Por Rodolfo Ondarza*.
Ciudad de México 2 de julio del 2026
La participación fundamental de Nueva España, y que podríamos decir de México y de su población, en la guerra de independencia de Estados Unidos fue acallada y subestimada, sin embargo, su importancia fue vital. El Virreinato, bajo la Corona española, proporcionó los recursos financieros y la fuerza militar que las Trece Colonias urgentemente y desesperadamente requerían. Sin esta ayuda, la independencia de las Trece Colonias habría sido casi imposible. Únicamente se ha dado reconocimiento durante esta guerra a Francia, que ayudó a los revolucionarios estadounidenses con tropas terrestres y por flotas. La ayuda de México procedió principalmente del esfuerzo de indígenas que conformaban mayoritariamente tanto la población como la fuerza minera, el acuñamiento de las monedas de plata con las que se financió el pago de tropas y el avituallamiento rebelde se realizó en la Ciudad de México. De forma que aunque este apoyo se efectuó como parte de las intrigas y conflictos entre las potencias planetarias del momento, y las indicaciones de la corona española, fue la sangre y el sudor del pueblo mexicano (principalmente indígenas y afrodescendientes) y la riqueza de México la que pagó gastos inherentes a la independencia estadounidense.
México apoyó de manera definitiva la independencia de las Trece Colonias.
Antecedentes de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América (EEUU).
Entre 1756 y 1763 la Monarquía española fue llevada a participar en la Guerra de los Siete Años. Conflicto bélico entre Francia e Inglaterra debido al pacto de familia que vinculaba a los Borbón franceses y españoles.
Como resultado de esta guerra, España perdió Cuba y las islas Filipinas en 1762. España mantenía sus dominios americanos y temía que los criollos siguieran el ejemplo de los revolucionarios americanos.
Francia había sido expulsada de América tras dicha guerra.
Francia y España vieron una oportunidad para resarcir sus pérdidas en la Guerra de los Siete Años y apoyaron a los independentistas.
En 1776 los angloamericanos de las Trece Colonias de Norteamérica se sublevaron contra Inglaterra y dio principio la guerra de independencia de los Estados Unidos.
A medida que avanzaba la guerra, la menguante estabilidad financiera de los estadounidenses se convirtió rápidamente en el mayor activo de Gran Bretaña. Al no tener la facultad de gravar a los colonos, el Congreso Continental imprimió dinero a un ritmo vertiginoso para financiar los gastos del ejército y saldar sus préstamos con naciones extranjeras. Como resultado, las colonias sufrieron una grave inflación y una depreciación del dólar continental.
Los colonos también tuvieron grandes dificultades para financiar el esfuerzo bélico contra la campaña británica del sur, y no lograron detener el avance británica hasta la batalla de Yorktown en 1781.
Los revolucionarios de las Trece Colonias inglesas se encontraban en una situación muy precaria, sin Marina, pólvora, suficientes armas, uniformes ni dinero. El ejército rebelde se encontraba en condiciones deplorables, hambrientos, harapientos, la mayoría descalzos. No había dinero para pagarles a los agricultores las provisiones, y lo que era peor, ni a ellos su paga, por lo que se negaban, casi amotinados, marchar a combatir al sur.
Pero todo ello sería proporcionado por dos países europeos, España (entiéndase Nueva España o México, al igual que Cuba) y Francia, a través de comerciantes y de los pobladores de los dominios americanos españoles.
La inflación era rampante en las colonias. Para 1780, el Congreso de los Estados Unidos había emitido más de 400 millones de dólares en papel moneda para las tropas. Finalmente, el Congreso intentó frenar la inflación imponiendo reformas económicas. Estas fracasaron y solo devaluaron aún más la moneda estadounidense.
La tasa de inflación alcanzó su punto máximo en 29,78 % en 1778. Se registraron numerosos disturbios por escasez de alimentos a medida que crecía el descontento por el rápido aumento de los precios. El gobierno británico falsificó dólares estadounidenses agravando la situación.
Estados Unidos finalmente resolvió sus problemas de deuda en la década de 1790, cuando Alexander Hamilton fundó el Primer Banco de los EEUU para saldar las deudas de guerra y establecer un buen crédito nacional.
A finales de 1776, el recientemente creado Congreso estadounidense envió a Europa a una comisión, en busca de apoyos, integrada por Benjamín Franklin, Arthur Lee y Silas Dean.
El conde de Aranda, a la corte de Madrid que se reconociese oficialmente a los representantes del Congreso y que España declarase la guerra a Inglaterra. El secretario de estado, marqués de Grimaldi, difirió de Aranda.
Entonces el rey convocó un consejo de estado para recabar la opinión de sus ministros. El rey Carlos III decidió continuar secretamente con la ayuda a las Trece Colonias, mientras no hubiera declaración de guerra con Inglaterra, pero sin reconocer la Declaración de Independencia del 4 de Julio ni el estatus diplomático a los representantes del Congreso.
Esto seguramente fue uno de los pretextos para justificar la narrativa estadounidense que impedía el reconocimiento de la decisiva ayuda que recibieron de España.
La independencia de Estados Unidos se celebra el 4 de julio porque en esa fecha de 1776, el Congreso Continental aprobó formalmente la Declaración de Independencia. Este documento histórico, redactado principalmente por Thomas Jefferson, proclamó la separación de las 13 colonias británicas del Imperio Británico y su nacimiento como una nación soberana.
Aunque el Congreso votó a favor de la independencia dos días antes (el 2 de julio), se eligió el 4 de julio como la fecha oficial de celebración porque fue cuando el texto definitivo de la Declaración fue aprobado y enviado a imprimir para su distribución pública. En la parte superior de los documentos impresos por John Dunlap se imprimió la fecha «4 de julio de 1776», lo que cimentó esta fecha en la memoria colectiva del país.
La capitulación de Yorktown fue firmada el 31 de octubre de 1781. A partir de entonces, la victoria estadounidense se consolidó, aunque hasta 1783 continuaron combates esporádicos.
El Tratado de París del 3 de septiembre de 1783, firmado en el Hotel de York en el número 56 de la “rue Jacob”, entre el Reino de Gran Bretaña y los Estados Unidos de América puso fin formal a la Guerra de Independencia de los EEUU. Aunque su función principal fue el reconocimiento británico de la independencia de las Trece Colonias, este pacto (junto a los acuerdos bilaterales de Versalles) reconfiguró de forma inmediata la geopolítica y las fronteras de la Nueva España en Norteamérica.
Cuando la guerra terminó en 1783, las negociaciones estadounidenses, las políticas monetarias y la reestructuración del gobierno contribuyeron a saldar la deuda nacional estadounidense.
El virreinato en el momento de la guerra de independencia de los EEUU.
México, antes de ser un virreinato fue gobernado por la Real Audiencia de México a la caída de México-Tenochtitlan, grandiosa capital del Imperio Mexica, una de las mayores ciudades de su época en todo el mundo, altépetl (ciudad-estado) de la civilización mexica y capital del Imperio Mexica.
