EL PERDÓN: PROGRESISTA Y FEMINISTA



No existe nada más revolucionario que perdonar a tus enemigos. Lo contrario, el ir a degüello con los contrincantes, por mucho daño que nos hayan causado, solo produce destrucción y desventajas, y no solo en teoría, sino en la práctica más operativa que nos podamos plantear.

Cuando yo perdono, por ejemplo, los sucesos de la Guerra Civil española, entre 1936 y 1939, los cuales produjeron uno de los bajones socio económicos de mayor depresión, durante la posguerra, estoy haciendo un ejercicio de patriotismo sin igual, es decir, de amor hacia el resto de los ciudadanos españoles, al tiempo que genero una determinante capacidad de humanidad y de humanismo, que, a la postre, va a servir para impulsar construcción y concordia sociales.

Perdonar y olvidar, es una actitud de descarga de factores que influyen en los trastornos mentales, porque le quito la enorme tensión a mi cerebro y a mi conciencia, del odio y del rencor. El relax de saber que, perdonando a mi hermano o a mi compatriota, consigo provocar la paz, al ser perdonado, a su vez, por él, representa la desaparición de una carga que incide directamente sobre la calidad de vida, a nivel personal y social.

El perdón es, definitivamente, constructivo, socialmente hablando, y una de las actitudes más sanas que pueden caber, desde el punto de vista mental.

Por otro lado, el perdón, y la consiguiente reconciliación, es una de las mayores virtudes de la feminidad, a nivel potencial, claro, porque todo lo femenino son virtudes humanas potenciales, que debemos explotar como parte de la dignidad de la mujer, la cual, respetándola y trabajando por su incremento, conseguimos construir una sociedad más humana y justa, desde los puntos de vista de la compasión entre personas, y de lo equitativo e igualitario.

Me imagino a una madre siempre dando lo mejor de sí misma a sus hijos, lo mismo que un padre, cada uno dentro de su correspondiente dimensión familiar. Esto, traducido a lo social, es la actitud que consigue crecimiento y concordia, cuando damos lo mejor de nosotros mismos a los demás.

No me imagino a ningún padre o madre, dando una piedra a sus hijos, en lugar de pan, o una víbora, en lugar de buena educación y civismo.

Por tanto, cuando fomentamos el perdón y la reconciliación, vamos a conseguir una sociedad donde cunda el amor entre todos, siendo las sociedades bien avenidas y donde existe capacidad para arreglar conflictos, las sociedades que ganan en fuerza y en desarrollo beneficioso de todo tipo.

FRAN AUDIJE


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