¿ELECCIONES BINACIONALES?

Antonio Tenorio Adame

Las elecciones de los Estados Unidos, nos impactaron con gran bullicio hasta provocar una pasión desbordada que rayaba ya en la ficción participativa. Una percepción de júbilo del “pequeño gringo que llevamos dentro”.

Al parecer el nacionalismo mexicano se esfumó ante el abrumador sentimiento de aspirar a la binacionalidad, por medio de quien lanzará más porras contra Trump. Persiste la sensación de que el voto latino nos hará libres, pero si la tercera parte de los mexamericanos votaron por los republicanos. ¿Se quiere negar la realidad?

Volver a pisar tierra revela que continuamos subordinados al dominio del mercado, a pesar de ganar Biden; simples provincianos en el mundo neoliberal sin comprender las amarras que nos impiden apropiarnos de nuestro futuro como mexicanos.

Las elecciones del martes 3 de noviembre del actual, repite los escenarios de otras seis contiendas donde la incertidumbre es del dominio público, EU dispone de una larga historia de elecciones impugnadas, e incluyendo una que terminó en guerra civil en 1860 y otras cinco de azaroso conflicto post electoral.

ELECCIONES IMPUGNADAS EE.UU.

La campaña electoral de 1800 fue una de las más duras y hoscas de la historia electoral norteamericana. La prensa jeffersoniana se mostró especialmente despiadada. La elección enfrentó al presidente Adams y a Jefferson, dos enemigos íntimos, Jefferson empató en votos electorales -los emitidos por el colegio-. Con el controvertido y sin uso Aaron Burr, aliado de Jefferson y luego encarnizado enemigo. Burr se batió en duelo con Hamilton -que detestaba a Adams a pesar de ser de su partido- y lo liquidó. Tras 36 votaciones en el Congreso, Jefferson fue elegido presidente por primera vez. La consecuencia práctica de este embrollo fue la introducción de la decimosegunda enmienda de la constitución, que obligaba a los miembros del colegio a votar separadamente al presidente y vicepresidente. Desde ese momento, los partidos comenzaron a presentar sus tickets o candidaturas electorales de dos.

La confrontación de 1876 entre Rutherford B Hayes y Samuel Tilden resultó impugnada luego que parte de los estados del Sur no pudieron certificar claramente un ganador. Una comisión del Congreso fue nombrada para negociar entre los partidos. Mientras Hayes llegó a la presidencia, a cambio se hicieron concesiones a los estados del sur que efectivamente pusieron fin al periodo de reconstrucción.

La disputa entre John F. Kennedy y el republicano

La disputa entre John F. Kennedy y el republicano Richard Nixon en 1960 fue una lluvia de denuncias de fraude, con la presión de los republicanos, varios estados procedieron a dar recuento de votos, hasta que Nixon aceptó los resultados no favorables ante el riesgo de los enfrentamientos envueltos en las tensiones de la Guerra Fría.

Cuando los contendientes George W. Bush del Partido Republicano, y Al Gore por el Demócrata entraron al final del túnel en la votación en la Florida, la Corte puso fin a un recuento, y Gore concedió la derrota públicamente reconociendo la legitimidad de la victoria de Bush diciendo: “Mientras estoy firmemente en desacuerdo con la decisión de la Corte”, procedió a aceptar la derrota.

Imagen de redes sociales. Mamela Fiallo sobre el precedente hace 20 años

Estas obturaciones y tropiezos no se han transformado en conciencia crítica para modificar su actitud hacia nuestra América, como tampoco al mundo, siguen sin alterar sus intenciones originarias, basadas en la supremacía étnico religiosa con un solo dios verdadero, el poder empresarial.

Así el conservadurismo norteamericano que amenaza con extremar a su máximo al supremacismo, con la proclama renovadora de “para salvar el alma de Estados Unidos” frente a la de “América primero”, encuentra sus raíces en el fundamentalismo de los peregrinos del Mayflower, florece en  el calvinismo de los expulsores de los indios a las reservas, moderniza sus expresiones en las doctrinas Monroe y la del Destino manifiesto, se reafirma con la defensa de los confederados a la libertad de poseer esclavos, para alcanzar niveles universales en la aplicación del corolario Roosevelt de: “El gran garrote”, como lo fueron también los operativos anticomunistas de la Guerra Fría, la “Operación Cóndor” del terror sudamericano, o los planes de binacionales de ordenamiento de guerra contra las drogas, cuyos efectos se extienden más allá a sus campañas antimigratorias con tintes extinción genocida.

Mientras en todo tiempo la democracia norteamericana vive su eterna primavera.

Los corporativos estadounidenses, en contra parte, y sus agencias intervencionistas seguirán privilegiando la seguridad nacional del imperio contra el terror preventivo de toda aquella política nacionalista que asome en la alborada de un sueño de libertad y rescate de su condición humana.

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