En principio pintaba monótono y aburrido. Un verano más, para echar en las alforjas de lo indiferente y anodino.
Acompañar a papá y a mamá, con mis dos hermanas, a la playa de todos los años, en el apartamento de tercera línea, desde cuyo balcón puedes ver un cachito de mar, si asomas la cabeza, y fuerzas un poco la postura.
Mis padres son pachorrones, muy tradicionales, además de protectores con los hijos, pero no como cualquier padre, sino más acentuado.
Las niñas, adolescentes ya, tienen prohibido todo, en un principio, pero si hacen méritos de buen comportamiento, y son afortunadamente elocuentes, puede ser que se lleven el gato al agua, y las dejen salir de noche, con las amigas, más desinhibidas, y con experiencia en novietes. Ya les gustaría a ellas ligarse algún chaval, pero no les dejan tiempo para que fructifique nada, a pesar de sus ruegos.
Para nuestros padres, estamos en edad de no separarnos del hogar, y de nuestros progenitores. Yo soy algo mayor que ellas, y tampoco te creas que he conseguido la gracia de poder ser más independiente. Mira que suspiro por un rollete, sobre todo los veranos, que parecen más propicios, por los calores y la ligereza en el vestir, pero sigue siendo complicado, debido al excesivo celo paterno.
No obstante, la suerte se podría aliar con los esclavos enanos de la familia, cuando los que te dieron la vida, mantienen secuestrada la intimidad, y a las personas, también, por muy hijos que sigamos siendo, y dependientes.
Un caluroso día de agosto, volviendo de la playa, me quedé un poco rezagado del resto, y volvía para casa cansado, preado de la arena y del salitre. Entré en el portal de mi casa, deseando tomar una ducha reparadora y liberadora, cuando advertí que una chica de la edad de mis hermanas, aproximadamente, se introducía en el portal. Me sorprendió no conocerla, porque en esta casa somos contados vecinos, y, aunque solo sea de vista, nos ubicamos todos.
Tan solo nos saludamos, al principio, con un escueto: ¡Hola!.
Cuando se abrieron las puertas del ascensor, todo caballeroso, la invité a pasar primero, y ella, muy coqueta, y sonriendo abiertamente, me lo agradeció, y se me adelanto dentro.
Una vez pulsados los pertinentes botones, me fijé que esta chica iba a un piso superior al mío, comprendiendo, entonces, que debía vivir ahí de alquiler, en el apartamento de un vecino mayor, que tiene la costumbre de arrendar su vivienda vacacional.
Al poco de cerrarse las puertas, y haber pasado la primera planta, de pronto sonó un ruido fuerte, como un chasquido hueco, y el ascensor se detuvo de súbito, apagándose la luz interior del elevador. La compañera de viaje, muy jovencita, como he dicho, expontáneamente, llena de terror, me abrazó fuertemente, emitiendo un grito agudo, que casi me deja sordo.
La verdad es que yo no estaba asustado, pero sí contrariado por esta situación tan inesperada, y comprometida. La niña era toda una mujer. Notaba sus pechos contra mi cuerpo, y el temblor de toda ella, realmente aterrorizada. En esos primeros momentos, solo alcancé a pedirle calma, y decir que no pasaba nada, pero, entonces, ella se apretó aún más contra mí. Algo que me encantó, fue el olor de la chica, muy de mujer, y no pude evitar cierta erección en mi órgano reproductor.
De pronto, se hizo la luz, de nuevo, y el ascensor volvió a ponerse en marcha. La chica se despegó de mí, y me miraba con los ojos vidriosos, a punto de llorar, o casi llorando. Al detenerse el ascensor en mi planta, y abrirse las puertas, ella me rogó que la acompañase hasta su destino, una planta más arriba, porque le producía pavor que volviera a ocurrir cualquier cosa, a lo cual accedí con toda amabilidad.
Una vez salió del ascensor mi inesperada compañera de fatigas, volvió a mirarme desde el exterior, y me sonrió con dulzura.
-Muchas gracias por aguantar mi miedo…
-No te preocupes -le dije, ha sido una grata experiencia, a pesar de todo
Tomando, entonces, mi mano, me sacó del ascensor, y me besó suavemente en los labios…
-He pasado mucho miedo, pero, menos mal que venía conmigo un hombre valiente…
-Gracias por ser tan linda…
-Estoy aquí sola, con mis padres. Me gustaría conocer mejor esta playa…
-Yo te la puedo enseñar… también estoy solo
Lo que vino después, se lo contaré en otro momento, con más espacio y más tiempo. Ahora mismo me preparo para salir con mi novia, Aurora, la niña miedosa del ascensor, gracias a la cual, este verano ha sido el mejor de mi vida, sin que llegase a calcular nunca que, un providencial apagón, me iba a convertir en un hombre realmente feliz.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 2 de julio del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa

Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
