LICÁNTROPA Parte III

Por Luis Mac Gregor Arroyo

Debido a sus temores Lorena se negó a salir con él un par de veces, pero Eric era persistente y ella no quería bloquearlo de su teléfono. Si bien quería evadirlo a la vez también anhelaba estar con él. Finalmente la insistencia del hombre ganó y salieron un par de veces durante el mismo mes. Eric se cuestionó si no iban un poco lento pues estaba seguro de que ella sentía lo mismo que él, de eso no había duda, esperaba que por miedo a ese sentimiento no se le fuera la mujer. Al parecer sus plegarias fueron escuchadas.

En su tercera salida Lorena estaba ya más relajada. Comenzaba a ver a Eric como la suma inevitable de sus necesidades de amor y lo que se le presentaba en la vida. Así que estaba decidida a afrontar lo que surgiera. Sin embargo, se cuestionaba de donde surgía esa emoción tan intensa cuando estaba con él. Toda su vida se había relacionado con hombres lobo. Sus padres lo fueron. De nacimiento ella era así. Su vida social la había solido tener con sus semejantes.; en fin, pensó, mientras conducía. Estaba dispuesta a arriesgarse y le iba a mostrar a él todo lo que ella era, pues él había hecho lo mismo con ella y, para hacerlo, le había invitado a acampar por la zona pantanosa cerca de Cuatro Ciénegas.

Iban platicando de lo lindo sobre cualquier bobería, pero cuando anocheció y estaban a minutos de su destino la luna llena estaba en el cielo. Entonces ella comenzó a sentir que se transformaba.

—Eric no te he dado ni un beso desde que te vi en el hospital, pero quiero decirte que te amo y daría mi vida por ti, pero esta es mi realidad y debes saberlo —. Su piel comenzaba a verse de un azul grisáceo

Él se comenzó a sobresaltar. Fue al verla cuando todo encajó; se percató de que era la misma mujer lobo que no decidió acabar con su vida hacia 29 días. En eso los músculos de ella crecieron y su cuerpo se volvió mucho más torneado. Sus pantalones se comenzaron a rasgar, no cabía en ellos y de debajo de sus labios apareció una dentadura más grande.

—Eres… ¿Eres la mujer lobo que me atacó?

Como respuesta ella aparcó la camioneta a un lado del camino —Sí, lo soy, y contigo mi instinto animal se exacerba más de lo normal. Me confundo entre quererte como víctima o como pareja mía.

—Yo siento una terrible atracción hacia ti. Te quiero, no importa lo que hagas conmigo ¿Qué vas a hacer? ¿Me vas a matar?

—Tengo que tomar mi decisión ya —. Estaba ya totalmente transformada y sin embargo irradiaba de belleza salvaje.

Eric estaba sin miedo sabía que si moría no habría mejor muerte que aquella. Ella acercó la parte superior de su cuerpo a él como para agarrarlo y morderlo, pero en eso recapacitó, le perdonaría la vida.

—¡Te amo! —Y lo agarró del cuello besándolo con mucho más cuidado que la vez anterior que estuvieran en los pantanos.

Sholtz no sabía si estaba soñando. Estaba con una mujer talentosa en lo laboral, inteligente y que además era más atractiva cuando se transformaba, logrando superar sus sentimientos asesinos por los de un amor profundo. Se dejó querer.

Estaban en un área de poco tránsito. Licántropa llevó la camioneta de doble tracción al interior de la zona boscosa y pantanosa. Una vez fuera de la posibilidad de ser vistos se arrojaron uno sobre del otro y se arrancaron algo de sus vestiduras como pudieron. El sueño de cualquier hombre de aventura lo viviría un vendedor de café… Intimar con una mujer tan salvaje como un lobo. Esa realidad no estaba exenta de peligros y ella como pudo se lo expresó a su amado deteniéndolo un instante:

—Debes ser tierno en tu arrojo sino puedo perder el control y por instinto podría lastimarte o incluso peor.

Eric ya lo intuía —Lo sé –, y se abalanzó hacia ella.

Ella ya estaba medio desnuda. Su camisa estaba hecha trizas y los pantalones apenas cubrían sus partes nobles; en cuanto él su camisa había sido rasgada por ella en desesperada necesidad de querer tocar su piel. En eso alguien abrió y zafó la puerta de la camioneta del lado de ella. El ruido la puso en alerta y para cuando Marcos –como hombre lobo– quiso entrar a sujetarla, ella ya lo esperaba, y como pudo lo empujó.