La Real Audiencia de México, tribunal superior para asuntos civiles y criminales, se encontraba integrada por varios oidores, uno de ellos era el presidente, con poder político y administrativo. Este organismo de gobierno superior debido a los abusos cometidos por oficiales reales cuando Hernán Cortés salió con rumbo a Honduras en 1528.
Sin embargo, esta primera Audiencia que estuvo a cargo de Nuño Beltrán de Guzmán cometió injusticias, fraudes y abusos contra los pueblos indígenas, mismos que fueron denunciados por Fray Juan de Zumárraga, primer Obispo de México.
Por este motivo el rey decidió establecer un virreinato, nombrando de manera transitoria una segunda Audiencia cuyo presidente Sebastián Ramírez de Fuenleal, uno de sus integrantes fue Vasco de Quiroga quien llegaría a ser obispo de Michoacán y benefactor de los indígenas de esa región.
Para entender la importancia de México en la Independencia de los Estados Unidos es necesario tener muy claro el enorme poder económico y geopolítico que tenía en aquella época, en el momento de la sublevación de las Trece Colonias norteamericanas.
El Virreinato de la Nueva España (1535-1821) fue una entidad territorial integrante del imperio español, que se desarrolló durante los siglos XVI al XIX, fue creado después de la conquista y abarcó territorios de Norteamérica (parte actual de Estados Unidos y de México) de Centroamérica, Asia y Oceanía. Durante los tres siglos de colonización española gobernaron el imperio dos familias reales: la de los Habsburgo y la de los Borbón, y a la Nueva España 63 virreyes todos provenientes de la alta nobleza castellana.
Conformación de la Nueva España.
Entre 1776 y 1783, el Virreinato de la Nueva España alcanzó una extensión colosal. Su territorio abarcaba gran parte de Norteamérica (incluyendo el oeste estadounidense), Centroamérica, las islas del Caribe y las Filipinas.
Esta imponente superficie se distribuía de la siguiente manera:
Norteamérica: Comprendía la totalidad del México actual y vastos territorios de los actuales Estados Unidos, que iban desde California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México y Texas, hasta la región de Luisiana y partes de la costa del Golfo de México.
Centroamérica: Incluía la Capitanía General de Guatemala, que abarcaba las actuales repúblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y partes de Belice y Chiapas.
El Caribe: Administraba territorios clave a través de la Capitanía General de Cuba, que incluía a Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana.
Asia y Oceanía: La influencia novohispana se extendía hasta el Pacífico con las Capitanías de Filipinas, las Islas Marianas y las Islas Carolinas.
La capital del Virreinato de la Nueva España fue la Ciudad de México, que se fundó sobre las ruinas de la antigua México-Tenochtitlan tras la conquista española.
Durante el periodo de 1776 a 1783, el Virreinato de la Nueva España se encontraba en su momento de máximo esplendor y opulencia económica, consolidándose como la posesión más rica, rentable y próspera de todo el imperio Español.
En todos los sectores, como en el económico, educativo y salud la Nueva España superaba completamente a las Trece Colonias, al igual que en el aspecto demográfico.
La demografía. Sus diferencias.
En ese periodo el Virreinato de la Nueva España tenía una población estimada de entre 5 y 5.5 millones de habitantes. Durante esta época, la demografía novohispana experimentaba una notable recuperación y crecimiento. En esos años aún no se realizaba un recuento general de alcance oficial, ya que el primer censo formal de todo el virreinato (conocido como el Censo de Revillagigedo) se llevó a cabo hasta el año 1790. Sin embargo, gracias a los registros de la Real Hacienda de mediados y finales del siglo XVIII, los historiadores y científicos de la época han podido realizar estimaciones muy precisas para este periodo. Alexander von Humboldt calculó en cerca de 5.2 millones los habitantes para finales del siglo XVIII. En 1777, las autoridades ordenaron padrones de fieles y, tomando en cuenta las tasas de crecimiento de las décadas previas, la población se mantenía por encima de los 5 millones de personas a nivel global.
Entre 1776 y 1783, la sociedad novohispana atravesaba un profundo mestizaje, institucionalizado bajo un sistema jerárquico de castas y calidades. La demografía estaba compuesta principalmente por una mayoría de población indígena (60%), seguida de españoles/criollos (18%), mestizos (16%) y diversos grupos afrodescendientes e interétnicos (6%).
Para lograr un control administrativo y militar, la Corona Española —impulsada por el visitador José de Gálvez y el conde de Revillagigedo— ordenó la realización de padrones a partir de 1777 y el Primer Censo de la Nueva España.
Los indígenas constituían la base de la pirámide poblacional (alrededor del 60%). Estaban sujetos al pago de tributo y se concentraban principalmente en los pueblos de indios dentro de la República de Indios.
Los españoles y criollos representaban cerca del 18% al 20% de la población. Aunque minoritarios en número, controlaban el poder político, económico y religioso.
Los mestizos abarcaban cerca del 16% de los habitantes.
El 6% restante estaba formado por otros grupos del extenso sistema de castas, que incluía mulatos, zambos y diversas mezclas. Los esclavos africanos, traídos para la minería y el servicio doméstico, disminuyeron paulatinamente para esta época, representando menos del 0.2% del total demográfico.
Para 1800 la población rondaba los 6 millones de personas.
En comparación, en ese mismo periodo, entre 1776 y 1783, la población de las Trece Colonias era de aproximadamente 2.5 millones de personas. Su composición demográfica se caracterizaba por su diversidad, dividiéndose principalmente entre colonos de origen europeo, una amplia población de esclavos afroamericanos y las comunidades nativas.
La población europea era la dominante (alrededor del 80% del total). Mayoritariamente protestante. Aproximadamente el 85% de este grupo era de ascendencia británica (inglesa, escocesa, escocesa-irlandesa y galesa). El resto estaba compuesto principalmente por inmigrantes alemanes (~9%) y neerlandeses (~4%), concentrándose estos últimos en mayor medida en las colonias centrales como Nueva York.
En cuanto a la población esclavizada afroamericana (~20%) se encontraba compuesta por unos 500,000 esclavos. secuestrados de África. Esta población se concentraba masivamente en las colonias del sur (como Virginia y las Carolinas), donde llegaron a representar casi la mitad de los habitantes en algunas zonas y eran la fuerza laboral principal de las plantaciones.
Decenas de miles de indígenas americanos, organizados en casi 500 grupos tribales, vivían en los límites occidentales y las fronteras de los asentamientos.
La economía y la riqueza. Las posibilidades de apoyo de México a las Trece Colonias.
Durante el periodo de 1776 a 1783, la riqueza líquida de la Nueva España se medía a través de los ingresos fiscales recaudados por la Real Hacienda y el volumen de plata acuñada.
El virreinato manejaba las siguientes cifras de dinero físico (en pesos fuertes o «reales de a ocho» de la época). La Real Casa de Moneda de México era la más grande del mundo. Entre 1776 y 1783, acuñaba un promedio de 18 a 20 millones de pesos anuales. En total, durante los siete años que duró la Guerra de Independencia de EEUU, en Nueva España se acuñó físicamente un aproximado de 130 a 140 millones de pesos en plata.
La recaudación de impuestos (minería, alcabalas, tabaco y tributos) era sumamente alta. De acuerdo con las investigaciones del Carlos Marichal Salinas es un historiador mexicano, especializado en la historia económica de Latinoamérica, particularmente en la historia financiera del siglo XVIII, los ingresos anuales netos de la Real Hacienda de Nueva España oscilaban entre los 15 y 18 millones de pesos en este periodo.
La Nueva España no tenía deudas; al contrario, generaba un superávit masivo. Sin embargo, el dinero no se acumulaba en cofres locales de forma estática, sino que se gastaba de tres maneras: Gastos internos (40-50%) destinados al pago de salarios de la burocracia, mantenimiento del ejército colonial y obras públicas (como el desagüe del Valle de México). Los Situados (Remesas a otras colonias) Nueva España envió cerca de 48 millones de pesos fuera de sus fronteras para mantener las defensas del Caribe (Cuba, Puerto Rico), Luisiana, las Floridas y Filipinas, entre 1771 y 1780. Y Remesas a la Corona, monto que se enviaba directamente a la Tesorería General en Madrid para financiar las guerras del rey de España.
La riqueza novohispana de estos años específicos combinaba una producción minera sin precedentes, un fuerte sector agrícola y una posición estratégica en la primera globalización comercial.
La principal fuente de riqueza material del virreinato era la minería de plata. Durante la década de 1770 a 1780, los yacimientos novohispanos vivieron un «boom» gracias a incentivos fiscales de las reformas borbónicas, como la reducción del precio del mercurio, esencial para refinar el metal.
Nueva España producía más del 60% de la plata de todo el planeta.
Ciudades y vetas como Guanajuato (especialmente la mina de La Valenciana), Zacatecas, Real del Monte y San Luis Potosí generaban fortunas colosales que transformaron la arquitectura local con fastuosos palacios e iglesias barrocas.
En la Real Casa de Moneda de México se acuñaban un promedio de 18 a 20 millones de pesos anuales en estos años. La riqueza novohispana no era solo teórica; se materializaba en el Real de a ocho (también conocido como Spanish Dollar), una moneda de plata acuñada en la Ciudad de México.
Las reformas borbónicas cambiaron el modo de producción de dinero de “a golpe de martillo” por el de prensa y volantes, obteniendo así una moneda circular con un cintillo que la delineaba circularmente e impedía también que las piezas fueran cercenadas.
Entre 1776 y 1783, esta moneda era la divisa de reserva y comercio internacional más aceptada del mundo, utilizada activamente para transacciones en el Imperio Chino, la India y las propias Trece Colonias en plena guerra de independencia. De hecho, el signo de peso/dólar ($) proviene del grabado de las Columnas de Hércules de esta moneda virreinal.
El «dólar» con las Columnas de Hércules se refiere al famoso Real de a Ocho español, también conocido como Spanish Dollar. Fue la primera moneda de reserva global de la historia. Esta moneda circuló globalmente y sirvió como inspiración directa para el diseño del actual dólar estadounidense. Las dos líneas verticales representarían las Columnas de Hércules, y la letra «S» provendría de la cinta enrollada en ellas con la leyenda Plus Ultra.
Las columnas de Hércules tienen su origen mitológico en el décimo de los doce trabajos que el rey Euristeo le ordenó realizar a Hércules. Se dice que esas columnas quedaban donde hoy se vislumbran los dos montículos del estrecho de Gibraltar. Las mitológicas Columnas de Hércules que, se suponía, marcaban los límites de la navegación al oeste del mediterráneo, en el Estrecho de Gibraltar, y que, tras el descubrimiento del continente americano en 1492, habrían sido rebasados.
En la moneda de plata de ocho reales, se lee en el centro la leyenda PLUS ULTRA, del latín “más allá” que indicaba el dominio de España más allá el mar y bajo las columnas unas ondas que representan el océano, cambiando el original Non plus ultra tras el descubrimiento de América.
Acuñado desde 1732, principalmente en la Ceca de México (Casa de Moneda). Fue la primera moneda de reserva global de la historiaAsí, estas monedas adquieren un significado geopolítico convirtiéndose en una metáfora de la proyección del imperio español hacia el Nuevo Mundo.
Los mineros en Mexico.
En esa época la fuerza laboral minera en la Nueva España era multiétnica, caracterizada por una transición hacia trabajadores libres llamados naboríos. La composición étnica estaba dominada por indígenas y mestizos, quienes constituían la base operativa, acompañados por un castas y españoles pobres.
La composición demográfica y social de los reales de minas se estructuraba por indígenas, que constituían el grupo mayoritario (llegando a representar cerca del 42% en grandes empresas como las de Guanajuato). Eran la columna vertebral de la extracción, destacando como barreteros y tenateros. A finales del siglo XVIII, la población de origen mezclado como los mulatos libres ganaron una fuerte presencia, ocupando hasta el 22% de los puestos de trabajo en los principales yacimientos. Los españoles controlaban la propiedad y la administración, operando como dueños, empresarios y capataces. Sin embargo, hacia la segunda mitad del siglo XVIII, se registró un fenómeno de «progresiva inserción de españoles» de bajos recursos que trabajaban directamente en las minas. La demografía minera de este periodo también destaca porque los centros de extracción atraían flujos continuos de migrantes provenientes de pueblos y comunidades campesinas cercanas y distantes.
Los campamentos y ciudades mineras no eran espacios exclusivamente masculinos; las mujeres, los niños y las unidades familiares completas eran elementos integrales en la vida diaria de los centros de producción.
Otros sectores económicos.
Aunque la minería dominaba las exportaciones, la verdadera base del PIB novohispano interno era la agricultura y la ganadería, controladas por el sistema de grandes haciendas.
Después de la plata, la Grana Cochinilla, insecto parásito del nopal (del cual se extraía un cotizado tinte rojo para textiles de lujo europeos) era el segundo producto de exportación más valioso.
El monopolio estatal del tabaco (Estancos Reales, monopolios estatales impulsados por la Corona, que controlaban la producción, distribución y venta de productos clave, entre los que se encontraban el tabaco y el aguardiente, pero también abarcaron pólvora, sal, naipes y hasta la nieve) alcanzó su auge entre 1776 y 1783. La Real Fábrica de Tabacos de México generaba ganancias líquidas masivas para la Corona, convirtiéndose en una de las empresas industriales más grandes del continente mediante la Real Renta del Tabaco.
La Nueva España no solo era autosustentable, sino que presentaba un superávit fiscal gigantesco. El virreinato funcionaba como el gran financiador de las fronteras imperiales. Millones de pesos recaudados en las aduanas y cajas novohispanas se enviaban anualmente para sostener las defensas y administraciones de regiones más pobres (los Situados) como Cuba, Puerto Rico, Florida, Luisiana y Filipinas.
