Tener derechos es estupendo, pero más que una alegría, detentar un derecho o unos derechos, máxime si son reconocidos a nivel oficial administrativo o Estatal, poder gozar de derechos es una necesidad vital, puesto que los derechos significan libertad, autonomía, y capacidad de independencia.
La pasada regularización masiva de inmigrantes en España, mantuvo algunas escenas que me llamaron la atención, en relación a la necesidad de gozar de derechos, en este caso de ciudadanía española: colas larguísimas de gente, aguardando el turno para ser atendidas en los organismos oficiales. Se llegaba a pasar la noche en el turno de la cola para acceder a la regularización.
Se suele decir que, hasta que no te falta algo fundamental para vivir, no eres capaz de comprender la necesidad de aquello que te pueda faltar, cuando lleva el carácter de ser vital para sobrevivir.
Ponerse en la piel de los demás, es harto difícil, por eso, probablemente, uno de los grandes luchadores por la libertad de los pueblos, como fue el Ché Guevara, decidió trabajar en los ingenios de azúcar cubanos, como un obrero más, cargando los sacos repletos de azúcar, y realizando las duras actividades cotidianas de estos obreros, una vez había triunfado la revolución de Fidel Castro.
Sin embargo, la detención de derechos, bien fueran de ciudadanía, o cualesquiera otros que pudiéramos disfrutar, conlleva, no solo el disfrute de tales derechos, sino, además, el ejercicio de enormes responsabilidades, porque debemos ser conscientes de donde comienzan nuestros derechos, y de donde acaban.
Si todos queremos hacer uso de los derechos que tenemos, estos deben estar limitados, precisamente por los derechos de las demás personas que conviven con nosotros en la sociedad.
Un derecho sin limitaciones, que se ejerce y se disfruta sin tener en cuenta a las personas que nos rodean, podría devenir en un abuso, en una violación de otros derechos ajenos, o en la práctica de la tiranía de tal derecho.
“Mi libertad acaba donde empieza la de los demás”, menta uno de los principios más principales del Derecho. Seamos responsables, pues, a la hora de poner en práctica nuestra libertad, compuesta de los derechos que nos concede nuestra pertenencia a una nación, es decir, nuestra ciudadanía.
Un derecho que se desboca, o que se practica sin contemplación alguna, devendrá, como es lógico, en una esclavización de otras personas, en su caso, ciudadanos como nosotros, que podrían ser arrollados ante nuestra irresponsabilidad.
A menudo, en la Historia, se han vivido episodios o épocas, de verdadera marginación de colectivos, con los mismos derechos humanos y fundamentales que el resto, es decir, con idéntico derecho a alcanzar la felicidad, y la auto realización como personas.
Tales experiencias de vivir esclavizados y sin derechos, debería movernos en los tiempos actuales, no a la revancha, o a la venganza, sino a tratar de poner los medios para que algo así no volviera a sucederle a nadie.
La justicia verdadera, no es venganza, o el ojo por ojo y diente por diente, sino la posibilidad de convivir, aun en la diversidad, en concordia unos con otros, a pesar de las diferencias que puedan darse.
FRAN AUDIJE
Madrid,España,17 de julio del 2026
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