Recuerdo unas declaraciones del actual presidente español, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, en las que, más o menos, venía a reeditar la primera y más antigua ley que existe: la Ley del Talión. Vino a decir que, muchos que habían disfrutado de la vida, serían relevados por otros que habían estado padeciendo, y que se invertirían las tornas.
Eran aquellos años, no hace tantos, en los que Pedro Sánchez, había pactado con Pablo Iglesias, líder de Podemos, viéndose obligado a asumir gran parte de su discurso de venganza.
El Gobierno sanchista fue evolucionando, y parece que también ejercía la doctrina de aquel Alfonso Guerra, joven, que llegara junto a Felipe González a presidir el Gobierno de España, pronunciando la vieja melopea de que, «A España no la va a conocer ni la madre que la parió».
Pero, Alfonso Guerra, el joven, pronunció otra frase lapidaria, como fuera: «Quien se mueva no sale en la foto».
El primer verso de Guerra, no cabe duda que se ha cumplido, porque España ha cambiado de tal manera, que, de ser un país sólido y ejemplar, ha pasado a la ruina, y a estar apuntalado por peligro de derrumbe.
El segundo verso es bastante doloroso, porque, aún bajo el enigma de su hechizo, hemos ido descubriendo el significado real que entraña: que aquella libertad tan cacareada desde la izquierda política, no era otra que la libertad para que ellos nos pudieran despojar de derechos y de libertad, como venimos comprobando aceleradamente en los últimos años de Gobierno de Pedro Sánchez.
No es que la derecha nos haya gobernado espléndidamente, pero logró colocar ciertos activos en los ministerios, que algo más hicieron por España, que rascarnos los bolsillos a los españoles, para, posteriormente, bañarse en una corrupción chabacana y grosera.
Me parece que, como españoles, debemos querer y amar a nuestra pobre nación, zarandeada por el huracán tan duro de la corrupción y del señoritismo de unos políticos, a un lado y a otro, con escaso talante demócrata, y demasiado poco escrúpulo para robar, de diversas maneras, violar derechos fundamentales a su antojo, y cuántas más fechorías que habrán logrado ser ocultadas.
Por eso mismo, amar a tu país significa que te importa lo que te ocurre a ti, tanto como lo que les ocurre a los demás. Esta es la definición de la necesaria solidaridad nacional, de cuya precariedad padecemos preocupantemente en España.
Nunca deberíamos conformarnos con el «más de lo mismo». Debemos ser exigentes con los partidos políticos, pidiendo cargos verdaderamente preparados para su función, y con una contrastada competencia gestora.
Que en lugar de robar, violar, etc, se dediquen a poner en marcha España. Porque, como amantes de España, merecemos prosperar sin excepciones ni marginaciones. Para que sea posible reconocer que este es un gran país, avanzando en el Occidente desarrollado como una nación moderna y competente, donde sea posible la convivencia, y sea posible vivir un futuro de realización personal de todos y cada uno los españoles de buena voluntad.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook
Madrid, España, 7 de noviembre del 2026
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