La riqueza generada por la Nueva España contrastaba con una desigualdad extrema. A pesar de que el PIB per cápita novohispano (estimado en unos 40 pesos de la época) superaba al de la mayoría de las colonias del mundo, la distribución de esta riqueza era profundamente desigual. Mientras una élite de mineros, comerciantes peninsulares y terratenientes acumulaba fortunas capaces de comprar títulos de nobleza, la inmensa mayoría de la población indígena y las castas vivía en condiciones de pobreza, sirviendo como mano de obra en minas y haciendas.
Cifras astronómicas desde México para la independencia estadounidense.
El Virreinato de Nueva España fue un pilar fundamental en la Independencia de los EEUU.
Mediante el aporte de recursos financieros y estratégicos, los novohispanos mexicanos contribuyeron decisivamente a la victoria de las Trece Colonia contra Gran Bretaña, consolidando su alianza, gracias a los recursos mexicanos, con la Monarquía española. Estados Unidos no se libró solo, no podía, desde la Nueva España se envió y coordinó la ayuda.
El apoyo mexicano en la Guerra de Independencia de EEUU es indiscutible.
La plata mexicana financió la guerra. Navíos españoles navegaron desde puertos del sur hacia Nueva Orleans aportando armas, pólvora y alimentos, militares mexicanos y españoles combatieron a los británicos. Sin este apoyo, muchas batallas no habrían ocurrido.
Las aportaciones clave de Nueva España incluyeron financiamiento directo dado que entre 1781 y 1783, bajo el gobierno del virrey Martín de Mayorga, se logró reunir una gran suma de dinero y bienes para solventar al ejército de George Washington.
Se destinaron enormes sumas a la Independencia de EEUU con flujo de dinero en efectivo que la Nueva España podía movilizar de emergencia. En dicho periodo el virreinato organizó colectas, donativos y préstamos forzosos para financiar al ejército franco-estadounidense contra Gran Bretaña, enviándose a esta causa 874,474 pesos en donativos directos de la población; 1,655,415 pesos aportados por el Consulado de Comerciantes; 2,000,000 de pesos prestados por el Tribunal de Minería; 523,376 pesos provenientes del monopolio del tabaco.
Según un informe del Servicio de Investigación del Congreso de 2010 sobre los «Costos de las principales guerras de EE. UU.», la Revolución le costó a Estados Unidos el equivalente a 2400 millones de dólares en 2011.
Para tener una mejor idea de la fortuna destinada al ejército independentista es necesario saber que un peso fuerte de plata de esa época equivalía aproximadamente a unos $40 a $50 dólares estadounidenses actuales en poder adquisitivo básico, lo que significa que el virreinato recaudaba y movilizaba el equivalente a cientos de millones de dólares modernos cada año. Cifras descomunales para la época.
Carlos Marichal ha estudiado el enorme costo financiero que implicaron para la Nueva España las campañas militares españolas contra los ingleses entre 1776 y 1783; la necesidad de enviar fondos a Cuba, particularmente a La Habana, desde la Tesorería General de Nueva España; y el papel tan importante que el virreinato novohispano tuvo en la financiación de la revolución de independencia de los Estados Unidos.
Carlos Marichal y Matilde Souto Mantecón, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, especialista en historia colonial, con énfasis en el siglo XVIII, citan a Melvin Glascock, quien afirmó que durante la guerra contra Inglaterra entre 1779 y 1783, el virreinato de la Nueva España “fue prácticamente la única fuente de apoyo a las fuerzas españolas en pie de guerra”, y añadió que “sin la plata mexicana no hubiera sido posible lograr los triunfos en esta guerra imperial ni tampoco sostener la estabilidad de las finanzas de la Corona”.
Según Larrie D. Ferreiro, estadounidense descendiente de gallegos, doctorado en Historia de la Ciencia y Tecnología en el Imperial College de Londres, profesor de historia e ingeniería en la George Mason University de Virginia y en el Stevens Institute of Technology de New Jersey (autor de Hermanos de armas. La intervención de España y Francia que salvó la Independencia de Estados Unidos), España y Francia aportaron cerca del equivalente a treinta billones de dólares en valor actual, así como noventa por ciento de las armas utilizadas por los angloamericanos.
Sería muy interesante poder determinar la aportacion novohispana en esta cifra general.
“Sin el apoyo español, los rebeldes de las colonias inglesas nunca hubieran podido ganar la Guerra de la Independencia. Contaban con la ayuda francesa, pero no era suficiente. EEUU no existiría sin España…Españoles y franceses querían vengarse de los ingleses. Antes de que los rebeldes americanos proclamaran su independencia en 1776 se libró la Guerra de los Siete Años. La presencia inglesa en lo que hoy es EEUU se concentraba en las Trece Colonias. Toda la franja este del país. Familias apoderadas como la de George Washington decidieron expandir sus dominios más allá de los Apalaches. Francia hizo lo mismo y arrastró a la Corona española, con la que tenía un pacto familiar, entre borbones. Fue un desastre para España, que perdió Florida y Menorca. A cambio, Francia le cedió Luisiana” señala Larrie D. Ferreiro.
Larrie D. Ferreiro ha refutado la idea de que solo los franceses representados por Gilbert du Motier, marqués de Lafayette, el almirante François Joseph Paul, conde de Grasse, o el vizconde Jean Baptiste de Rochambeau, ayudaron a los colonos angloamericanos a vencer a los ingleses en Yorktown, Virginia, bajo el mando del general Cornwallis.
En realidad, se trató de una coalición internacional con el apoyo de Francia y España. También señala que el ejército de George Washington no hubiera podido triunfar sin la ayuda de estas dos potencias que intervinieron en su favor.
El «donativo” de dos pesos por habitante en México.
El «donativo de dos pesos por habitante» fue una contribución económica obligatoria decretada por el rey Carlos III de España mediante la Real Cédula del 17 de agosto de 1780. El objetivo urgente de este subsidio era recaudar fondos líquidos en todas las colonias americanas para sostener los exorbitantes gastos de la guerra que el Imperio Español sostenía contra Gran Bretaña, financiando de forma paralela la Guerra de Independencia de los EEUU.
Aunque la propaganda de la Corona lo llamó un «donativo gracioso» o «voluntario», en la práctica era un impuesto de carácter obligatorio intrínsecamente vinculado a la lealtad al rey cuyo monto dependía de la clase social. El bando oficial publicado en la Ciudad de México estableció cuotas por persona, divididas por castas. Correspondían dos pesos fuertes para los españoles de todas las clases y condiciones sociales (sin excepción), y un peso fuerte para los indígenas tributarios, mestizos, negros libres y mulatos. Se relevó del pago únicamente a aquellos pueblos de indios que estuvieran sufriendo en ese momento por epidemias, hambrunas o pérdida total de cosechas.
