Por Bernardo Méndez Lugo
La poesía mexicana tiene muchas maneras de acercarse a sus lectores: a través de la experimentación con el lenguaje, la memoria íntima, la reflexión sobre el mundo y la búsqueda de lo sagrado.
En mi experiencia, también tiene una dimensión profundamente humana: la posibilidad de conocer a sus autoras, escucharlas leer sus poemas y descubrir, en esos encuentros, distintas formas de entender la literatura y la vida.
Mis encuentros con Karen Villeda, Fidelia Caballero, Verónica Volkow y Elsa Cross pertenecen a momentos y espacios diferentes, pero comparten algo esencial: el interés por una poesía que no se limita a las páginas de un libro, sino que cobra vida en la voz de quien la escribe.
Conocí a Karen Villeda en Chicago, durante un encuentro en la Poetry Foundation, institución de referencia para la difusión de la poesía.
Fue una oportunidad para acercarme a una escritora de una generación que explora nuevas posibilidades expresivas y dialoga con las transformaciones culturales de nuestro tiempo.
Su trabajo permite reconocer una poesía abierta a la experimentación, en la que las formas narrativas, la tecnología y las inquietudes contemporáneas pueden convertirse en materia literaria.
A Fidelia Caballero tuve oportunidad de tratarla con frecuencia en la Ciudad de México. La cercanía de esos encuentros me permitió apreciar otra dimensión de la vida literaria: la conversación, el intercambio de ideas y la convivencia que hacen posible que la poesía forme parte de una comunidad cultural.
En una ciudad tan diversa y extensa como la capital mexicana, estos espacios de encuentro entre escritores y lectores contribuyen a mantener viva una tradición que se renueva continuamente.
Verónica Volkow me recibió poéticamente en Coyoacán, donde tuve la oportunidad de asistir a una lectura suya. Escucharla en ese entorno, tan estrechamente ligado a la historia cultural de México, fue una experiencia que me permitió apreciar la relación entre la palabra, la memoria y el espacio.
Su trayectoria como poeta, ensayista y traductora, así como su formación literaria y filosófica, se reflejan en una escritura que explora la identidad, el tiempo y la experiencia humana. Entre sus obras se encuentran La sibila de Cumas, Litoral de tinta y Oro del viento.
Mi encuentro con Elsa Cross ocurrió en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, durante una lectura de sus poemas. Para mí, ese momento tuvo un significado especial por mi propia historia como académico y por el papel que la UAM ha desempeñado en la vida intelectual mexicana.
Elsa Cross es una poeta de amplia trayectoria, cuya obra dialoga con la filosofía, los mitos, las tradiciones espirituales y las culturas de Oriente.
Su poesía, sin embargo, no se reduce a una búsqueda intelectual: también convoca la sensibilidad, la contemplación y la experiencia cotidiana.
Libros como Canto malabar, Bacantes y Nadir dan cuenta de la amplitud de su universo literario.
Hay algo que me parece particularmente valioso en estos cuatro encuentros: la diversidad de caminos que puede recorrer la poesía escrita por mujeres en México.
Karen Villeda explora posibilidades expresivas contemporáneas, incluida la poesía digital; Fidelia Caballero forma parte de mis recuerdos de convivencia y conversación en la capital; Verónica Volkow me acercó a una voz en la que se encuentran la memoria y la reflexión; y Elsa Cross representa una obra de largo aliento, abierta al diálogo entre culturas y tradiciones.
No pretendo establecer comparaciones ni jerarquías entre sus propuestas. Cada una tiene su propia voz, sus búsquedas y sus lectores.
Lo que las reúne en este ensayo es, sobre todo, mi experiencia personal de haber coincidido con ellas en distintos momentos de mi vida y en espacios culturales tan diferentes como Chicago, la Ciudad de México, Coyoacán y la UAM Xochimilco.
En tiempos en que la conversación pública suele privilegiar la inmediatez, la poesía nos recuerda la importancia de detenernos, escuchar y reflexionar. Una lectura en voz alta puede convertirse en un encuentro memorable; una conversación puede despertar el interés por una obra; y el recuerdo de una poeta puede acompañarnos mucho después de haber terminado el recital.
Estas cuatro escritoras me permiten celebrar la riqueza de la poesía mexicana y reconocer la importancia de sus espacios de difusión: las universidades, las instituciones culturales, las fundaciones y, sobre todo, los encuentros entre quienes escriben y quienes leen. Porque la poesía no solo se publica: también se comparte, se escucha y se convierte en memoria.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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