La Transición española a la democracia, generó un efecto llamada de españoles en el exilio, que volvieron a España muy bienvenidos por todos.
Otros muchos, por primera vez en su vida, pudieron alzar sus voces para defender sus ideas e ideales, bajo la proclama general de “¡Libertad!”.
En el Parlamento español, de las Cortes Generales, estuvieron representados todos los españoles, de un lado y de otro, de una manera de pensar, y de otra muy distinta: desde los nacionalistas (Incluidos los proterroristas), hasta comunistas, socialistas, fascistas, y conservadores.
Incluso, a los más llorones y victimistas, como los nacionalistas vascos y catalanes, se les concedía una influencia extraordinaria a la hora de posibilitar gobiernos, o de cancelarlos, puesto que su privilegiado trato por el sistema D’ont, de recuento electoral, les permitía constituirse en partidos “bisagra”.
Era el nuevo espíritu español, el espíritu de la Transición a un nuevo modelo de Estado, donde primara la libertad de todos los españoles. Y fue así durante un tiempo… breve, todo hay que decirlo, porque los consensos y los perdones de unos españoles con otros, que parecían haber aprendido a hacer de tripas corazón, a pesar de todas las injusticias y de todas las masacres, durante la cruenta guerra civil entre 1936 y 1939, más la posterior postguerra, tan dura como la guerra, porque fue otra guerra, pero esta vez contra el hambre, la miseria, y los muchos sacrificios.
España fue, durante aquellos dulces años de reformas políticas, y de una democracia como nunca la había habido en España, y en muchos otros lugares del mundo, una gran llamada de atención para el resto del mundo, puesto que se había conseguido la revolución democrática, casi sin derramamiento de sangre, y en una paz convivencial ejemplar.
Pero no todo fueron sonrisas y parabienes, porque comenzaron a surgir los temidos nubarrones en el horizonte, que han acabado por cubrir los cielos, otrora soleados, de la mítica iberia y sus ínsulas magníficas.
La corrupción política, si la analizamos bien, nunca deja de ser una traición a la patria: comenzaron los saqueos y las violaciones de los derechos fundamentales, y aquellos políticos nacidos del consenso y la buena fe, tan aclamados por sus votantes, y plenos de seguidores y simpatizantes, con apariencia de mesías y de reyes Midas, tornáronse los más fieros estafadores y tiranos que contemplaran los siglos.
Todo bajo el paraguas de la democracia y de la Unión Europea, bendiciendo los barcos de la democracia en España, e hinchando sus velámenes, que no han tardado en rasgarse por la mala praxis de la marinería, y por adueñarse de la mejor parte, como suele hacer el que es un chorizo, y reparte.
Comenzaron las aguas a agitarse, pugnando entre el oleaje los partidos más radicales a postularse. Pero llegan al poder condicionando a los, en teoría, partidos más tradicionales y sensatos, a los cuales contagian su radicalidad, y su escaso espíritu demócrata.
Ya no solo es la corrupción, sino, además, una forma de pensar llena de rencor, y nostálgica con pasados inoperativos, como el de la Guerra Civil española, y la pobrecita II República, que expulsó a los jesuitas de España, prohibió el culto religioso, estableciendo una dictadura de los más radicales movimientos obreros, propugnando la amistad con los soviéticos, y la inmersión de España en un Comunismo no aceptado por una inmensa cantidad de españoles, ni entendido realmente por otra enorme cantidad de los mismos.
Pero la España aquella tan añorada, ha cambiado drásticamente, porque el hambre pasó al olvido, hay una justicia social clara, y lo único que continúa fallando es la escasa honradez y falta de coherencia de los políticos de este país ancestral.
Debemos admitir, lamentablemente, que la clase política española sigue plantada en una preocupante Edad Media, bajo complejos de superioridad y de señoritismo, sin que extrañe lo ladrones y lo violadores que continúan sin dejar de ser.
Por otro lado, constatar la traición de todos aquellos tan bienvenidos durante los años transitorios a la democracia, entonces muy animados con la reconciliación nacional. Ahora, sin embargo, llenos de rencores revanchistas guerra civilistas, que amenazan con hundir el trabajo bien hecho por los héroes que consiguieron traer a España un aliento de libertad, tan efímero cual candor de una vela agitada por corrientes y ventisqueros.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook.
Madrid, España, 1 de septiembre 2026
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