El licántropo sintió un dolor repentino en el brazo que había tenido lastimado, eran los efectos que quedaban de cuando ella lo había herido de allí, por ello no pudo oponer mucha resistencia. Pero con todo tenía confianza en que acabaría venciéndola. Quería ser el líder de la manada y debía someterla para lograrlo. Pese a su brazo, todavía doliente, su cuerpo era más fuerte que el de ella. Era una oportunidad que no deseaba dejar pasar.

Al ver que ambos estaban fuera del vehículo Eric no pudo mas que salir también, ¿cómo ayudar? Su amor estaba en peligro. Se le ocurrió ir a la parte trasera de la camioneta para ver si encontraba algo que fuera de utilidad.

En lo que él iba a la parte posterior del vehículo, Marcos había logrado empujar a licántropa en el suelo y se prestaba a abalanzarse sobre de ella. La haría suya, la volvería loca de pasión y sería el dirigente de la manada.

Eric encontró un trinche de jardinero en la caja de carga del vehículo, lo sujetó y se fue para donde estaba Marcos y Lorena. El hombre lobo sujetaba a la hembra del cuello, la intentaba ahorcar a la par de intentar fornicarla. Rojo de ira Eric le enterró el trinche por atrás. Si hubiera sido un humano normal Marcos tal vez hubiera podido tener una herida fatal, pero por ser hombre lobo sólo podía fallecer por una bala de plata o por otro de su especie.

El dolor que le invadió hizo que descuidara a Lorena, logrando ella librarse de la pinza ante la cual estaba sujeto su cuello. El hombre lobo como pudo se arrancó el trinche de espalda y se agitó en el suelo del dolor, fue cuando ella lo sujeto del cuello y la cabeza y con un hábil movimiento de brazo hizo girar su cráneo más de lo debido y lo mató. En el suelo, inerte, el cuerpo de Marcos volvió a ser humano, ya no sería un molestia.

Habían tenido suerte ella, sólo tenía algunos rasguños leves y Eric sólo se llevaría el susto. Por miedo a sus instintos de loba, como pudo le hizo entender a su amado que se retirara en la camioneta, que ella ya lo alcanzaría después. Debía enterrar o desaparecer el cuerpo de Marcos y hacer frente a los demás miembros de la manada lo cual le imposibilitaría ser dulce y noble. Eric se sintió como si le hubieran llamado la atención un poco, pero al final comprendió: ellos ya eran uno, sólo restaba que se acoplaran y ella no podría actuar de pareja de él frente a los demás licántropos. Era mejor irse o arriesgaba la vida. Puso sus manos a los lados de las mejillas de la mujer lobo y la besó con ternura, lo que calmó algo los instintos asesinos de ella. Después subió a la camioneta y se marchó.

En el camino conforme se iba acercando a Saltillo, Eric se puso a recordar todo lo ocurrido desde su primer encuentro con licántropa. Estaba vivo y era pareja de una mujer tremendamente guapa, que se transformaba en mujer lobo, volviéndose todavía más atractiva, pero… realmente podría funcionar su relación. Ella debía estar con los de su manada cuando era luna llena y mataba para alimentarse, su instinto la llevaba a ello. Era una asesina. Tal vez no podía juzgarla porque sus instintos animales la dominaban en parte al ser mujer lobo. ¿La amaría tanto como para pasar eso por alto?


El crimen cometido a un miembro de la manada era una falta grave. Los lobos tenían la costumbre de cuidarse instintivamente. Las víctimas eran los humanos o todo lo que se cruzara en su camino. Así que licántropa les explicó que Marcos quiso abusar de ella y no había tenido otra opción. Además estaba claro en sus reglas que si un macho era rechazado o vencido una vez por su líder no tenía derecho a volver intentar la conquista hasta seis meses después, y Marcos lo había intentado a las cinco semanas.

La manada reaccionó favorablemente para con ella y pasaron toda la noche en hacer ritos pertenecientes a ellos y en buscar comida fresca. En cuanto al cuerpo de Marcos, cavaron una fosa y lo dejaron ahí, cubierto con tierra. Pese a que varios de la agrupación se dieron a la tarea de buscar alimento, licántropa prefirió no tomar parte en ello, sólo se comportó como dirigente, pero no actuó contra alguna otra persona ni probó bocado. El amor hacia Eric le estaba moviendo a cambiar. Finalmente casi al terminar la noche tenía verdadera hambre así que dio muerte, junto con otros licántropos, a un becerrito que apareció, posiblemente habiendo huido del corral donde debió pertenecer: “Bueno”, pensó, “al menos no estoy matando un humano”. Veía luz en el camino, pero sabía que debía tener mucho cuidado pues podría en algún momento lastimar a su amado.


