PETER THE FOOL

Érase una vez un tirano que reinaba en el Reino de los tiranos.

Si el Reino de los tiranos era tiranizado por un tirano, es fácil imaginar que tal tirano era el más cruel e inhumano de todos los tiranos en el haber de este Reino de tiranos.

Los tiranos de un Reino tan peculiar, con un campeón de la tiranía, en su cúspide, agredían a los más débiles de esa sociedad: las mujeres y los niños, profesando una animadversión bastante loca y llena de violencia hacia los honrados, y hacia aquellos que defendían la libertad basada en el respeto de la Ley, de los derechos humanos, y de la ética y la moral, como manera de relacionarse entre unos y otros, facilitando la convivencia en concordia.

El tirano aquel tan tirano, es decir, el más tirano de todos, dirigiendo los designios de Tiranolandia, el mayor Reino de tiranos del mundo, era conocido como Peter por sus devotos admiradores, aquellos tiranos que lo tenían por Maestro de la tiranía. Sin embargo, sus víctimas y sus detractores, la gente honrada de aquel país de tiranos, se referían a este Super Tirano, como Peter the Fool.

Los nombres de este tiranosaurio, en una época donde ya no se estilaban estos gobernadores incivilizados, significaban Pedrusco, o Pedro; y el apellido otorgado por la gente honrada, y por sus víctimas, significaba que estaba loco, en el sentido de que padecía un trastorno mental.

Como todo tirano, Peter the Fool, poseía un apego al poder tan obsesivo y enfermizo, que nadie osaba acercarse a su poltrona del poder, por miedo a que rodaran cabezas, solo verse intimidada su patológica manía de aferrarse al lugar donde sus tiránicas posaderas ordenaban perseguir a las personas débiles, y a los hombres honrados.

Un día de aquellos sangrientos, en los que este enorme y cobarde tirano decidió salir personalmente a las almenas de su palacio, de modo que pudiera respirar el edor de los cadáveres de la gente débil, y de los honrados, dejados a la intemperie pudriéndose, puesto que este holor tan penetrante le hacía gozar especialmente, se levantó un viento inusualmente fuerte, que fue elevando frenéticamente su fuerza, hasta convertirse en un huracán.

El huracán barrió con aquel insoportable edor, tan gozoso, sin embargo, para el enfermo de Peter, el cual, sintiose tan sumamente molesto por este robo de un placer intensísimo para él, que ordenó a sus tiranos subalternos, apresaran aquel huracán, y lo metieran preso en una Cárcel para vientos huracanados.

Los tiranos subordinados a este tirano poderoso en tiranía e injusticia, no sabían realmente cómo apresar a un huracán. Entonces, el rey de los tiranos de Tiranolandia, fue lleno de furia y rencor a tomar preso al huracán, ladrón de los placenteros hedores aquellos, y cuando se presentó ante el huracán, este sopló y resopló con una ira de justicia de semejante calibre, que, a pesar de ser tan tirano el rey de Tiranolandia, salió despedido con la enorme e insuperable fuerza de los vientos huracanados, lejos de la atmósfera terrestre, hacia el espacio exterior, y más allá…

Peter the Fool, mientras recorría el Universo impulsado por los vientos fornidos del huracán, al pasar cerca de uno de los planetas, estiró uno de sus brazos y con su mano acabada en una garra de rapaz, consiguió asirse a una de las montañas de aquel planeta, donde se dejó caer en una hermosa ciudad.

Aturdido por la violenta caida, cuando volvió en sí, pudo darse cuenta de que, un pequeño hombrecillo verde, le había colocado los grilletes de la justicia y el honor, encontrándose entre rejas.

-¡Yo no merezco la Cárcel, es mi derecho la liberación de la tiranía y de la opresión!

A lo que el hombrecillo verde contestó:

-Ha recalado usted en el planeta de la libertad y el amor, donde queda terminantemente prohibido, mancillar hogar alguno, ni pisar a los enamorados, acción perpetrada por usted al caer de culo, en nuestra tierra y en nuestra hermosa ciudad llena de amor.

FRAN AUDIJE


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