Diputado 501. Fidel: El ser histórico


Antonio TENORIO ADAME
El nombre de Fidel Castro Ruz resuena con vigor al cumplirse el Centenario de su nacimiento.
Aún es un personaje muy versátil y controvertido; su percepción llega a la antítesis, ya que para unos es un dictador para otros es un libertador; es todo, menos ignorar su existencia a pesar de muerto.
Una de sus facetas resalta, entre los aspectos que lo hacen trascender, como un hombre del nuevo siglo; más allá de su aureola de héroe, o hombre de leyenda de valor inaudito, o su casaca de militar es, sin duda, su comprensión de la historia; de ahí hay que entender por qué transciende como un ser histórico.
El primer destello que se percibe en ese concepto es el relativo a la autodefensa que hace ante un tribunal militar que lo juzga por el ataque realizado al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, cuyo título es: “La historia me absolverá”.
El valor de la historia para Fidel fue la compresión de la formación de las naciones bajo el esquema de la movilidad de la mano de obra; ésa fue ocupación de América como el desplazamiento de migraciones forzadas que se dieron producto de las innovaciones de producción agrícola, a través de las plantaciones, lo que dio lugar al comercio de esclavos procedentes de África hacia el Nuevo Continente.
Entre las sentencias más apropiadas en la celebración del Centenario de su nacimiento se recuerda aquella pregunta que hiciera un reportero al comandante Castro, en el siguiente tenor:
-¿Si volviera a nacer, en ese supuesto, cuáles serían las cosas importantes de su vida?.
Respuesta:
– “Si volviera a nacer, haría lo mismo, pero mejor”.

Como se aprecia, sin evadir ni disfrazar la respuesta, que en sí es un supuesto irreal, se aprovecha para destacar el valor de la experiencia; queda, además de la certeza de lo vivido como asumido y aprobado, una vida sin retrocesos ni devaneos.
Fidel era una oferta mayor para toda la prensa; asediado por tiros y troyanos, era buscado de manera permanente para una declaración, evaluada siempre de primera plana.
Entre los periodistas que lo frecuentaba con cierta periodicidad era don Julio Scherer, quien mantenía guardia permanente en la oportunidad de solicitar la entrevista deseada, después de una espera ya planeada, se encontró con el Comandante, y la primera pregunta fue la causa de una relativa dificultad de entrevistarlo.
-Respuesta de Fidel:
“Para Ustedes, los periodistas cualquier tiempo es bueno para preguntar.
Para nosotros, la política no todos los momentos son oportunos para opinar”.
Tal cual, para Fidel en la política como en la música, el silencio también se escucha.
Ahora, en la mañanera esa regla se ha roto, y el micrófono está abierto.
En el recorrer de mis días, tuve la oportunidad de conversar con Fidel, como ocurrió en las vísperas de la Conferencia Tricontinental, en el espléndido escenario de la Plaza José Martí, la noche previa a la inauguración del gran evento de reunión de los movimientos y partidos de lucha antiimperialista de los tres continentes.
En este convivio, que se compartía en espacio público con Hilda, la esposa del Che, su hija del mismo nombre, acompañado de mi esposa, llegó Fidel a platicar sin escoltas ni protocolos se dirigía a todos por su nombre y causa que representaba; incluso, a quienes se acercaban a saludarlo, en su apresurado hablar, que no por eso perdía coherencia e interés, hablaba de mil y una cosa sin tropezar ni detenerse.
A Blanca mi esposa le decía “michoacaneca”, por derivar su gentilicio de michoacana. Por fin logré centrar la charla al plantearle la posibilidad de la promulgación de la Constitución cubana, en relación a las posibilidades de futuro de llegar a promulgarse.
La respuesta de Fidel fue de un reconocimiento a la necesidad de lograr su promulgación, su convicción se basó en un examen analógico entre México y Cuba; con voz pausada dejaba cada palabra cubierta de convicción al reconocer a los mexicanos su continuidad hasta mantener una tradición constitucional, la cual no existía en Cuba.
La plática se extendió sobre el tema de la Constitución, cuyo antecedente se registró con la proclamada en 1940, quedando desconocida con el golpe militar de Fulgencio Batista en1952.
Durante la charla, Fidel solo pronunció, a grandes rasgos, una definición del nuevo modelo constitucional de Cuba; éste se daría una década después, en 1976, al promulgarse como la norma jurídica suprema del ordenamiento jurídico de la República de Cuba; su redacción y discusión fue iniciada desde 1972 a cargo del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, siendo ampliado el núcleo constituyente el 22 Octubre 1974 con la participación del Comité Ejecutivo, el Consejo Ministros y el Buró Político del PCC.
En 2019 es aprobada una nueva Constitución, donde se define a la República como un Estado socialista, soberano y de derecho, siendo aprobado su texto por el voto popular el 24 de febrero de 2019.

En este código se reconoce la propiedad socialista y nuevas formas de gestión económica, como la inversión privada y mixta.

También acepta la propiedad socialista y nuevas formas de gestión económica.

La última ocasión de convivencia cercana con Fidel fue al término de la Conferencia Tricontinental, enero 1966, evento al que asistí con la representación del Movimiento de Liberación Nacional, organismo al que se le otorgó un lugar en el Comité Preparatorio, en virtud de la destacada labor promovida como punto de acuerdo desde la Primera Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación económica y La Paz, 1961.
En la reunión de la Habana, quedaron en la sombra y en ocasiones marginados los partidos comunistas de la región, junto con otros más. La intención era fortalecer a los organismos y no solo al Comité Mundial de La Paz, de cariz soviético. El posicionamiento de Lázaro Cárdenas era favorecer la lucha de los pueblos de África, Asia y América Latina.
A la Tricontinental asistieron jefes combatientes en frentes armados de liberación colonial, así como líderes de movimientos sociales y partidos políticos de oposición.
La delegación mexicana fue presidida por Heberto Castillo Martínez, quien participó activamente en las mesas de trabajo.
Al final del Congreso, se realizó una discusión con los delegados de Latinoamérica, en la que Fidel criticaba la participación de los delegados de la región, el cargo de exclusión y sectarismo.
Heberto fue el primero en hablar y poner claro el proceso de participación.
Al final de la reunión, nos fuimos a comer; ya a punto de las sugerencias, la sorpresa de la presencia de Fidel, quien en voz sonora puso en claro: “me convenciste rubio, me convenciste”, “me permiten acompañarlos”. Y se dio una plática amigable y de gran enseñanza.
La delegación mexicana jugó un papel trascendente, más por la contribución que Lázaro Cárdenas aportó, al definir que son los pueblos los gestores de su independencia. Fue la luz que iluminó el camino.
La revolución de la región latinoamericana se mantiene en los pedestales de México y Cuba de donde provienen los anhelos de independencia neocolonial.


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