Don Pedro ha visitado en la mañana al Santo Padre, León XIV, como prolegómeno a la visita que realizará el mismo al Reino de España, un país donde el Jefe del Estado es un Monarca, y en la presidencia del Gobierno existe un Zar.
Don Pedro, es el varón de los dolores del pueblo español, pero no importa, porque ha prometido que nos va a quitar los dolores, mediante no sé qué progresismo que piensa aplicar. Debe ser un progresismo distinto al que lleva aplicando no sé cuánto tiempo, una eternidad, porque ese progresismo de los dolores, solo gozoso para el señor Zar, es el de la anacrónica Edad Media, en un alarde optimista, recordando al progresismo del Zar, Pedro el Cruel, famoso por su inhumanidad y reciedumbre.
Los hay que no se pueden explicar cómo podemos rechazar este progresismo zarista, en el que los defensores de Don Pedro reciben cuantiosas ayudas, sin presupuestar, porque no se han aprobado los últimos presupuestos. Los pobres inocentones, desconocen que solo reciben ellos las consabidas ayudas, y muchos otros trabajamos a destajo, para no llegar a fin de mes…
Don Pedro, volviendo al hilo narrativo inicial, fue recibido en extraordinaria audiencia por el Santo Padre, León XIV, en imágenes retransmitidas en directo, y en diferido, durante las horas de máxima audiencia en España, porque Don Pedro suspira temeroso de su imagen pública, hasta el punto de que gasta una millonada de Euros, nada menos que en maquillaje, y en una maquilladora profesional, vamos, como si fuera un actor del glamuroso Hollywood, que sale a interpretar un papel, en un largometraje de alto presupuesto, cuyo personaje debe demostrar cómo se queda con la gente, sin hacer nada, excepto poner la mano cual pordiosero, para que le caigan millones de Euros, y más millones de Euros, mientras con la otra mano reparte tales millonadas entre amigos y simpatizantes, buena parte de los cuales se pierden en sus alforjas personales.
Claro, es comprensible, porque el señor Zar de las Españas, mantiene nada menos que tres palacios operativos, para su uso personal, y el de sus amiguetes: La Mareta, Quintos de Mora, y La Moncloa, además de un Palacio volador, llamado Falcon. Yo creo que pueden comprender ahora la razón de que a Don Pedro le califiquemos de Zar, y no de presidente gubernamental.
Don Pedro, el Zar de las Españas, no sabe hacer otra cosa, excepto vivir de poner la mano, una mano prodigiosa, porque recibe millones y más millones, mientras los currantes españoles bogan sin parar, para que este señor, Bon Vivant, cual Zar del medievo, siga en la cúspide de sus palacios, alrededor de los cuales se pudren los jardines, y marchitan las flores peninsulares, y de las ínsulas paradisiacas, conocedoras de sus veranos, así como de sus millonarias inversiones en goces personales, puesto que poner la mano es una “trabajola” impresionante.
El amigo de nuestros enemigos, y enemigo de los que queremos ser amigos, sigue largando latigazos a la gente honrada de este país tan diferente a todo el orbe, mientras el Santo Padre le bendice con su acogida en un lugar de Santos y de mártires, como es la Iglesia de Cristo.
Una Iglesia, que este pretendido santurrón de Don Pedro, nunca dudaría en saquear y en quemar, si fuera necesario, en cuanto recibiera la mínima recriminación por parte de los Pastores, cuya prudencia y paciencia aprovecha el Zar de la justicia y defensor de los obreros, para tomarnos a todos el pelo, al mismo tiempo que su dadivosa mano ayudadora, siembra el desastre deudor en la Hacienda española, desbordándose algunos centimillos de su prodigiosa palma, que terminan en los sacos de mugrientos esclavos, solicitantes de la clemencia de su magnífica persona.
Si tuviera la bondad de mudarse de una vez por todas al lugar de las sombras, cuyo fuego le envuelva, y le devuelva con su Falcon, y sus desfalcos, a las profundidades de donde procede, y desde donde soportamos el sino de tenerle que padecer…
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook
Madrid, España, 28 de mayo del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria
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