La logística para cobrar dinero a millones de personas en un territorio tan vasto fue compleja pero sumamente estricta. Los españoles debían entregar su dinero en un plazo máximo de un mes tras la publicación del bando local. Las demás castas tenían dos meses de límite y los pueblos indígenas un plazo de cuatro meses.
Los alcaldes mayores, curas párrocos y gobernadores de los pueblos indígenas se encargaron de ir casa por casa recopilando las monedas y anotando minuciosamente los nombres de los aportantes en listas oficiales.
Los listados de aquellos miles de habitantes de la Nueva España, mineros, hacendados, campesinos e indígenas, que cedieron su dinero para financiar la guerra de Independencia estadounidense se conservan en el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México. También existen datos sobre estos donativos en los territorios de la Nueva España y México que en 1848 fueron anexados a los Estados Unidos, como Nuevo México y Arizona.
Medidas coercitivas en México para el financiamiento.
Carlos Marichal hace mención de los mecanismos de coerción de los que se valió la Corona para conseguir que sus vasallos contribuyeran al financiamiento de sus gastos bélicos. En Chiapas, al igual que en la Nueva España, a partir de 1798 además de los donativos la Corona impuso numerosos préstamos sobre las cajas de comunidad de indios, los cuales, como señalara Natalia Silva Prada, especialista en historia cultural del periodo colonial americano, doctora en Historia por El Colegio de México, miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia y Full member de la National Coalition of Independent Scholars de los Estados Unidos, constituyeron el medio más eficaz y sencillo de la Real Hacienda para incorporar a la población india al financiamiento de los gastos bélicos de la monarquía. De hecho, el impacto de esta política fiscal llevó a que las otrora ricas cajas de comunidad de Chiapas, que en sus mejores años lograron acumular sobrantes mayores a 60,000 pesos, terminaran poseyendo en 1813 la ínfima suma de 9,000 pesos.
Descontento en México por el financiamiento.
Para asegurar la lealtad absoluta de las instituciones, la Corona comenzó a desplazar a los criollos (hijos de españoles nacidos en América) de las altas esferas gubernamentales, eclesiásticas y militares, otorgando esos privilegios de forma exclusiva a los españoles peninsulares.
Este desplazamiento sistemático, sumado al drástico aumento de impuestos para financiar las guerras europeas de España, generó un profundo resentimiento e identidad nacional criolla. El descontento acumulado a raíz de estas reformas se convirtió, décadas más tarde, en el motor ideológico y económico que detonó el movimiento de Independencia en 1810.
Los “donativos” y préstamos forzosos de 1781-1783 ocasionaran descontento y resentimiento entre los habitanes de la Nueva España, particularmente entre los que tuvieron que entregar cantidades más cuantiosas, como los miembros de la élite criolla, poseedora de vastos intereses en la minería, la agricultura, el comercio y los bienes raíces, así como recelosa de las medidas económicas, políticas y sociales que les afectaban directamente.
En 1785 tres miembros de la aristocracia criolla de Ciudad de México, el conde de Santiago de Calimaya, el conde de la Torre de Cossío y el marqués de Guardiola, solicitaron al rey Jorge III de Inglaterra (1738-1820), “a nombre de la capital y reino de México”, ayuda para independizarse de España. Los tres pertenecían, por amistad y por matrimonios, a las familias poseedoras de grandes fortunas acumuladas en siglos, a las cuales se les exigían más donativos.
Los conspiradores se quejaban de los elevados impuestos, del maltrato a los americanos y de la tiranía despótica de las autoridades. En su propuesta al rey inglés, los tres nobles le ofrecían organizar 40,000 hombres “a la primera señal”.
Para la consumación del movimiento, José María Gómez de Cervantes, entonces titular del condado de Santiago de Calimaya, se unió al movimiento de Agustín de Iturbide y firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano en 1821. La figura titular del marquesado de Guardiola durante la época insurgente fue vinculada e investigada por el virrey Félix María Calleja como conspirador y miembro de la sociedad secreta Los Guadalupes, lo que culminó con su posterior destierro a España en 1816. En cuanto a la linea del Conde de la Torre de Cossío, pese a sus intentos separatistas en el siglo XVIII, el linaje mantuvo un fuerte vínculo con intereses mercantiles españoles, aunque sus quejas sentaron un importante precedente sobre el malestar criollo previo al inicio de la lucha armada.
Apoyo logístico, armas y tropas para la guerra.
Se ofreció apoyo logístico y de armamento, y desde los puertos novohispanos se enviaron suministros vitales, incluyendo armas, pólvora, uniformes y dinero en efectivo que mantuvieron a flote la causa independentista.
En septiembre de 1776, por consejo del conde de Aranda, embajador de España en París, Francia y España pagaron y enviaron en secreto un arsenal de enorme magnitud que resultó fundamental para la guerra que, entre otras cosas, incluía más de 200 cañones, 30,000 mosquetes y miles de armas más con 215,000 libras de pólvora y balas, 30,000 uniformes y 4,000 tiendas de campaña, 50,000 pares de zapatos y grandes cantidades de alimentos y medicinas (quinina contra la malaria).
Toda esta ayuda permitió a la revolución sobrevivir, tras un comienzo en el que carecía de casi todo y en el que estuvo a punto de ser completamente derrotada.
La ruta del financiamiento.
Precisamente entre 1776 y 1783, la riqueza mexicana novohispana financió de forma directa las campañas militares dirigidas contra los británicos en el Golfo de México, proveyendo fondos clave para la derrota de Gran Bretaña. La participación militar en el Caribe y el Golfo de México, junto con las campañas del gobernador Bernardo de Gálvez, sirvieron para dividir las fuerzas de Gran Bretaña. Las tropas y recursos movilizados desde México resultaron decisivos para el asedio que culminó en la victoria de la batalla de Yorktown.
El dinero en plata recolectado en las cajas reales de la Nueva España se envió rápidamente hacia el frente estadounidense a través del puerto de Veracruz.
Nueva Orleans, entonces bajo dominio español, fue el epicentro del envío de material de guerra.
Esta ayuda se canalizó a través de una extensa red, siendo la «Compañía Gardoqui» una pieza clave para el transporte marítimo, y utilizando las vías fluviales como el río Misisipi para llegar al ejército continental.
Este dinero financió de manera directa las tropas del general malagueño Bernardo de Gálvez en sus decisivas victorias contra los británicos en el río Misisipi, Movila y el histórico sitio de Pensacola (1781).
Una de las remesas más famosas, conocida históricamente como «las platas de La Habana» (pero proveniente en su mayoría de las colectas mexicanas), llegó justo a tiempo para pagar los salarios atrasados de las tropas francesas del general Rochambeau y el ejército continental de George Washington, permitiendo sostener el asedio final de la Batalla de Yorktown en 1781.
La importancia de la ayuda española a la independencia de las Trece Colonias se refleja en el hecho de que la primera moneda de Estados Unidos fue el Real de a ocho (Peso fuerte hispano), conocido como Spanish Dollar entre los anglohablantes. Usada desde tiempo atrás, fue declarada moneda oficial por el Congreso continental el 6 de julio de 1785, siendo de curso legal hasta 1857. Cuando en 1794 se acuñó el primer dólar estadounidense se hizo siguiendo el patrón de la moneda española. El signo $ del dólar actual proviene de esa moneda hispana.
