EL EGÓDROMO / Por Luis Mac Gregor Arroyo

Luis Mac Gregor Arroyo

Esta es la primera parte de una novela por entregas donde se describen la personalidad de cien personas oriundas de una ciudad cosmopolita como la de México. No quiero abundar más en el asunto: espero sea de su agrado y, tal vez, con un poco de astucia logren identificar a algunos o a todos los personajes que aparecen en estas 100 entregas… Luis Mac Gregor Arroyo  / hoyoblanco.simplesite.com

Caminar por una de las calles relevantes y más visitadas del centro de la urbe, donde el paso de automóviles está prohibido, no es la gran cosa. Sin embargo, todo cambia cuando uno se sienta en alguno de los concurridos restaurantes que tienen mesas en el exterior, y uno se puede deleitar viendo a los transeúntes a la par de disfrutar de un rico cóctel o un guisado del día.

Enfrente pasan todo tipo de personas, desde el joven ingenuo, la mujer religiosa en extremo, el político todólogo, la experta en seducir, los amantes de la moral falsa… en fin: todo un zoológico de gente que están en nuestra vida cotidiana.

Algunos de quienes observan quedan maravillados con lo que ven, mientras otros se mantienen tranquilos al ver pasar “modelos”, ya conocidos, conformados con saber que no existe mucho qué hacer.

A continuación, se describen algunas de estas personas que en el aglutinamiento del andar conjunto se mezclan en el ir y venir de la calle, con la intención de seguir su día… desapercibidos.

El diablo: Personaje ya histórico. Se pasea con un sin fin de disfraces haciendo difícil identificar cuando es hombre o mujer, o a que sexo pertenece en realidad.  Suele crear realidades con su capacidad de crear ilusiones más mortíferas de quien se encuentra en el desierto e imagina ver un oasis. Quienes dicen que lo han visto, en realidad, afirman tiene un cuerpo musculoso, dos cuernos grandes y gruesos y una contrastante piel roja. Gusta jalar ilusos a su malla de engaño donde los engaña con sirenas o sirenos para luego hacer, a los ilusos, pensar que las mujeres nobles siempre son perseguidas por él en persona cuando en realidad las mujeres son libres, y uno no tiene que hacer el ridículo para hacerse de una o, al menos, de alguna que valga la pena. Por cierto, hay quienes afirman que no mide más allá de 10 centímetros.

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