Película Videodrome; La pantalla como sistema nervioso

SM Rico

En el paisaje cinematográfico de los años ochenta, pocos creadores lograron anticipar las mutaciones de la cultura mediática con la precisión de David Cronenberg. Lejos de envejecer como una curiosidad perdida de la serie B, Videodrome (1983) continúa hoy como una señal fundamental que dialoga de forma directa con el pensamiento de teóricos de la comunicación como Marshall McLuhan y con las ansiedades contemporáneas en torno a la hiperconectividad y un medio que nos consume y nos convierte en una herramienta de sus propósitos.

La cinta sigue a Max Renn (James Woods), director de una cadena UHF de baja categoría obsesionado con encontrar contenidos transgresores que sacudan a su público. Al interceptar una señal clandestina de transmisiones snuff llamada Videodrome, Max se adentra en un espiral donde la distinción entre la alucinación y la realidad colapsa por completo. Lejos de ser un mero producto de entretenimiento, la señal actúa como un agente patógeno que reconfigura el sistema nervioso del espectador.

Cronenberg utiliza el body horror no como un recurso efectista gratuito, sino como un vocabulario conceptual para materializar las premisas de McLuhan: los medios electrónicos no son meros vehículos neutrales de información, sino extensiones físicas y neurológicas del cuerpo humano.

El principio más famoso de McLuhan establece que la forma en que consumimos un medio altera nuestra percepción y comportamiento de forma más profunda que el contenido específico que transmite.

En la trama de Videodrome, este concepto adquiere una dimensión física, pues a Max Renn no le afecta únicamente lo que ve en la señal clandestina (violencia o porno extremo). Lo que destruye y reprograma su cerebro es la propia señal electromagnética. La tecnología actúa como un virus que altera el tejido cerebral generando un tumor alucinógeno. El contenido es el señuelo; el medio es la mutación.

La cinta nos presenta diferentes simbolismos, a la vez grotescos, pero también muy descriptivos de las consecuencias de la reprogramación en Max:

La ranura abdominal y el casete: La transformación biológica de Max —que abre una cavidad orgánica en su abdomen capaz de absorber cintas de video— simboliza la incorporación literal del medio. El sujeto deja de interactuar con la tecnología para convertirse en su soporte físico, un reproductor viviente programado por la señal.

El televisor pulsional: La pantalla que palpita y adquiere textura de piel revela la erotización y el sadomasoquismo latentes en nuestra relación con los dispositivos. El aparato deja de ser una ventana para transformarse en un órgano invasivo que coloniza la subjetividad.

La pistola biomecánica: La fusión entre la mano de Max y el arma de fuego expone la pérdida radical de la forma humana. El individuo se reduce a un apéndice automatizado, un ejecutor de una directriz tecnológica externa.

Brian O’Blivion y la desmaterialización: Inspirado directamente en la figura de McLuhan, O’Blivion abandona la existencia física porque «es mejor vivir en televisión que morir en la carne». Anticipa así la actual cultura del simulacro, donde la identidad digital o virtual adquiere un estatus ontológico superior al de la propia corporalidad.

Al final y después de tantos años, la genialidad perturbadora de Videodrome radica en su profunda ambigüedad política y existencial. Mientras que el lema «¡Larga vida a la nueva carne!» se presenta inicialmente dentro de la trama como un grito de emancipación frente al control institucional y los límites de la biología material, la película opera en realidad como una trampa ideológica.

Max Renn no está protagonizando una revolución contracultural ni alcanzando una forma superior de libertad; está siendo instrumentalizado por corporaciones tecnocráticas que utilizan su deseo de transgresión para programarlo y destruirlo. Cronenberg evita ofrecernos una moraleja reconfortante o un refugio nostálgico en la «naturaleza» pretecnológica.

En su lugar, nos deja una advertencia mucho más incómoda: En nuestra sociedad hipermedia, el anhelo de escapar del control a través de la propia tecnología suele ser el mecanismo perfecto para consumar nuestra propia cancelación. Videodrome no profetizó simplemente las pantallas táctiles o el flujo de datos actual; anticipó nuestra pasiva y gozosa complicidad en la colonización de nuestra propia conciencia.

Trailer

Ficha técnica

Título original: Videodrome

Año: 1983

Director: David Cronenberg

Guionista: David Cronenberg

Reparto principal: James Woods (como Max Renn), Debbie Harry (como Nicki Brand), Sonja Smits (como Bianca O’Blivion), Peter Dvorsky (como Harlan), Leslie Carlson (como Barry Convex), Jack Creley (como Brian O’Blivion)

Género: Ciencia ficción, Terror corporal (Body Horror), Psicológico, Misterio, Thriller

Distribuidora: Universal Pictures

Duración: 89 minutos

Productora: Canadian Film Development Corporation (CFDC), Famous Players, Filmplan International

Productor: Claude Héroux

Música original: Howard Shore

Fotografía: Mark Irwin

Montaje: Carol Littleton (como Carol Littleton-Kauffman)

Diseño de producción: Carol Spier

Efectos especiales y Maquillaje: Rick Baker (Maquillaje de efectos especiales), Michael Lennick (Efectos ópticos)

Premios destacados    1983: Festival de Cine de Sitges – Mejor director (David Cronenberg) / 1984: Premios Genie (Canadá) – Mejor director (David Cronenberg), Mejor Maquillaje (Rick Baker, James D. Brown)

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria

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