Los títulos, en España, como en la mayor parte del mundo, son una garantía teórica del grado de conocimientos y de preparación para el desempeño de una labor, o de un trabajo. Es lo primero que es solicitado a los candidatos que van a optar a un puesto en cualquier empresa.
Nos preguntamos, no obstante, si los títulos que acreditan conocimientos y preparación, serían capaces de respaldar también, la competencia para desarrollar adecuadamente y con éxito, la tarea encomendada, creyendo honestamente, y de acuerdo a la experiencia, que no es algo directamente necesario que ocurra, puesto que a la hora de la práctica influyen más parámetros, además de los contrastados conocimientos que indica el título en posesión de la persona en cuestión.
Normalmente, a la hora del trabajo, entran en juego una serie de factores, que terminan superando a los conocimientos. Tales factores podrían ser:
-Calidad humana, es decir, capacidad de honradez y honestidad, así como otras virtudes personales, como paciencia, perseverancia, tolerancia, empatía, intuición, y otras.
-Talento personal para el desempeño de la función en concreto a realizar.
-Habilidades sociales, y capacidad de compañerismo.
-Experiencia laboral general, y en el sector donde va a desempeñarse el trabajo.
Existen ocasiones en las que los conocimientos requeridos, a pesar de los títulos que se pudieran exigir, son tan específicos, que la propia empresa debe formar a sus futuros empleados, o empleados ya, en las tareas a desempeñar.
Por tanto, en muchas ocasiones, las empresas, más que gente muy instruida, con títulos que acrediten esta instrucción, buscan a empleados de una talla humana y personal, de un calibre apreciable, puesto que dichas virtudes personales, se adquieren con el bagaje de la vida, y no tanto desde la formación estrictamente académica, que sí es fácil de transmitir en cursos de formación de unas pocas horas.
En cuanto a los títulos que son pedidos a la hora de ingresar en cargos políticos, la ley obliga en algunos casos a la presentación de unos grados mínimos de titulación, pero, en la generalidad de los casos, los títulos en política valen de cara al prestigio frente al electorado, porque es relativamente fácil acceder a cargos políticos, solo con ser alguien de confianza de quien ostenta la potestad de nombrar a sus colaboradores.
Pocos filtros se hacen en política, para evitar el acceso de personajes poco indicados para el gobierno de las instituciones. Como digo, basta que el líder pose su confianza en personas en cuestión, las cuales suelen estar cortadas por patrones de personalidad muy cercanos al líder que los nombra.
Tengo la impresión, de que en política es más importante la calidad personal y el talante de los candidatos y de los distintos cargos, que los conocimientos reales que pudieran atesorar. Al fin y al cabo, la figura de los asesores y de los especialistas en los temas a impulsar, cobra un protagonismo ejecutor importante, siempre bajo la decisión del titular de la cartera determinada, cuya labor indicada, la decisoria, suele ser la mayor competencia de los líderes al frente de las instituciones.
Por poner un caso conocido e histórico, Francisco Pizarro, el Conquistador del Perú, era un destacado militar que supo combatir con destreza y astucia, a las tropas del Imperio Inca, que defendían la autonomía de sus territorios, frente a los españoles. Una vez completada la campaña militar y la victoria, Franciso Pizarro, fue nombrado Gobernador de Perú por el rey de España.
Esta última tarea política, le pillo a Pizarro algo desprovisto de talento, pero, sin embargo, seguía manteniendo la virtud militar de la intuición para rodearse de gente afín y eficaz en su trabajo, lo que a la postre le sirvió para delegar estas tareas administrativas en personas de confianza muy competentes, que lograron suplir las carencias del famoso Conquistador extremeño.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook
Madrid, España, 10 de agosto del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa

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