente, contrapuestos. Pero, la mejor política, no es aquella que llega al poder para hacer que se realicen los anhelos y objetivos de una parte concreta de la sociedad, dejando a otros sectores sociales desatendidos, o en una precaria situación de dependencia marginal con respecto a los intereses egemónicos.

La mejor política es aquella capaz de aunar y de aglutinar, a todos los intereses sociales en liza,  evitando que nadie quede en el ostracismo ni en el olvido.

Esta idea proviene del sentido que los padres de la Democracia, otorgaron a su excelente institución política, como forma de Estado, y de Gobierno del Estado: primero dijeron que, el Estado, es una representación del pueblo, el cual ejerce sus funciones gubernativas en nombre del pueblo, debido a evidentes cuestiones de operatividad.

Añadieron, como consecuencia de esta primera premisa, que los dueños de la nación, somos todos los ciudadanos, o, dicho en términos análogos, que la soberanía pertenece al pueblo.

Si a todos los ciudadanos nos pertenece la nación, es de cajón que, deberíamos estar todos representados a la hora del ejercicio del poder, puesto que el mismo dimana de todos nosotros, sin excepción válida. Y esto, a pesar de la probable ideología parcial, o partidista, de quien detente el poder en cada ocasión, puesto que cada formación política suele contar con un arraigo social, que podría vincular el poder con intereses muy determinados.

Por tanto, como conclusión, admitir esa tendencia tan humana a defender lo nuestro a ultranza, sin importarnos que los demás salgan perjudicados, ante la preeminecia de unos intereses concretos y determinados.

El poder en la Democracia, muy al contrario, debe siempre hacer el esfuerzo por superar ese egoísmo humano, que, sin embargo, deshumaniza y pervierte a la sociedad, porque la convierte en el feudo donde unos pocos viven marginando, y sin dejar vivir, a sectores considerables de la misma sociedad, donde nunca debería quedar nadie desatendido, olvidado, ni mucho menos, muerto del asco.

FRAN AUDIJE
Madrid, España,  6 de julio del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria
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