En un magnífico partido contra Francia, y dando una lección de juego, en una línea homogénea con el resto de los partidos disputados, España logró imponerse por dos goles a cero, de tal forma que se planta en su segunda final de un Mundial de Fútbol, habiendo conseguido en la Final del Mundial de Sud África 2010, su primer título, tras imponerse ante Holanda.
Celebramos la llegada a la Final de este Mundial compartido como sede, entre las naciones hermanas de la América del Norte, porque es un enorme mérito conseguir esta meta, a falta de lo que ocurra en la Final del Mundial. Y para recordar la triste realidad del mundo que vivimos, de la que, durante la celebración mundialista, acaso nos habremos evadido, sin mi queja por este hecho, en absoluto, puesto que nunca viene mal tomarse unas vacaciones de este duro mundo, aunque, inevitablemente, debamos volver a él.
Francia ha caído frente a España, en un partido de fútbol, pero, si comparamos datos de la situación económica, social, y política, entre ambas naciones, quienes caemos abrumadoramente somos los españoles con nuestro país.
Francia es una potencia económica, demográfica y militar más grande, con un PIB anual que ronda los 3 billones de euros frente a los 1,7 billones de España.
Esto es solo un indicio de la diferencia que existe entre una de las grandes potencias de la Unión Europea, y nosotros los españoles, una nación histórica, España, con un impresionante bagaje cultural, pero que acusamos una decadencia de siglos, como constató no hace mucho, la Generación literaria de 1898, a la que algunos tildan, inconscientemente, como Generación de «acomplejados».
Lo último que nos está pasando, es la renuncia tácita de nuestra sociedad, a la convivencia democrática, con todos los derechos y libertades logrados, sin precedentes en nuestra historia.
Todo a raíz de la llegada al poder de un tal, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, que se dice socialista y feminista, pero que no para de traicionar su propio ideario ideológico, al violar los derechos humanos de forma grave, promover la prostitución, y endeudar a España hasta límites insostenibles, entre otras muchas hazañas criminales que se están investigando.
La sociedad española se ha dormido ante la apuesta por el totalitarismo de este señor tan apuesto, y, al mismo tiempo, tan tramposo y embaucador, que juega con el «pan y circo», de la promoción del sexo hasta límites de perversión y de indecencia, además de la compra de apoyos, mediante sus famosas «pagas», a cambio de una restricción de derechos fundamentales, y del empobrecimiento de nuestro país.
España gana en el fútbol, pero es derrotada por goleada por sus propios políticos, que nos traicionan y nos abandonan a los leones, con tal de permanecer en el poder, practicando una política de encantamiento de serpientes, difícil de igualar entre los paises desarrollados de Occidente, porque supone una degradación en todos los órdenes, y, como he señalado, la aceleración de la decadencia denunciada por la intelectualidad generacional de 1898.
FRAN AUDIJE
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