El diputado 501.Trump: ¿trastornos de síndrome reelección?


Antonio TENORIO ADAME
La Presidenta de México señaló que “las elecciones de Estados Unidos, reflejan un sentimiento del pueblo”.
Las minorías sustentan el derecho de la crítica.
Las pasadas elecciones intermedias de los Estados Unidos dieron diversas sorpresas al recuperarse la nación del agobiante derroche de dinero y transferir candidaturas despreciables y criminales de republicanos a nuevos relevos demócratas, como ocurrió en Texas y California, y el arribo al Congreso más de sesenta legisladores hispanos, son prueba de un triunfo antirracista.
Persiste la, sin embargo, idea de que la jornada electoral mostró que la democracia de Estados Unidos no está en venta, sin llegar a significar que el poder imperial doblegue sus ambiciones de dominación neo-colonial.
Quizás uno de los mejores resultados fue la caída del anhelado deseo de reelección que el presidente Trump guarda en lo profundo de su corazón; no obstante, la enmienda 20 lo prohíbe.
El presidente Trump no fue reelegido de modo consecutivo, de tal suerte se le considera Presidente 45 y 47, dos mandatos no consecutivos a la manera de Grover Cleveland; (1885|/9 y 1893/7).
El temor que imponía su reelección -cierta o no- deriva de su extravagante ambición de poder sin importar el costo.
Como lo ha mostrado con un exacerbado autoritarismo en ocasiones rebasando la división de poderes. 
Entre los riesgos mortales de sus tendencias sobresale su inclinación por impulsar la guerra, Israel vs Palestina, la captura-secuestro de Nicolas Maduro, presidente de Venezuela; el endurecimiento del embargo energético a Cuba, las amenazas a México de invasión militar para capturar a criminales de fentanilo y los ataques a Irán para la conversión de su sistema político.
Es importante subrayar la trascendencia del imperio en su manejo de la guerra como pilar de su estructura de dominio. Se trata de un principio básico; con frecuencia la característica de es que, son los presidentes reelectos los que acuden a la guerra no solo por ser necesaria a las fuerzas imperiales, sino porque fue usado como un medio de poder que les permitió pasar de presidentes sustitutos a presidentes electos conforme la constitución.
La posibilidad de Trump por intentar la reelección es ahora casi imposible, al llegar el momento de enfrentar responsabilidades hasta el extremo de ser presunto candidato al “impeachment”.

