Inteligencia artificial y soberanía tecnológica en México: el desafío de construir capacidades propias

Por Bernardo Méndez Lugo

Fotografía Facebook

Ciudad de México 6 de noviembre del 2026

La inteligencia artificial (IA) está transformando la economía, la seguridad, el trabajo y las relaciones internacionales. Para México, esta revolución representa una oportunidad histórica, pero también un desafío de soberanía tecnológica.

No basta con adoptar herramientas desarrolladas por Estados Unidos, China o Europa. Necesitamos construir capacidades nacionales para desarrollar, adaptar, regular y aprovechar estas tecnologías de acuerdo con nuestros intereses económicos y estratégicos.

La soberanía tecnológica no significa aislamiento ni autosuficiencia absoluta. Significa tener capacidad de decisión, reducir dependencias críticas y evitar que el acceso a tecnologías esenciales quede sujeto exclusivamente a intereses de empresas o gobiernos extranjeros.

En el siglo XXI, los datos, los algoritmos, los semiconductores, los centros de datos y la infraestructura de telecomunicaciones constituyen activos estratégicos, comparables en importancia con la energía y las materias primas.

Los recientes avances anunciados por OpenAI ilustran la velocidad de esta transformación. Los nuevos modelos especializados en ciberseguridad muestran que la IA puede fortalecer la defensa informática, pero también facilitar ataques, espionaje y robo de información.

México necesita proteger sus instituciones, sistema financiero, telecomunicaciones e infraestructura crítica. Depender exclusivamente de soluciones extranjeras para garantizar nuestra seguridad digital representa una vulnerabilidad estratégica.

La soberanía también tiene una dimensión económica. El boletín The Deep View, del 6 de noviembre de 2026, recoge un diagnóstico de Deloitte: aunque 81% de las empresas encuestadas internacionalmente utiliza IA para acelerar decisiones, solamente 25% considera que esta tecnología ha transformado significativamente sus negocios. Incorporar herramientas no equivale a transformar procesos productivos ni a generar mayor valor agregado.

México debe evitar convertirse únicamente en mercado consumidor de plataformas extranjeras. Es indispensable impulsar empresas nacionales de tecnología, investigación universitaria, desarrollo de modelos especializados y aplicaciones de inteligencia artificial para sectores estratégicos como manufactura, agricultura, salud, energía, educación y logística.

La integración económica con Estados Unidos y Canadá, mediante el T-MEC, ofrece oportunidades para participar en cadenas regionales de innovación, semiconductores, centros de datos y servicios tecnológicos.

Sin embargo, esta integración debe fortalecer nuestras capacidades productivas y científicas, no profundizar dependencias. México necesita diversificar alianzas tecnológicas con Europa y Asia y negociar desde una posición de mayor capacidad propia.

Otro componente fundamental es la infraestructura. Los centros de datos, la computación avanzada y los servicios en la nube requieren electricidad, agua, conectividad y seguridad.

México debe desarrollar infraestructura digital con planeación energética responsable, protección ambiental y participación de empresas e instituciones nacionales. También debe discutir cómo proteger los datos estratégicos de ciudadanos, empresas y organismos públicos.

La educación y la investigación son esenciales para esta agenda. Necesitamos formar ingenieros, programadores, especialistas en datos e investigadores, fortalecer universidades públicas y financiar centros nacionales de innovación.

Sin talento científico propio, México difícilmente podrá competir o negociar en condiciones favorables dentro de la nueva economía digital.

Propongo impulsar una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial y Soberanía Tecnológica 2030, con participación del gobierno, universidades, sector privado y sociedad civil.

Sus prioridades deben ser desarrollar talento e investigación; apoyar a pequeñas y medianas empresas; fortalecer infraestructura de cómputo y telecomunicaciones; proteger datos y sistemas estratégicos; impulsar empresas tecnológicas mexicanas y establecer una regulación que garantice transparencia, derechos y seguridad.

Esta estrategia debe contar con presupuesto multianual, metas verificables y coordinación institucional. La cooperación internacional será indispensable, pero debe realizarse desde una posición de autonomía y diversificación tecnológica.

La verdadera disyuntiva para México no es aceptar o rechazar la inteligencia artificial. Es decidir si participaremos en su desarrollo o permaneceremos subordinados a quienes controlan sus componentes esenciales.

La soberanía del futuro también será digital. México necesita pasar de ser usuario de tecnologías ajenas a convertirse en desarrollador, socio estratégico y protagonista de la revolución de la inteligencia artificial.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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