EL ENGAÑO DE LA REALPOLITIK

Por Isrrael Sotillo

«El poder necesita cuerpos tristes y enfermos. El poder necesita pobreza para poder dominarte. La alegría, por lo tanto, es resistencia.» *Deleuze*

Eficientismo, pragmatismo, o realismo, propio de la política burguesa, no puede ser una práctica de la izquierda, pues, ésta no debe aceptar cualquier resultado, si éste se alcanza con medios que entran en contradicción con principios y valores.

Para Gilles Deleuze, la realpolitik y la política tradicional de Estado operan como un juego cerrado que acepta las reglas del capitalismo, reduciendo el cambio a un cálculo cínico del poder.

Desde su perspectiva junto a Félix Guattari, ésta «gran política» institucional es un engaño porque ignora los flujos reales del deseo y la micropolítica.

La crítica de Deleuze a la política tradicional pasa por desenmascarar la ilusión de poder: La política institucional cree gobernar el sistema, pero solo administra una axiomática impuesta. En Deleuze el deseo no es una carencia ni una falta de algo. Por lo tanto, no se trata de buscar un objeto que nos falta para estar completos sino de una fuerza productiva y un flujo real que construye el mundo y genera conexiones.

La realpolitik se concentra en elecciones y partidos (lo molar), mientras el verdadero control del capitalismo opera en el deseo y la vida diaria (lo molecular). La realpolitik nos presenta al pragmatismo capitalista como el «único mundo real», y resulta que es una trampa/jaula para frenar cualquier proceso de creación de nuevas formas de vida. El sistema capitalista manipula y sobreexplota la gran falacia, al venderse como inevitable. El sistema capitalista en su etapa imperialista manipula y sobreexplota como lo está haciendo ahora mismo en Venezuela.

La fuerza del capitalismo radica en su capacidad para infiltrarse en la vida cotidiana, moldeando los deseos, las costumbres y el sentido común hasta volverse invisible. No opera solo mediante la imposición económica, sino a través de la colonización de la subjetividad y la cultura. Así que su fuerza reside mucho más en la manera en la que se insinúa.

La verdad objetiva no se puede encontrar en el pragmatismo

El filósofo hispano-mexicano Adolfo Sánchez Vázquez critica firmemente el pragmatismo, señalando que, aunque hábilmente simula coincidir con el marxismo al situar a la práctica como el eje central del conocimiento, pero que en realidad lo que hace es desvirtuar su verdadero significado.

El pragmatismo subordina la verdad a la utilidad. Para esta corriente que invoca la realpolitik , algo es «verdadero» solo si funciona, si es eficaz o si produce éxito individual. El marxismo plantea todo lo contrario: la utilidad o el éxito de una acción es una consecuencia de haber alcanzado la verdad objetiva, no el fundamento de ella.

El pragmatismo reduce la práctica a una actividad estrecha, egoísta y acomodaticia, orientada al beneficio personal o al éxito inmediato dentro del sistema existente.

En cambio, la praxis transformadora y objetiva, a decir de Sánchez Vázquez, es la verdadera praxis, ya que es una actividad material, social y creadora. Su fin principal no es el éxito individual, la de un grupo, sino la transformación radical, consciente y revolucionaria de la realidad social.

Con la realpolitik asistimos a un reduccionismo extremo y a la pérdida del horizonte ético. El peligro del «burdo pragmatismo», es que la política y la filosofía caen con frecuencia en un pragmatismo ciego que justifica cualquier medio con tal de obtener un fin; además que es palpable su desprecio por la teoría: «Al priorizar la eficacia inmediata, el pragmatismo tiende a menospreciar la teoría social y la planeación a largo plazo, limitando las posibilidades de emancipación humana».

¡Pragmatismo chavista?

Al tiempo presente ha surgido en nuestro país una tesis denominada «Pragmatismo chavista» con la cual se está actuando, según los proponentes, bajo las condiciones de asedio y guerra multifactorial impuestas por parte de Donald Trump y su cámarilla de criminales invasores. La tesis antepone, prácticamente, el idealismo frente a la organización y la movilización del pueblo, ya que considera «que será la identidad histórica ideológica el principal elemento disuasivo, ante amenazas externas e internas». Teoría sin praxis. Simón Rodríguez afirmaba que la transformación de la sociedad la produce el movimiento. Organización y movilización.

