Las concupiscencias de la carne

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De joven encontró demasiado áridos y simples los textos de la Biblia como para sentirse atraído por ellos. Decidió inclinarse por la filosofía.

Estableció una relación de concubinato con una mujer con quien tuvo un hijo: Adeoato.

Después abandonó a su pareja por insistencia de su madre, Mónica, y se comprometió con una mujer de su misma clase, pero el matrimonio nunca se llevó a cabo.

Un día recibió el siguiente mensaje del Señor: “Basta de excesos en la orgía y en la borrachera, baste de lujuria y lascivia, no más peleas ni envidias. Por el contrario, revestíos del  Señor Jesucristo, no os preocupéis por satisfacer las concupiscencias de la carne”.

Falleció cuando servía al Señor, en la ciudad de Hipona (430) durante la derrota de los romanos por los vándalos.

San Agustín de Hipona

Por Luis Mac Gregor Arroyo

Foto de Oscar Dominguez en Pexels.


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