Pasaron un par de semanas y Eric no se ha atrevido a buscarla ni ella a él. Sin embargo, el sentimiento terminó por dominarlo y decidió buscarla en su casa. Una vez ahí nadie le abrió la puerta y todo se veía como abandonado. Pese a ello no se rindió y decidió buscarla en la firma de consultoría. La respuesta que obtuvo en la compañía es que tenía días que no sabían de ella, sólo habían recibido una llamada de ella avisándoles que dejaba el trabajo y que les agradecía mucho. Sin más opción Eric caminó cabizbajo a su hogar.

Así dos días más tarde, triste por no saber de Lorena, ella se le presenta de la nada mientras está tomando un café y un desayuno en el pequeño restaurante de Bob’s. Se ve que lo venía observando de tiempo atrás pues entró con decisión y se sentó sin titubear en su gabinete. Miguel quien masticaba un emparedado sintió que le costaba trabajo pasar el bocado tras verla de frente, escultural como era, sentarse frente a él.

—Bueno, de tanto buscar me has encontrado.

—¡Sí! –pasándose con trabajos su bocadillo —La verdad no es lo mismo sin ti. Me gustas como mujer y como licántropa.

—Eso era lo que tenía miedo de no escuchar –y puso sus manos una sobre la otra, descansándolas sobre la superficie de la mesa.

—Eric, te quiero con todo mi corazón, pero no puedo consentir en que estés así cerca de mí, pues soy una mujer lobo.

—Y eso qué tiene que ver.

—Todo, no puedo cambiar, y un día voy a acabar lastimándote cuando sea luna llena; pero tampoco te quiero alejado de mí. Estoy, de alguna forma, ansiando estar a tu lado en todo momento.

—Yo igual… No me dejes por favor, encontraremos alguna solución.

—Bueno, es que hay solución –sujetando su mano entre las suyas.

—¡Dime! ¡Lo que sea!

—Tendrías que volverte hombre lobo y me deberías de ayudar a guiar a la manada.

Miguel respiró profundamente quedándose quieto como sopesando lo que ocurría. Trató de razonar cómo se sentiría sin ella y con ella. Lorena sólo esperó paciente. Sabía que él estaba razonando su oferta, y mientras lo sujetaba entrecerró los ojos como si le suplicara a Dios. ¿Ella creería en el todopoderoso? Era lo de menos, Eric tomó su decisión mientras trataba de concentrarse sólo en él.

—Está bien, veo mi vida como algo miserable si no te tuviera a mi lado. Te quiero como loco Lorena y cuando estás de mujer lobo la atracción es más… ¡¿Qué debo hacer?!


La semana que siguió pasó volando… Eric conocía cada vez más a Lorena de quien caía enamorado aún más, al igual que ella de él. Finalmente, un viernes ella le dijo que recapacitara si quería ser hombre lobo, pues el tiempo se agotaba. Sholtz le confirmó que no había ninguna duda dentro de él, su mundo era ella; pero puso una condición: no matar más seres humanos.

—No más crímenes Lorena, sino no cedo. ¿Podemos matar –tal vez– venados, ganado, animales…?

—Sí podría ser. Es una vergüenza que no lo hubiera tratado de establecer antes en la manada pero como lo hago desde pequeña, no me he hecho de una conciencia al respecto. Tal vez algunos no estén de acuerdo, pero como líder del grupo puedo hacer valer mi autoridad. Ahora me siento apenada y hasta culpable por matar. Nunca me había acercado en lo personal a ningún ser humano como contigo. Toda mi vida social la he llevado a cabo con licántropos. Supongo que es necesario el cambio.

—Pues sí, pero esa es mi condición.

—Me puede costar algo porque el instinto de matar, cuando soy licántropa, es fuerte pero sí, las victimas pueden ser animales, de lo que se trata es de satisfacer el hambre con alimento fresco y encausar fiereza de hombre lobo que uno lleva consigo. Ahora sí vas a ser hombre lobo…

—¿Sí?

—He arreglado todo –y lo miró con cierta reserva —. En dos días deberemos estar en una clínica privada para que te done sangre. Después de ello la próxima luna llena serás un hombre lobo.


Dos días después Erich Sholtz sentiría diferente el correr de la sangre por sus venas y a fines de mes se convirtió por primera vez en un hombre lobo. El cambio le agradó y atrapar un venado también le hizo sentir bien. Finalmente se volvió un líder de la manada junto con Lorena y todo siguió su camino. Los hombres lobos dejaron de matar humanos y pudieron residir en una ciudad mucho más tiempo del usual, porque para no despertar sospechas después de cierto tiempo cambiaban su lugar de residencia.

Lorena y Eric fueron felices. La mujer que olía a sexo y a un amor desencajado por fin sería de él al 100% y en las noches de luna llena aullarían juntos.


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