En la historia de los Estados Unidos, un total de 22 presidentes han logrado ser reelectos con distintos tipos en la posición del Ejecutivo, uno es el sentido de continuidad en la que inciden 20 de los mandatarios, mientras que dos registraron su reelección de manera interrumpida, tanto Grover Cleveland durante el periodo 1885/89 y 1893/97; como Donald Trump vio quebrado su anhelo de reelegirse después de su primer mandato al perder la elección en 2020.
Adicionalmente, Franklin Delano Roosevelt destaca de forma única en los registros históricos al ser el único elegido para el puesto en cuatro ocasiones distintas antes de que se ratificara formalmente el límite constitucional moderno de solo dos periodos.
Los Presidentes que lograron la reelección continua son: 20.
George Washington (1789–1797); Thomas Jefferson (1801–1809); James Madison (1809–1817); James Monroe (1817–1825); Andrew Jackson (1829–1837); Abraham Lincoln (1861–1865); Ulysses S. Grant (1869–1877); William McKinley (1897–1901); Woodrow Wilson (1913–1921); Franklin D. Roosevelt (1933–1945); Dwight D. Eisenhower (1953–1961); Richard Nixon (1969–1974); Ronald Reagan (1981–1989); Bill Clinton (1993–2001); George W. Bush (2001–2009); Barack Obama (2009–2017)
Los mandatarios Theodore Roosevelt, Calvin Coolidge, Harry S. Truman y Lyndon B. Johnson asumieron inicialmente por la muerte o renuncia del Presidente titular y posteriormente ganaron una única reelección en las urnas por derecho propio).
Cabe señalar que ya convertidos en Presidentes sustitutos su empeño fue reelegirse para alcanzar el grado de Presidentes electos constitucionalmente, en cuanto a la vía para obtener el poder necesario para ganar la elección fue la ruta de la guerra. Algunos datos de su perfil:
Theodore Roosevelt intervino en la guerra de independencia de Cuba contra España, promovió el Canal de Panamá fragmentando Colombia, desplazó a España de Filipinas, declaró el Corolario de Roosevelt para legitimar sus conquistas con el dominio del Caribe.
Calvin Coolidge concluyó la obra de T. Roosevelt al sembrar en el Caribe y Filipinas las dictaduras más feroces y criminales para ampliar y asegurar el dominio de la United Fruit Co.
Harry S. Truman sustituyó a Franklin D. Roosevelt, pero en vez de continuar la Política de Buena Vecindad de su antecesor, lanzó la Bomba atómica en Japón; fue un crimen de lesa humanidad.
Lyndon B Johnson abrió el fuego en los astilleros del Golfo de Kin Toki para imponer la guerra de Vietnam, una catástrofe de la que el “Gigante” salió derrotado.
En resumen, la tendencia general de los Presidentes sustitutos es buscar la reelección por vía de la guerra.
Por otra parte, surge la inquietud de examinar el carácter de Donald Trump desde las entrañas del sistema político estadunidense, que se supone un régimen blindado para evitar el acceso a la Presidencia individuos de alto riesgo a la seguridad nacional.
Entre esos filtros se distinguen:
El sistema electoral de reconocida antigüedad cuya base es el Consejo Electoral con poderes de aplicar una votación indirecta;
2: El cargo de la Vice presidencia, donde se fraguan los aspirantes a las candidaturas presidenciales.
3: Mientras estas dos variables apuntan a proteger la seguridad nacional, la reelección presidencial es un mecanismo que afianza el desempeño mostrado en el ejercicio de las decisiones de poder.
La hipótesis se finca en el comportamiento de los Presidentes reelectos que arriban al cargo sin pasar por una elección previa, sino al brincar desde la Vicepresidencia por falta grave del Presidente sea por causa de fallecimiento o de separación del cargo. 
Cabe advertir el caso Trump es ya que él no proviene de cubrir una Vicepresidencia, sino es un comportamiento inédito, por lo que examinar con lo ocurrido en la vía no electoral a la Presidencia se refleja como una satisfacción incompleta; pasó de la reelección derrotada a la Presidencia envenenada con mayor vigor de destrucción bélica.
Los cuatro Vicepresidentes aquí destacados que asumieron al cargo presidencial y después fueron reelectos ejercieron un poder duro, llevaron a las fuerzas militares a la guerra, promovieron intervenciones armadas, o la desestabilización de gobiernos, así como crímenes de Jefes de gobierno e incluso las masacres al extremo de lanzar la destrucción nuclear sobre población civil, como ocurrió en Hiroshima y Nagasaki 1945. 
Para su promulgación constitucional.
La guerra de los cárteles se encuentra en situación de “armisticio”; cada bando conserva sus posiciones, las extradiciones se congelan y las amenazas de invasión se traducen en cambios burocráticos en las Agencias de E.U.
Esta guerra que emprende Trump no mantiene la geoestrategia de sus antecesores, donde, mientras el Pentágono guerreaba en el mundo, en México se le brindaba un trato cordial y de cooperación.
Esto significaba cerrar las pintas de la seguridad en la retaguardia espacial. De ahí la “Política de Buena vecindad”, o la “Alianza para El Progreso, entre tantas otras.
Pero la Guerra de Trump es otra, al dar trato de virtual enemigo a México.
No somos ni socios, ni vecinos, ni primos, ¿qué somos entonces, ¿enemigos potenciales?


Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta