De cuando visité como médico a Aldo Gutiérrez, la primera víctima entre normalistas de Ayotzinapa, la noche de Iguala

Por Rodolfo Ondarza*
Ciudad de México 26 de septiembre del 2026

Siempre defendí a México y a su gente, mi pueblo, contra las reformas estructurales neoliberales, incluyendo la educativa.
Mi madre fue maestra normalista, formándose también en la Universidad Pedagógica Nacional. Enseñaba Historia de México. Conozco así de las luchas magisteriales y de los enormes esfuerzos y carencias de los maestros.

Esa es una de las muchas razones por las cuales decidí ir a apoyar al magisterio en su plantón en el zócalo cuando fui diputado por el PT, presidente de la Comisión de Salud de la ALDF, en el sexenio de Peña Nieto. Lugar en donde fuimos golpeados, amenazados y secuestrados por la policía federal.
Al haber sido mi madre maestra, quien en sus inicios trabajó en el área rural de la Ciudad de México, y dadas las características de nuestro país, siempre me llamó la atención el modelo educativo de las normales rurales. En lo personal he tenido la oportunidad de conocer informalmente el plantel de Tiripetío, Michoacán, y constatar su importancia y las lamentables y denigrantes condiciones en las que funcionan.

Son esas algunas de las muchas razones por las que me parece inaceptable que quienes defendieron a ultranza las llamadas reformas estructurales traicionando a la Patria sea exonerados de sus culpas, siendo bienvenidos a puestos estratégicos de gobierno o legislativos de la izquierda mexicana.

Hace más de un año fui comisionado por las autoridades directivas del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Manuel Velasco Suárez” (INNN) para realizar una valoración neurológica de control al C. Aldo Gutiérrez Solano, paciente de dicho Instituto y primera víctima de los heridos y asesinados de las víctimas de Ayotzinapa. Siendo “seleccionado” entre todos los especialistas del INNN “por mis intereses sociales” a decir de la directiva.

Partimos una comitiva desde el Instituto Nacional de Rehabilitación constituida por un nutriólogo y un fisioterapeuta de dicho Instituto y una representante del Centro de Derechos Humanos Pro (Centro ProDDHH), en una camioneta blanca sin logos, conducida por un chofer de la institución rumbo a un hotel en Chilpancingo de los Bravo, Guerrero, donde pernoctamos para salir por la mañana siguiente a Ayutla de los Libres, en otra camioneta blanca, sin logos, de la Secretaría de Salud estatal.

La carretera Chilpancingo-Ayutla es angosta y sinuosa, serpenteando en su recorrido las laderas de las montañas, desde donde se alcanzan a ver paisajes bellos e impresionantes, valles y ríos, atravesando en su ruta diversas poblaciones. Un viaje de unas 2 horas y media, para recorrer unos 80 kilómetros.
En la travesía platiqué con el chofer sobre la diversa flora y fauna de la zona, abundante en otros tiempos. Pendiente de la advertencia de uno de mis compañeros de viaje: “No te sorprendas, encontraremos seguramente grupos armados en la carretera”.

Por este motivo solicité al servicio de seguridad de RCU que provee atención, por medio de un “botón de pánico” a quienes somos beneficiarios del Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, dependiente de Gobernación, que rastreara en todo momento nuestra localización verificando nuestra integridad física.

Soy beneficiario de dicho Mecanismo a partir de la tentativa de homicidio en mi contra por denunciar tortura médica durante experimentación ilegal, crimen de lesa humanidad, contra 474 pacientes con hidrocefalia en el INNN. Caso admitido en 2022 por la CIDH y de donde resultó un expediente del Órgano Interno de Control en el INNN, que nos da la razón, encontrando como responsable al aún impune ex director Julio Everardo Sotelo Morales.

Aldo se encuentra en la población de Ayutla de los Libres (“lugar donde abundan las tortugas” en náhuatl), Costa Chica, Guerrero, entre la montaña y el mar; cabecera municipal interconectada con poblaciones de la región de la Montaña, sin salida al mar, es uno de los 85 municipios que conforman el estado de Guerrero.

Ayutla de los Libres es una población histórica en varios sentidos. La columna representa al Plan de Ayutla, promulgado el primero de marzo de 1854 que da inicio a la Revolución del mismo nombre, para derrocar a la tiranía encabezada por don Antonio López de Santa Anna.

México cuenta con 262 Escuelas Normales públicas y 178 privadas.
En nuestro país han sobrevivido al neoliberalismo 15 escuelas normales rurales, una escuela normal indígena y un centro regional de educación normal. Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) cerró más de la mitad de las normales rurales existentes en 1968 (15  de 29 planteles, en cada entidad federativa llegó a existir una) y el neoliberalismo casi aniquila a las restantes.