Los agentes secretos financieros.
Al principio, el apoyo a los sublevados fue secreto, basado principalmente en dinero para la adquisición de material de guerra y apoyo logístico. Esta ayuda continuó durante todo el conflicto y se envió a través de comerciantes como Diego María de Gardoqui y Francisco de Saavedra y Sangronis.
Diego María de Gardoqui y Arriquibar fue un comerciante y naviero de Bilbao, diplomático vasco, fue el agente financiero de la Corona ante los rebeldes. Recibió el encargo secreto de Carlos III de enviar dinero y suministros a los colonos angloamericanos a través de la Casa Joseph Gardoqui e Hijos, firma que desde 1741 comerciaba con mercaderes de pescado en Massachusetts e intercambiaba bacalao americano, tabaco y arroz por productos españoles. Esto lo realizo en acuerdo con sus socios Elbridge Gerry y Jeremiah Lee, miembros del Comité de Suministros de Massachussets, encargado de la organización del Ejército Continental.
En 1775 proporcionó mosquetes, pistolas, pólvora, municiones, bayonetas, cobijas, uniformes, barcos y recursos militares a las Trece Colonias. En 1785 promovió la construcción de la iglesia de San Pedro en Nueva York, la primera iglesia católica en Estados Unidos, construida con donativos de la Corona española e irlandeses. A la bendición del templo acudieron George Washington y Gardoqui, quien también estuvo al lado del presidente Washington en su toma de posesión en Nueva York el 30 de abril de 1789, convirtiéndose posteriormente en el primer embajador de España en los Estados Unidos. Asistió como representante de España a la toma de posesión del primer presidente, George Washington, en Nueva York, en 1789; presentó sus cartas credenciales en Nueva York, entonces la capital del país, en junio de 1785.
Desde esa posición intentó negociar, sin éxito, que el Congreso aceptase el derecho de navegación exclusiva de España por el Misisipi, lo que hubieran podido admitir los estados del norte, pero no los del sur, que dependían de esa vía fluvial para sacar sus productos al Golfo de México. Estos estados llegaron a amenazar con romper la Unión si se reconocía a España el derecho que reclamaba.
Luis de Unzaga, gobernador de Luisiana (1770-1776), facilitó que desde Nueva Orleans por el Misisipi se enviaran de contrabando suministros, sobre todo pólvora. Él mismo entregó, en septiembre de 1776, 10,000 libras que había pedido el general Charles Lee. El sucesor de Unzaga como gobernador de Luisiana, Bernardo de Gálvez (1777-1783), incrementó los envíos. Buena parte de lo suministrado procedía de Cuba y México.
Se nombró representante no oficial de España en el Congreso de Filadelfia a Juan de Miralles, un comerciante afincado en Cuba. Miralles era socio comercial de Robert Morris, conocido como el banquero de la revolución y que tenía como representante en Nueva Orleans a Oliver Pollock. Pollock mantenía muy buenas relaciones tanto con Luis de Unzaga como con Bernardo de Gálvez. Pollock era un comerciante irlandés avecindado en Nueva Orleans que fungió como agente del Congreso Continental. Fue clave para financiar las campañas de Gálvez y para movilizar los recursos de México hacia la causa americana.
Martín de Mayorga (1721-1783). Antiguo gobernador de Guatemala y virrey de Nueva España entre 1779 y 1783. Promovió las expediciones geográficas españolas en el Pacífico Norte. Entre 1781 y 1783, logró reunir 874,474 pesos fuertes de donativos novohispanos populares provenientes de 1,655,415 de comerciantes de la Nueva España; dos millones del Tribunal de Minería, y 523,376 pesos del estanco o monopolio del tabaco, para contribuir a los gastos ocasionados por el apoyo a los rebeldes.
En su gobierno, de la fábrica de pólvora en Chapultepec salían las carretas con quintales de tan necesario elemento para la guerra. Luego, en el puerto de Veracruz, se embarcaban miles y miles de pesos fuertes, rumbo a La Habana, para el pago de barcos, armas, uniformes, sueldos, municiones y todo lo necesario para los suministros a la Luisiana, la Florida, el Caribe y los campos de batalla en las Trece Colonias.
Otro personaje que desempeñó un papel clave fue Francisco de Saavedra, que llegó a Cuba en 1780 en calidad de enviado especial de Carlos III. Se distinguió por su ánimo conciliador en las a menudo difíciles relaciones entre americanos, franceses y españoles. En 1781, consiguió el envío desde La Habana de una escuadra al mando de José Solano y Bote con la expedición de Bernardo de Gálvez que iba a sitiar Pensacola. Ese mismo año, Saavedra acordó con el almirante francés De Grasse la estrategia a seguir en el Caribe y el préstamo de grandes cantidades de dinero español para pagar a sus soldados y marinos, así como a los estadounidenses. También gestionó el traslado desde Santo Domingo en barcos españoles de las tropas francesas que participaron en la decisiva batalla de Yorktown, que tuvo lugar ese mismo año.
Soldados enviados al combate por las Monarquías Española y Francesa.
En cuanto a los militares enviados a combatir a favor de los rebeldes estadounidenses en contra de Inglaterra, España, señala el investigador Manuel Trillo Lodeiro, envió 11,000 hombres y Francia 5,000. Manuel Trillo, periodista durante cerca de treinta años en el diario ABC, es autor de “La conquista española olvidada: La expedición que pudo cambiar la historia de los Estados Unidos”. Crónica de la expedición española al fuerte inglés de San José en 1781 que pudo cambiar la historia de los Estados Unidos de América, en donde se toma posesión del fuerte San José y la amplia región al sur de los Grandes Lagos, de Illinois a Míchigan, incursión que impactó en la negociación de las fronteras entre España y los Estados Unidos, como demuestran las cartas desde París del propio Benjamin Franklin, una disputa que se alargó durante años.
Los militares novohispanos y sus victorias. La acción militar: clave en el sur.
España le declara oficialmente la guerra a Inglaterra en mayo de 1779. En el sur, se sabía que los planes de los ingleses eran bloquear la entrada del rio Misisipi para evitar justamente la entrada de esta ayuda a los rebeldes.
Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana española, Bernardo de Gálvez (1746-1786), sobrino del visitador de Nueva España y más tarde ministro de Indias, don José de Gálvez, quien protegía la costa del golfo de México, recibió instrucciones de doblegar la resistencia británica en el sur atacando los asentamientos de Mobile y Baton Rouge para luego imponerse en Pensacola.
Se había preparado ante la previsible declaración de guerra y con un muy pequeño ejército, multirracial y multicultural, bien dirigido y motivado, en una rápida acción echó a los ingleses de la orilla oriental del Misisipi tras tomar los fuertes británicos de Manchac, Baton Rouge y Natchez, liberando la cuenca del río y cortando las líneas de suministro enemigas.
Consiguió la rendición de Mobila (o Mobile) en marzo de 1780 y de Panzacola (o Pensacola), la capital de la Florida británica tras una heroica resistencia, en mayo de 1781, a bordo de su bergantín Galvezton y al grito de “Quien tenga valor y honor me siga”, en la más audaz y conocida de sus acciones. Lo que expulsó definitivamente a los ingleses del Golfo de México, los ingleses ya no podrían enviar refuerzos y suministros por el golfo de México. Mobila y Panzacola eran sitios estratégicos de las fuerzas británicas en la Florida.
Gálvez defendió la cuenca del río Mississippi, impidiendo que llegasen refuerzos a Yorktown. Abrir el Mississippi para la entrada de avituallamientos y municiones, y después por los granjeros mexicanos, no habría sido posible si Inglaterra se hubiera apoderado del río. Impidió que los británicos rodearan a los rebeldes por el sur, siendo decisivo para el desenlace de la guerra
Carlos III le premió con el título de conde de Gálvez y el nombramiento de virrey de la Nueva España en 1785. Murió en Ciudad de México en 1786 y está enterrado en la iglesia de San Fernando, al lado del altar mayor.
En mayo de 1780, los británicos intentaron ocupar la parte norte del valle del río Misisipi, en la Alta Luisiana. El capitán Fernando de Leyba Vizcaigaña realizó una defensa numantina del remoto puesto de San Luis (Misuri) y, con muy escasos medios, consiguió rechazar el ataque y abortar la ofensiva inglesa. Fernando de Leyba fue un militar y político peninsular, comandante del Puesto de Arkansas. Ejerció como gobernador en la Alta Luisiana desde 1778 hasta su muerte. La Luisiana era un extensísimo territorio, equivalente a un tercio de los actuales EEUU. El ataque británico sobre San Luis tuvo finalmente lugar el 26 de mayo. Leyba se las había arreglado para recaudar cierto dinero, la mitad de su propio bolsillo, para empezar a construir el fuerte de San Carlos. No obstante, su estado de endeudamiento le impidió completar el proyecto. A pesar de las escasas defensas, la resistencia de los pocos soldados regulares españoles junto a la milicia local (había suministrado armas a los Osages y otros pueblos indígenas próximos al río Misisipi) consiguió repeler el ataque británico. Ya en aquel momento, la salud de De Leyba era significativamente mala y el 28 de junio falleció.
Las tropas de Bernardo de Gálvez.
Las tropas de Bernardo de Gálvez durante sus exitosas campañas en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (especialmente en la toma de Pensacola) conformaron un ejército altamente heterogéneo y multirracial, integrado por soldados veteranos, milicias locales, voluntarios, nativos y tropas coloniales enviadas desde distintos puntos del Imperio español y el Caribe.
Soldados veteranos e infantería regular formaban el núcleo profesional del ejército, provenientes del Regimiento Fijo de la Luisiana y otros tercios trasladados desde el norte de Nueva España.
Para campañas mayores, como Pensacola, recibió refuerzos de regimientos peninsulares y coloniales como los de Rey, Príncipe, Navarra, España, 2º de Cataluña y el Fijo de La Habana.
Sus cuerpos especiales incluían fuerzas de caballería ligera y tropas de frontera, como los célebres dragones de cuera (soldados novohispanos con armadura de cuero para resistir flechas), además
de artilleros y carabineros. Los soldados de cuera, dragones de cuera o soldados presidiales eran tropas defensivas creadas para la defensa de la frontera de las provincias internas, que ocuparon los presidios del Virreinato, desde finales del siglo XVI hasta principios del siglo XIX. Estaban armados con un fusil corto, un par de pistolas, un arco y flechas, una espada corta, una lanza y un escudo de piel de búfalo. Estos soldados fronterizos fueron reclutados entre la población criolla, mestiza, indios hispanizados y esclavos liberados. La mayor parte de los oficiales eran criollos.
Los milicianos eran civiles armados y voluntarios que defendían sus territorios. Había divisiones de milicias blancas, así como destacamentos de negros y mulatos libertos (quienes llegaron a conformar unidades integrales y tuvieron una destacada participación en batallas como La Mobila).
En diferentes fases del conflicto, sus tropas se complementaron con voluntarios estadounidenses, colonos franceses que habitaban Luisiana, marineros de la Armada española y auxiliares nativos.
Vale la pena mencionar que las exploraciones y los presidios en el norte de la Nueva España se lograron gracias a la incorporación masiva de indígenas aliados (indios auxiliares) provenientes del centro y sur de Mesoamérica desde el siglo XVI. Los grupos principales que integraron estas expediciones militares fueron tlaxcaltecas, los aliados más importantes y numerosos; fundaron colonias militares y ciudades clave en la zona fronteriza (como Nueva Tlaxcala en Coahuila y asentamientos en San Luis Potosí, Zacatecas y Nuevo México) para pacificar y defender la región. Mexicas y Tlatelolcas, que participaron ampliamente desde el inicio de las primeras incursiones hacia el norte, sirviendo como exploradores y soldados junto a los españoles. Otomíes, que debido a sus habilidades guerreras y su adaptación a terrenos semidesérticos, fueron empleados como milicianos, exploradores y defensores de los caminos. Purépechas, que se sumaron en menor medida a las expediciones hacia el occidente y el septentrión. Indígenas locales pacificados, con el avance del tiempo, los españoles integraron a grupos locales del norte —como los Ópatas y Pimas— como exploradores y soldados auxiliares en los presidios, utilizándolos para rastrear a tribus nómadas hostiles debido a su profundo conocimiento del terreno.
Seguramente muchas de estas personas provenientes de pueblos originarios del centro de México terminaron asentándose en los territorios defendidos posteriormente por Gálvez y otros, incorporándose sus descendientes a la lucha contra los ingleses.
Contribución de Cuba a la Independencia estadounidense.
El auxilio de La Habana fue de gran importancia para las Trece Colonias en momentos de crisis extrema, especialmente en el sitio decisivo de Yorktown.
El apoyo de la isla se materializó en momentos cruciales de la guerra mediante una colecta urgente, en 1781, organizada en La Habana —junto con aportes de la aristocracia local y comerciantes— logró recaudar aproximadamente un millón de libras tornesas (o livre tournois, fue una antigua moneda de cuenta francesa originada en Tours, utilizada ampliamente en Europa entre los siglos XIII y XVIII). Estos fondos permitieron al general George Washington y al almirante François Joseph Paul de Grasse abastecer y trasladar sus tropas para la victoria en Yorktown, derrotando a las casacas rojas inglesas.
Soldados cubanos, en particular el Batallón de Pardos y Morenos, unidad militar formada por población afrodescendiente e indígena, lucharon junto a las fuerzas españolas del gobernador de Luisiana, Bernardo de Gálvez. Participaron de manera directa en la reconquista de La Florida y en la toma de Pensacola, dirigidos por el Mariscal de Campo Juan Manuel Cajigal y Monserrate, militar español nacido en Santiago de Cuba, debilitando la retaguardia británica.