La praxis política de Hugo Chávez se basó en la Doctrina Bolivariana: Soberanía, Independencia, Autodeterminación…
porque siempre estuvo consciente de que la praxis es la unión de la teoría y la acción práctica. Soberanía, Independencia, Autodeterminación,
no son una abstracción idealista, son el alma palpitante de una nación, de un pueblo. No basta con pensar o estudiar el mundo; el objetivo real es cambiarlo mediante una actividad consciente y colectiva. Teoría y Praxis son inseparables. Tenemos que estudiar colectivamente cómo es que vamos a salir de esta «pesadilla imperialista» que se instaló en nuestro territorio venezolano, en nuestras mentes.

Es verdad que el Comandante Chávez no fue un político dogmático; pero tampoco es menos cierto que él sí fue un hombre que siempre actuó dialécticamente. En las situaciones más apremiantes apelaba al pueblo: «Con el pueblo me resteo», y el pueblo se resteaba con Chavez; «escogimos la vía del socialismo», el socialismo es construcción basado en la teoría y la praxis; «somos antiimperialistas», pregonaba a los cuatro vientos. Sin la teoría leninista no se puede construir el socialismo. Hugo Chavez se dirigía a ese mismo pueblo en un lenguaje llano que todo el mundo comprendía; no había opacidad ante las masas organizadas a las que se dirigía con su verbo vehemente y encendido. Informaba oportuna y veraz mente. Chávez construía la verdad de su accionar político junto con el pueblo.

El pragmatismo es sospechoso, porque casi siempre deriva en rápidas carreras por las avenidas del oportunismo, por la falta de principios y porque se aleja de la ética o moral pública. Moral sin política y Política sin moral. Mucho de «El Príncipe» de Nicolás Maquiavelo, claro. En términos electorales el pragmatismo distancia a los votantes al ver que los políticos cambian de postura con facilidad por conveniencia. El que hacer político del Comandante Chávez estaba impregnado de la teoría revolucionaría. Concretaba lo que decía. Hablar de un ‘pragmatismo chavista’ no va bien en esta hora, porque sencillamente Chávez no fue un pragmático, ni un oportunista de la política. En su escritorio de Aló Presidente, siempre tenía allí consigo decena de libros abiertos, teoría con la que educaba al pueblo políticamente. ¿Qué en ocasiones extremas su compromiso con la realidad lo hacía actuar de acuerdo a las circunstancias colectivas? Sí, ya que implicaba para él «salvarlas», es decir, que dotaba de sentido a la Venezuela que compartía con los olvidados de la tierra, combatiendo activamente la injusticia, la mediocridad y la decadencia social a la que nos querían y nos siguen queriendo llevar los enemigos de la patria de Simón Bolívar… Chávez no operaba en el vacío intelectual, porque se señía por la historia venezolana, latinoamericana, por la sociedad en la estaba inmerso y la cultura de sus días. El «por ahora», no fue pragmatismo; el «no he renunciado, no fue pragmatismo; la convocatoria a referéndum revocatorio, no fue pragmatismo; fueron circunstancias que Hugo Chávez, asumió dialécticamente. «Yo y mi circunstancia», tal cual lo desarrolla magistralmente José Ortega y Gasett.

En conclusión: los proponentes del ‘pragmatismo chavista’ rechazan el ‘pragmatismo absoluto’, pero defienden un pragmatismo relativo… pan para hoy, hambre para mañana, ¿será..? Uno malo y otro bueno, y la barca viaja por el idealismo platónico…

¡Qué siga EL DEBATE!

OTRO SÍ
La política europea de principios del siglo XIX se puede definir como un enfrentamiento entre el absolutismo y el liberalismo surgido de la Revolución Francesa. Contra este predominio de factores ideológicos, de uno y otro signo, surge la Realpolitik (realismo político), término acuñado en 1853. Su inventor, el diplomático Ludwig von Rochau, quien estaba convencido de que la Revolución alemana de 1848 había fracasado por un idealismo excesivo. Se necesitaba, en su opinión, más atención a cuestiones prácticas.

Otto von Bismarck (1815-1898) se convertiría en el máximo exponente de esta forma de hacer política, dominada por el pragmatismo. La política, así concebida, es el arte de lo posible. Su finalidad consistía en aumentar el poder del Estado y dejar al margen cualquier tipo de consideración que no sirviera a este fin. Varios autores, sin embargo, han puesto en duda la supuesta infalibilidad del Canciller de Hierro como estratega político.

Imagen Ilustrativa:
Proclamación del Imperio alemán en la Galería de los espejos de Versalles. Bismarck aparece en el centro, vistiendo uniforme blanco. (Dominio público).

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus auto-res.@UnidadParlamentariaEuropa

#unidadparlamentaria#upr# Isrrael Sotillo


Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario