*Por Isrrael Sotillo*
Imagen: La Guaira. Redes sociales.
_Barinas, Venezuela, 13 de julio de 2026.–_
Con Alberto Ochoa he estado compartiendo casi a diario inquietudes de diversa índole, sobre todo acerca de la política, la economía, las artes y la tauromaquia.
Alberto Ochoa, es un artista de la luz, y quien vive en la ciudad de Valencia, Capital del estado Carabobo, es economista egresado de la UC; Ochoa se ha destacado por ser un hombre con una imaginación creadora y retadora en el campo visual… y por su amplio dominio de la fotografía, de imágenes intervenidas y recreadas mediante la expresión directa de las emociones, de sus emociones. En su libro de fotografías de las casas más antiguas de Valencia, desarrolla un trabajo único de «fotografía documental y de calle», en el que interpreta cabalmente la profundidad artística de la arquitectura de la primera capital política de Venezuela; en esa propuesta, destacan las fotos tomadas en espacios de poca iluminación y la posibilidad de los claroscuros como fuente de inspiración artística.
A través de Alberto Ochoa, pude conocer, muy recientemente, acerca de *Gordon Cullen*, un influyente arquitecto, urbanista e ilustrador británico, reconocido mundialmente por desarrollar la teoría del *Paisaje Urbano* (Townscape). Cullen destaca con su enfoque revolucionario de la planificación al priorizar la percepción humana y la experiencia emocional de los peatones sobre los diseños geométricos y rígidos del Movimiento Moderno.
Asimismo, Alberto Ochoa, motivó en mí una fe profunda para indagar sobre *Camillo Sitte*, un influyente arquitecto, pintor y teórico urbano austríaco, ampliamente reconocido por sentar las bases de la crítica al urbanismo moderno e industrial. Su enfoque defendía la recuperación de la dimensión humana, orgánica y estética en el diseño de los espacios públicos que es lo que procede hacer ahora mismo en La Guaira.
Ambos intelectuales, tanto *Gordon Cullen*, como *Camillo Sitte*, pueden contribuir grandemente con sus teorías a levantar el ánimo, como corresponde, a la comunidad de La Guaira en medio del dolor, aportándonos la primera línea de respuesta psicológica y al mismo tiempo recordándonos tener muy presente que el espíritu de la belleza es lo único que puede florecer sobre los escombros.
Alberto Ochoa me aportó el texto inspirador, el cual he desconstruido de alguna manera partiendo de Jaques Derrida, y con ese hilo conductor lograr ubicarnos en la perspectiva del arte y precisar a corto y mediano plazo cómo se desarrollará la visión estética en los espacios destruídos por el doble sismo que estremeció a La Guaira el pasado miércoles 24 de junio de 2026.
_Experiencias, cultura y contexto_
Con base en la historia de éste y otros países, ¿cómo impactará la tragedia de estos terremotos en el arte urbano de Venezuela, al menos en lo que resta del año 2026?
«Aplicar el impacto de un terremoto al arte urbano en el contexto venezolano nos saca de la lógica mercantil de los bienes raíces y nos introduce directamente en las teorías del urbanismo desarrolladas por *Camillo Sitte* o *Gordon Cullen*, las cuales van desde el Sensorama de la ciudad y el concepto de la ruina estética.
Históricamente, tras un sismo mayor (pensemos en el terremoto de Chillán en Chile, el de México en 1985 o la destrucción de monumentos en Italia), el espacio público sufre una mutilación que altera por completo la experiencia psicogeográfica de los ciudadanos.
Durante lo que resta de 2026, el arte urbano en el país experimentará una transformación profunda a través de las siguientes dinámicas estéticas, políticas y estructurales:
1. La fragmentación del guion urbano (La pérdida de hitos)
En las teorías de Gordon Cullen, la ciudad se recorre como una «visión serial»: el ciudadano experimenta el espacio a través de una secuencia de estímulos visuales (un muro pintado, una escultura en una plaza, una perspectiva arquitectónica).