Hay personajes que son imprescindibles de mencionar porque cumplieron importantes misiones con los rebeldes en el aprovisionamiento, con recursos monetarios y en el espionaje, entre otras acciones. Entre ellos se encuentra Juan de Miralles, un comerciante de origen español, afincado en La Habana desde 1740 y gran partidario de la causa norteamericana, y el irlandés Oliver Pollock.
Miralles obtuvo que las naves de una escuadra norteamericana que se dirigía a Francia, fuesen carenadas, artilladas y abastecidas. El Arsenal de La Habana se puso a disposición de los sublevados. Igualmente por sus gestiones, los corsarios norteamericanos se refugiaban en La Habana, donde se aprovisionaban y vendían sus presas.
De acuerdo con el historiador estadounidense Charles Lee Lewi “Si bien procedieron de varias fuentes diferentes, el principal grupo donante fueron las damas habaneras. Ellas ofrendaron sus joyas y sus diamantes —su riqueza— a la causa norteamericana”, y afirma “El tesoro público fue ayudado por personas individuales, damas, que incluso donaron sus diamantes. Cinco horas después del arribo de la fragata Aigrette (…) la suma de 1,200,000 libras fue llevada a bordo”.
Aunque legalmente Cuba era una posesión de España, hay que destacar la cubanía de las damas habaneras que ya anidaban sentimientos de solidaridad independentista y de separatismo.
El almirante DeGrasse, zarpó de Cabo Haitiano el 5 de agosto de 1781 con su flota y el día 14 de ese mismo mes, a unas tres leguas al norte de Matanzas se le incorporaron la fragata Aigrette, con su valiosa carga y las otras dos que la custodiaban, poniendo rumbo Norte el convoy francés.
En 1898, los vecinos del norte hicieron todo lo contrario con Cuba. Impidieron su independencia cuando prácticamente tenían ganada la guerra a España.
Impacto geopolítico del triunfo de la Guerra de Independencia Estadounidense en la Nueva España.
España recuperó formalmente los territorios de Florida Oriental y Florida Occidental que había perdido ante Gran Bretaña veinte años atrás. Estas regiones quedaron bajo la administración de las capitanías del Caribe dependientes del virreinato novohispano. Al recuperar las Floridas y retener la gigantesca Luisiana española (cedida por Francia en 1762), el Imperio Español aseguró el control total de la desembocadura y el margen occidental del río Misisipi. El tratado restringió el acceso y las actividades comerciales que los británicos mantenían de manera ilegal en las costas de Honduras, Nicaragua y Campeche, consolidando la autoridad novohispana en Centroamérica.
Sin embargo, esto trajo tensiones entre los EEUU y la Nueva España sobre las fronteras mexicanas. El tratado fijó los límites de los nacientes Estados Unidos: al norte el actual Canadá británico, al oeste el río Misisipi y al sur el paralelo 31° norte como frontera con las Floridas. Esto sembró un conflicto inmediato ya que España reclamaba que la frontera de la Florida Occidental se extendía más al norte, hasta el paralelo 32° 28′. Esta tensión fronteriza y el derecho de navegación comercial por el río Misisipi convirtieron a la Nueva España en el vecino directo y la primera barrera contención contra la futura expansión estadounidense hacia el oeste. El diferendo no se resolvería hasta el Tratado de Madrid de 1795.
Se establecieron las Reformas Borbónicas fueron un conjunto de medidas políticas, administrativas, económica y militares implementadas por la dinastía de los Borbones. Su objetivo era centralizar el poder en la Corona, erradicar la corrupción, modernizar el imperio y extraer de forma más eficiente los recursos económicos de sus posesiones ultramarinas, particularmente de la Nueva España.
La medida administrativa más drástica fue la promulgación de la Real Ordenanza de Intendentes del 4 de diciembre de 1786. Con esta ley, se fragmentó el antiguo modelo virreinal para restar autoridad a los virreyes y alcaldes mayores, dividiendo el territorio en 12 intendencias autónomas en materia de justicia, hacienda, guerra y policía: México, Puebla, Veracruz, Oaxaca, Valladolid (hoy Michoacán), Guanajuato, Zacatecas, Guadalajara, Durango, San Luis Potosí, Arizpe (Sonora y Sinaloa), Mérida (Yucatán).
Los territorios del norte (como Texas, Coahuila, Nuevo México y las Californias) quedaron organizados bajo una estructura militar especial llamada la Comandancia General de las Provincias Internas, diseñada para proteger la frontera de incursiones extranjeras e indígenas.
Se eliminó el sistema exclusivo de flotas y el monopolio comercial de los puertos de Cádiz (España) y Veracruz (Nueva España), permitiendo la apertura de nuevos puertos en ambas costas con el decreto de comercio libre.
A través de Monopolios de Estado (Estancos) la Corona asumió el control directo de la producción y venta de productos altamente lucrativos como el tabaco, la pólvora, los naipes y el papel sellado.
Se redujeron los impuestos a la explotación de plata y se creó el Real Cuerpo de Minería junto con el Colegio de Minería para tecnificar la extracción.
Bajo la doctrina del regalismo, el Estado buscó imponer la autoridad del rey por encima de la Iglesia. El golpe más severo ocurrió en 1767 con la expulsión de la Compañía de Jesús (los jesuitas) de todos los territorios españoles. Sus ricas propiedades, haciendas y colegios fueron confiscados por la Corona, provocando violentas revueltas populares en la Nueva España.
Conclusiones.
La historia de EEUU habría sido muy diferente sin la ayuda de México, ayuda que nunca recuperó, ni obtuvo siquiera el reconocimiento que merecía.
Sin la ayuda de la Nueva España, la independencia de los EEUU tal vez no habría sido posible. Su papel clave en la victoria de los sublevados ha quedado históricamente orillado en favor del protagonismo de Francia, pero documentos olvidados durante siglos en los archivos demuestran que los ciudadanos de a pie en México, de lo que fue Nueva España aportaron dinero de su propio bolsillo a través de “donaciones” para costear la guerra que Carlos III declaró a los británicos en 1779 y que sería fundamental para el triunfo de los revolucionarios.
La guerra fue principalmente financiada con la plata extraída por pueblos originarios y afrodescendientes.
Pero también costó sudor y sangre de toda la sociedad mexicana de la época, criolla, mestiza, de pobladores originarios y afrodescendientes. Las victoriosas batallas libradas por las tropas novohispanas/mexicanas dan cuenta de ello.
Rodolfo Ondarza-Rovira*. Ciudad de México. Neurocirujano. Activista en Defensa de Derechos Humanos. Periodista. Miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE) y de la Academia de Geopolítica y Estrategia de la SMGE. Miembro de la Legión de Honor Nacional de México. Diputado y Presidente de la Comisión de Salud de la ALDF durante la VI Legislatura por Tlalpan, México. @DrOndarza
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores
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