No, estimados lectores, no es que me hayan premiado, más bien le otorgan a uno cargas y disgustos, en este mundo del que un fino humorista, cual fue el enorme, Groucho Marx, confesó que se quería bajar, o lo que es lo mismo, abdicar de la dudosa, tantas veces, ciudadanía del mundo, puesto que, sin darnos cuenta, somos más esclavos que ciudadanos, ante todo en los actuales tiempos.
Los premios o condecoraciones, tienen, o deberían tener, un sentido de aprecio y reconocimiento hacia una persona, y la obra que haya podido constituir, normalmente a lo largo de los años de una carrera, o por alguna gesta muy destacada.
Lo mismo que los premios se conceden a personas determinadas, también las instituciones que otorgan el premio, adquieren una relevancia y un prestigio, al distinguirse por haber sabido reconocer los méritos de los que son premiados.
Lo peor que puede pasarle a un premio o a un homenaje, es que constituya toda una comedia para lograr blanquear comportamientos deplorables hacia quien es premiado.
En otras ocasiones, los premios han sido otorgados a cambio de favores, gestos, o, sencillamente, de dinero. En múltiples ocasiones, sucede así sin que nos enteremos.
Pero los premios se podrían utilizar también como arma arrojadiza, al provocar agravios comparativos. Si existe una rivalidad entre determinadas figuras, darle un premio a una, y dejar a la otra sin premio, sería una forma de agresión solapada.
Debemos tener en cuenta que, los premios, suelen ser concedidos por instituciones respaldadas por el poder político, o que están relacionadas con el mismo, por lo que es complicado que siempre se haga justicia. Bien sabemos de la mezquindad de la política, con grandes intereses instrumentalizadores y manipulativos, no siempre en consonancia con los verdaderos méritos de los que merecerían ser elevados y destacados.
FRAN AUDIJE Fotografía Facebook Madrid, España, 6 de agosto del 2026 Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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