Sus estudiantes provienen de los sectores campesino y proletario de bajos recursos, quienes dirigen un autogobierno institucional, siendo admitidos los alumnos de grupos vulnerables de acuerdo con el Comité Estudiantil de cada normal, aún cuando en el aspecto académico es donde mayor intervención tienen lógicamente las autoridades; cuentan con un sistema de internado, comedor y becas, es decir cuentan con importantes espacios de convivencia, organización y defensa de estas escuelas, por lo que el estudiantado ha rechazado terminantemente su desaparición.

Para llegar de Ayutla de los Libres a Ayotzinapa es necesario recorrer unos 75 kilómetros. En Ayotzinapa se encuentra la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos, la única del estado de Guerrero. Esta normal fue fundada el 2 de Marzo de 1926 en el municipio de Tixtla.
Con casi un siglo de servicio posee una historia larga, y controversial, que incluyen los intentos que ha habido por cerrarla, criminalizando a sus estudiantes, como lo han hecho con los alumnos del resto de las estas escuelas.

Esta Normal Rural ha visto el surgimiento de figuras como Lucio Cabañas, Genaro Vásquez y de muchas generaciones de jóvenes educados para resistir y luchar por la justicia social.

Aldo Gutiérrez Solano era un joven atlético, futbolista, gustaba de la música y de ser solidario con familiares, amigos y vecinos, a decir de sus hermanos.

Aldo fue el 10º de 14 hermanos, y el segundo en tener acceso a una educación Formal. Tenía unas escasas semanas de haber ingresado a la  Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos en Ayotzinapa. Deseaba superarse y por ello eligió ser un maestro.

Aldo Gutiérrez Solano tenía 19 años cuando el 26 de septiembre de 2014 sufrió una herida por arma de fuego con una bala calibre 223 que le atravesó el cerebro. Tuvo que pasar más de una hora para que fuera retirado del sitio en donde fue acribillado pon una alarma de procedencia alemana dado que sus compañeros recibían fuego de la policía municipal de iguala, Guerrero. Bala Salida de un cañón De un arma prohibida por el gobierno alemán para ser usada en cuatro estados de la República mexicana, entre otros Guerrero.

Aldo fue trasladado al hospital regional, en donde de acuerdo a sus familiares no recibió atención médica por más de 10 horas.

Posteriormente fue llevado al INNN en donde permaneció en estado de coma, para después permanecer en estado vegetativo, en el que lamentablemente persiste, para posteriormente ser hospitalizado en el Instituto Nacional de Rehabilitación.

Finalmente Aldo fue trasladado en helicóptero a su tierra natal, con su familia campesina, en el poblado Ayutla de los Libres. Ahí Aldo recibe atención por personal de salud diariamente, y cada cierto tiempo recibe la visita física o virtual de personal de salud de los dos institutos nacionales de los que es paciente.

México necesita mexicanos conscientes de sus raíces y de su historia, congruentes, con memoria, conocedores de su región, pero también del acontecer nacional y mundial, independientes y libres.

Aldo, normalista de Ayotzinapa, no se contabiliza como uno de sus 43 compañeros desaparecidos porque sabemos dónde y cómo está, de hecho casi ha sido olvidado por muchos.
Recibió a sus escasos 19 años un tiro que le perforó el cráneo y destrozó su cerebro.

Se encuentra en un estado que no es de vida ni de muerte, o quizás de muerte en vida, un estado vegetativo que  por casi una década alberga el espíritu de sus 43 compañeros desaparecidos, de la juventud abandonada, de la marginación, desigualdad y de la injusticia social.

Su cuerpo postrado nos ha recordado por casi 10 años a un pueblo agobiado por la violencia, nos recuerda la terrible impunidad, la carencia de verdad y de justicia, la libertad coartada.
Nos recuerda el espíritu de lucha y la gran importancia que tiene el magisterio para el desarrollo personal y nacional.

De todo ello nos habla Aldo sin decir una palabra, como también nos habla de su amor por la vida y nos pide que reconozcamos su valor.

Es por ello que debemos tener memoria histórica para defender a la Patria de aquellos que cobardemente la han traicionado.

No podemos permitir que quienes saquearon a México y a su pueblo tengan cabida en la decisión de su destino por un pragmatismo político incoherente y mal entendido.

DR. RODOLFO ONDARZA, neurocirujano, neurocientífico, defensor de derechos humanos, periodista, conferencista internacional.

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