Yo creo, desde mi honestidad cristiano-católica, en la reconciliación y en el perdón nacionales, entre todos los españoles. Creo en la necesidad de la que llaman: “Memoria Histórica”, no como un instrumento de combate de la izquierda política española, contra el otro bando, sino como un instrumento global de toda España, para poner de manifiesto lo que ha ocurrido, en cuanto a abusos insolidarios, entre nosotros mismos, de manera que nada de esto vuelva a ocurrir, puesto que supone un atentado general de todos los españoles contra nosotros mismos, un feo y vil atentado contra la patria.
No es que unos sean los buenos, y los otros sean los malos, sino todo lo contrario: nos hemos traicionado entre nosotros mismos, sin que quepa redención hacia nadie, porque todos hemos sido culpables, por una razón o por otra. Aquí no existen los santos, y, héroes, hay muy pocos. Seamos honestos y reconozcámoslo. Dejemos a un lado la hipocresía y el cinismo. Hemos sido tan miserables y canallas, que nos hemos vuelto contra nosotros mismos. El resultado es que, España, es el principal enemigo de sí misma.
Creo que debemos mirar nuestra historia, y nuestro desastre nacional, con indulgencia, tratando de acallar los rencores de los unos contra los otros. Esta es la mejor utilidad que podemos darle a la Memoria Histórica. Y la reconciliación, de toda España consigo misma, es fruto al que, sin duda alguna, debemos aspirar.
Esa manía tan española, de la marginación de aquel que nos resulta incómodo, hasta el límite del asesinato, o de la expulsión de su casa, al exilio obligado por la persecución y el desprecio, debe ser reformada y acallada, hasta que logremos hacerla desaparecer.
En España cabemos todos, siempre y cuando aceptemos los hábitos democráticos, y el respeto a la Ley, por tanto, la instauración del Estado de Derecho debe ser definitiva y obligada, si es que deseamos de verdad una España donde todos prosperemos, en la medida de nuestros valores y de nuestro esfuerzo. Pero sin dejar tirado a nadie, porque aquel que no sea capaz de llegar a unos mínimos de dignidad, pueda ampararse en unas medidas sociales, que le auxilien en su desamparo y debilidad.
Por otro lado, sabemos muy bien todos, que la impunidad ante los delitos de lesa humanidad, pero ante cualquier otro delito grave también, es un mensaje a los criminales de que no pasa nada, o de que no pasa gran cosa, cuando la haces de manera importante. Un mensaje peligroso, que creo se debe evitar, sin perjuicio de que se suscite el perdón y la reconciliación.
España se ha venido convirtiendo, en los años de la democracia, sin que dejemos de reconocer las virtudes de la misma, en un bastión de la criminalidad desde el poder, que ha fortalecido el crimen organizado, incentivando la traición a nosotros mismos, de la que hemos hablado anteriormente.
Creo que nunca deberíamos aceptar considerar que el pulpo es un animal de compañía, o temas análogos. Perdonar, no significa ocultar lo que ha ocurrido, que para eso está la Memoria Histórica. Dejar el rencor, sería muy bueno, pero dejar impunes las deslealtades y crímenes de lesa humanidad, constituiría una enorme ingenuidad.
FRAN AUDIJE
Madrid,España,19de julio del 2026
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