_Sobre el impacto_:
El sismo rompe ese guion de golpe. La caída de edificios, el agrietamiento de muros icónicos que servían de lienzos para muralistas y el desalojo de plazas públicas destruyen los hitos artísticos de la ciudad. El arte urbano preexistente pasa de ser un elemento de gozo estético a convertirse en un «registro arqueológico del trauma». Ver un mural agrietado a la mitad o una escultura pública desplazada de su eje genera una disonancia cognitiva en el transeúnte: el arte, que debía embellecer o subvertir la prisa urbana, ahora testimonia la fragilidad de la infraestructura.
2. El nacimiento del «Muralismo del Trauma» (El arte como contenedor)
Tras el shock inicial de los primeros meses, el arte urbano siempre emerge en la historia como la primera línea de respuesta psicológica de una comunidad (compasión colectiva).
_La tendencia del arte en La Guaira para el resto del año:_
Los muros que queden en pie en las zonas más afectadas se convertirán en pizarras de catarsis. Veremos un auge del grafiti y el muralismo de carácter comunitario, no ya patrocinado por marcas o instituciones de diseño, sino de carácter netamente popular y conmemorativo. El arte callejero asumirá la tarea de honrar a las víctimas, reconstruir la identidad vecinal y sanar el tejido social a través del color. El spray y la brocha gorda que serán herramientas de primeros auxilios emocionales en el espacio público.
3. La devaluación de la escultura aérea y el triunfo de la escala humana:
Un sismo altera radicalmente la percepción del peligro en el Sensorama de la calle. El ciudadano desarrolla una fobia justificada hacia los elementos colgantes o elevados.
_Algo más de «El impacto»:_
Las instalaciones artísticas aéreas, las esculturas pesadas de metal o concreto ubicadas en alturas, o el arte cinético integrado a fachadas de edificios viejos van a ser vistos con profunda sospecha y miedo por parte de la población. La gobernación, las alcaldías y las instituciones culturales se verán obligadas a remover o asegurar estas piezas por razones de seguridad civil.
En lo que resta del año, el arte urbano se desplazará hacia el «suelo y la escala humana»: intervenciones en el pavimento, arte efímero en las aceras, y propuestas utilitarias (bancos, paradas de autobús intervenidas) que ofrezcan sensación de solidez y resguardo.
4. La resignificación de la Ruina (El «wabi-sabi» de la catástrofe)
Para un investigador del arte y la performance, éste es quizás el fenómeno más fascinante. Los espacios colapsados, los terrenos baldíos que dejen los edificios demolidos por daños estructurales y las estructuras a medio caer se transformarán en el nuevo escenario del arte transgresor.
_El espacio de la intervención:_
Los artistas urbanos independientes y los creadores de *performance* ocuparán estas ruinas improvisadas para realizar actos de memoria, proyecciones mapping nocturnas o instalaciones con los propios escombros. La estética de la ciudad ya no buscará el acabado limpio e higienizado del urbanismo moderno, sino que abrazará el «wabi-sabi» trágico de la herida abierta. La ruina se vuelve el proscenio donde el arte denuncia la falta de mantenimiento institucional y la vulnerabilidad de la vida.
_La Dimensión de la Performance Urbana_
Si antes del terremoto la ciudad era un escenario para el disfrute y el capital erótico, ahora la calle se convierte en un «espacio sagrado de duelo y reconstrucción».
El arte urbano en Venezuela, en los próximos meses, dejará de ser decorado o adorno de la polis para recuperar su función ritual primitiva: señalizar el peligro, unir a la comunidad en el dolor, y para recordarnos que el espíritu de la belleza es lo único que puede florecer sobre los escombros. La ciudad se ha convertido en un lienzo de supervivencia».
Los artículos de opinión y fotografías son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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