DÍA DE CUMPLEAÑOS

Esta mañana me levanté tranquilo, sin sobresaltos ni tensión nerviosa, y pasó por mi cerebro, habitualmente atorado de preocupaciones, la idea de cómo celebrarían el cumpleaños en una Cárcel.

Hay cárceles y cárceles, es decir, que no es lo mismo una cárcel de Nigeria o del Congo, o de Haití o de Bolivia, que una cárcel en Alemania o en los Estados Unidos de América.

Creo que en la mayoría de las cárceles, los derechos humanos podrían campar por su ausencia, o por lo sensible que es violar algo tan fundamental como la dignidad de uno. Carecer de libertad es una situación que solo puede ser fruto de una decisión humana, me parece a mí, bien porque te encuentres en un presidio, bien porque la política del país en el que residas no permita la realización de las personas.

Una política o gestión política, que no favorece el desarrollo económico social, por necesidad coarta la libertad, puesto que sin dinero es muy complicado en nuestros días, financiar todos los factores que contribuyen a la felicidad, derivada directa de ser libre.

Cuando uno es libre, puede acceder al amor, porque cuenta con derechos, y se le respeta, a él y a su pareja, a la hora de plantear proyectos de futuro que vayan más allá de las meras relaciones sexuales. Pero es necesario, desde luego, contar con un trabajo, que no solo te equilibre como persona, sino que te permita pagar la hipoteca del hogar, pagar las facturas que genera el disfrute de la vida, así como todos los gastos asociados al vivir, máxime si este vivir es compartido con otra, u otras, personas.

Si no cuentas con derechos, ni cuentas con dinero, ¿dónde vas Nicolás con el cabás?. Es decir, que nos encontramos en una situación de Cárcel, aún sin muros ni barrotes que nos impidan deambular como pollos sin cabeza.

No creo, tampoco, que en ninguna Cárcel del mundo se celebre el nacimiento de nadie, aunque puede que me equivoque. Celebrar un cumpleaños encarcelado en un centro penitenciario, debe ser sumamente amargo. Me imagino a los reclusos cumpleañeros interiorizando su celebración, si acaso, pero nunca celebrando nada públicamente.

Estar en una cárcel, ya sea con barrotes o sin barrotes, debe ser algo así como ser soldado en una cruenta guerra, otra situación cercana a la falta de libertad, y muy próxima a lo que conocemos como infierno.

Por otro lado, las guerras tienden a ser cada vez más crueles y exterminadoras, merced a los avances tecnológicos, los cuales permiten muertes paulatinamente más salvajes e inhumanas, no solo en los combates militares, propiamente dichos, sino también en el malestar de la población civil, padeciendo todos, una mísera falta de libertad, durante lo que pueda durar el conflicto bélico, pero, sobre todo, una vez acabado el mismo.

La guerra, que trae como consecuencia el hambre, y epidemias de injusticia, son caballos del apocalipsis: El fin del mundo, o situación catastrófica, ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de la destrucción total.

Y eso que estábamos tratando de celebrar la llegada al mundo de las personas…

FRAN AUDIJE

Madrid, España, 25 de septiembre del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria#unidadparlamentaria #upr#FRAN AUDIJE


Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario