Antonio Tenorio Adame
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sostuvo un encuentro en Palacio Nacional con el Cardenal Pietro Parolin, Secretario del Estado delVaticano.
Durante la reunión abordaron diversos temas sobre construcción de paz, ética e inteligencia artificial, y se reafirmó la invitación para que el Papa Leon XIV visite el país.
En estos días el Papa visita nuestro continente, “La Patria Grande”. Su periplo no incluyó a México, entre las posibles causas de su ausencia se dice, esta presente la crisis humanitaria que castigaba al país, como también se ha activado la memoria de la Guerra de los cristeros, estos factores darían a la supuesta visita del Papa el contrapunto del conflicto que aún oculta rescoldos de odio.
Es conveniente, entonces, examinar sin atavismos, la historia religiosa de nuestro país para evitar caer en el radicalismo excluyente .
La Oposición por la negativa
Hace cien años, el 1o. de agosto 1926, dio inicio la llamada Guerra Cristera, a partir de entonces aún persiste, en ciertos sectores sociales, la idea de que el Estado perseguía la religión católica, como lo escribe Enrique Krausse en su artículo de Reforma (09.08.26).
El examen de este supuesto suceso, ya visto en retrospectiva, es posible elucidar aspectos fundamentales que permiten conocer sus características, causas y consecuencias, que permitan conocer la realidad del conflicto.
Esta confrontación extrema se presenta entre dos entidades, Estado e Iglesia, en un proceso que en sus inicios mantenían una relación integradora dentro del feudalismo , donde la iglesia refrendaba al monarca el poder por la “gracia de Dios”, a la vez el rey ejercía la facultad de nombrar a los jerarcas religiosos con fundamento con el “patronato”.
En cuanto a México su primera constitución política reconocía a la religión católica como única. La Constitución Federal de los Estados Unidos mexicanos de 1824 fue la primera carta magna del México independiente (Pablo Miganjos, 2018). Entró en vigor el 4 de octubre de 1824, y estableció oficialmente a la religión católica como única y exclusiva. Prohibiendo cualquier otra.
Así se erigió un Estado teocrático sin tolerancia para otros credos. La traducción legal fue la prevalencia de dos poderes o la “Teoría de las dos espadas”, la cual desembocó en la guerra de reforma o de “tres años”, derivada de la inconformidad religiosa para reconocer la Constitución de 1856.
La importancia de este viejo conflicto fue puesta en claro por el propio gobierno liberal, en su Manifiesto a la nación del 7 de julio de 1859.
Dónde el presidente Juárez advierte que su mayor reto no era definir los principios de la “ organización política del país “, pues esto ya se había conseguido en los distintos “ códigos políticos “ que habían regido a México desde 1821.
El verdadero reto de su gobierno era, más bien, hacer posible, los principios mediante la remoción de los“ diversos elementos de despotismo, hipocresía, de inmoralidad y de los desorden “ que habían impedido la raigo y la con consolidación de su régimen liberal en México. Y cuál eran la fuente de aquellos males. El clero católico que había fomentado una “ guerra, sangrienta y fractura, por sólo conservar los intereses y prerrogativas del sistema colonial, abusando escandalosamente de la influencia que le dan las riquezas que han tenido en sus manos y del ejercicio de su sagrado ministerio “.
La mayoría por la afirmativa
El motivo superficial de la rebelión Cristera era que el Estado se empeñaba a que la iglesia cumpliera la Constitución, y que la iglesia, a su vez, luchaba por evitar que aquel destruyera los valores tradicionales del pueblo mexicano, entre otro su catolicismo, es decir, “se hizo la víctima”.
Entre las causas profundas del conflicto destacan las siguientes :
a) A desviar la atención social de sus propios problemas.
b) La llamada ofensiva contra la iglesia, no era otra que la modernización del Estado como entidad soberana sin aceptar poderes locales o regionales o fundados en entidades particulares u orgánicas, sin dejar al margen la experiencia histórica de la actitud de la Iglesia de mantener sus privilegios por encimas del interés social en todo momento en que la Nación enfrentó la adversidad interna y/o extranjera cómo ocurrió cuando el clero apoyó a Victoriano Huerta, por ejemplo.
c) Por otra parte, la campaña anticlerical sirvió para distráete al pueblo de las concesiones que se hicieron en Estados Unidos sobre la leyes agrarias y el petróleo a partir de los Tratados de Bucareli.
El 1 de agosto de 1926, respondiendo a un llamado de la Liga de la Defensa a la Libertad Religiosa, grupos católicos, se levantaron contra el gobierno de Calles al grito de viva Cristo, rey, viva la virgen de Guadalupe. En el centro-oeste del territorio nacional.(Jalisco, Colima, Nayarit y en los alrededores de Zacatecas.) la sublevación, fue masiva y unánime.
Durante los tres años de guerra, el ejército absorbió el 25 al 45% del presupuesto nacional.
A principios de 1928, se puso al frente de la rebelión Cristera, el General Enrique, Gorostieta, militar de carrera, que había servido en el ejército federal durante el huertismo. Seis meses después no pueden ser ya vencidos, el gobierno fortalecido por el embargo de armas del vecino del norte, es dueño de la ciudades, de los ferrocarriles y de las fronteras, por lo que no parece fácil de derrocar.
En junio de 1929, dio termino la sangrienta guerra civil, al firmar la paz entre el Gobierno de Emilio Portes Gil y el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, uno declaró que el Gobierno no tenía como fin impedir el culto religioso y otro afirmó la disposición de obedecer la Ley.
Tambien se prometió la amnistía de los rebeldes, así como la restitución de las iglesias y la vuelta de los párrocos; sin reforma alguna a la Constitución política vigente, como pedían los cristeros.
El Embajador de Estados Unidos, Dwight W. Morrow, presionó al Vaticano porque su país estaba urgido de la paz en México para asegurar las inversiones de sus capitales.
Esta guerra causó 90,000 muertes, miseria, emigración, ruina y quiebra de muchos agricultores.
El Vaticano jamás aprobó la sublevación popular, prohibió a la iglesia mexicana, todo apoyo a la misma, y finalmente obligó a los cristeros a que depusieran las armas en 1929. Las organizaciones católicas fueron liquidadas luego de los arreglos.
Para efectos de la memoria constitucional
Sin recato alguno Enrique Krausse escribió: “Hubo un día en que el gobierno quiso acabar con la libertad de creencias e imponer una verdad única”.
A la dolosa inscripción, cabe responder: desde sus orígenes el país estuvo sujeto a un proceso de formación de instituciones nacionales en el cual la iglesia católico trató de poner a salvo su riqueza patrimonial acumulada desde el legado colonial así como hacer prevalecer la potestad única del patronato.
La Constitución vigente garantiza la libertad de cultos y a través del Estado laico respeta la fe del pueblo mexicano.
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