Uno ama lo que siente como propio, porque se siente identificado con ello, y, al notar el reflejo de los anhelos ajenos, o de los ideales propios, en el objeto en cuestión, el mismo es amado y contemplado con respeto.
Por el contrario, aquello que nos merece desprecio, lo solemos maltratar. Y, lo que nos merece indiferencia, lo tratamos con desdén, que es otra forma de maltrato, aunque pasiva.
A veces nos vence la inconsciencia, sobre aquellos objetos que debieran ser amados. Esta inconsciencia, podría ser cultural, o pertenecer a la idiosincrasia de los pueblos. En otros casos, la inconsciencia se debe a una falsa apreciación, motivada por manipulaciones políticas.
Pero volvemos a incidir en el tema de que, lo que nos pertenece, es porque lo tratamos con mimo y consideración, o, al menos, con respeto. Solo aquello que no queremos o que no nos gusta, queda lejos de nuestro alcance o de nuestra propiedad, porque estamos generando un rechazo hacia aquel objeto.
Existe una sola excepción al maltrato ejercido sobre cosas de nuestra propiedad, fuera de lo cultural, de lo idiosincrásico, o de la manipulación, y es el caso en el que se considera algo como propio, bajo trastornos mentales, que nos conducen a falsas apreciaciones, dentro de las cuales caben los maltratos, e, incluso, la destrucción del objeto.
Un ejemplo muy claro es el de aquel varón, que asesinó a la mujer que amaba. Al ser preguntado por el Juez la razón de tan vil acto, su contestación fue: “La maté porque era mía”. Evidente es que nos encontramos ante el caso de una demencia, por parte del asesino, puesto que nadie hace tanto daño, como llegar a quitar la vida a otro, por razones de amor.
Cuando uno ama a otra persona, lo que hace es tratar de complacer a esa persona amada. El amor excluye el maltrato, casi por definición, salvo los casos que hemos descrito.
Solo he visto tiranías de los hombres, hacia otros hombres, cuando el tirano padecía una enfermedad mental, o cuando ostentaba alguna ideología determinada, que excluía el respeto hacia los demás compatriotas, todo lo cual es fácil de presenciar en los casos de llegada al poder de las naciones, de personajes con mentalidades extremas.
Los mandatarios equilibrados, con sentido común, y demostrada cordura mental, no se dedican a someter a sus pueblos, beneficiando a unos pocos, para que apuntalen su poder con un apoyo incondicional. Muy al contrario, los demócratas suelen ser gente inclusiva y aglutinadora, que sabe escuchar otras opiniones, y sabe encajar criterios diferentes al que él mismo ostenta.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook.
Madrid, España, 3 de junio del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria
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