Sergio González Gálvez In Memoriam

Por: Atilio Alberto Peralta Merino

albertoperalta1963@gmail.com

Recordar al embajador emérito Sergio González Gálvez en el primero de sus aniversarios luctuosos, se erige en acontecer deber ineludible de cara a los aconteceres que al efecto se presentan, tanto en relación a la vida nacional como en lo tocante al panorama mundial.

Jefe de misión diplomática en Japón, así como ante diversos países del sureste asiático, González Gálvez fue un profundo conocedor de una región del mundo, cuya enorme relevancia se avizora de manera indubitable en el horizonte del futuro inmediato del planeta.

La resolución 3281 de la asamblea general de la ONU del 14 de diciembre de 1974, mejor conocida como “Carta de Deberes y derechos Económicos de los Estados”, sintetizó toda una época en la que, el entonces todavía nobel conformación de la comunidad internacional jurídicamente organizada, se había caracterizado por un profundo proceso de descolonización tras el fin de la guerra.

La resolución 337 conocida con el nombre de “Unión Pro Paz”, arrebataría al consejo de seguridad la facultad de emplear la fuerza, asignada en exclusiva a dicha instancia en el capítulo VII la “Cata de San Francisco”, para ponerse en funcionamiento en los emblemáticos casos de la “guerra de Corea”, “la crisis de la nacionalización del Canal de Suez” y la “Independencia del Congo”.

Asignación arrogada por la asamblea en lo que, bien podría verse, incluso a la fecha a 60 años de haberse puesto en funcionamiento por última vez, el embrión de un proceso de democratización de la instancia que, hoy por hoy, pese a todas sus deficiencias, es el mecanismo más cercano al ideal de “La Paz Perpetua”, preconizado por Imanuel Kant en sus “Principios Metafísicos de la Doctrina del Derecho”.

La nacionalización del petróleo por Mosaddeq en Irán, en cuya implementación se invocaría la resolución 1803 de la asamblea general, antecedente de la “Carta de Deberes y Derechos Económicos de los Estados”, así como   la subsiguiente implementación de la denominada “operación Ayax” por parte de la agencia central de inteligencia, constituye a no dudarse uno de los episodios de la etapa referida.

La cual, pasa por el episodio al que indudablemente habrá de calificar como clave de la independencia de Argelia, magistralmente retratada por el cineasta Gilio Pontecorvo, y que daría pie a la conformación en el seno del Partido Socialista de Francia de una comisión de colaboración política a la que la opinión pública internacional denominaría con la emblemática expresión de: “diálogo norte-sur”.

En medio del desenvolvimiento de la “guerra de Vietnam”, país ante el que, años después , Sergio González Gálvez presentaría  cartas credenciales que le acreditaron en su momento como jefe de nuestra misión diplomática en dichas latitudes; la asamblea general convocaría a la célebre conferencia sobre comercio y desarrollo del que se derivaría la “ronda de negociaciones Kennedy ”, y, a resultados de la cual se conformaría el denominado “sistema generalizado de preferencias”, acaso el antecedente más inmediato  de la “Carta de Deberes y Derechos Económicos de los Estados”

La destacada participación del embajador emérito en la conceptualización, redacción, presentación por nuestra representación ante la asamblea general y posterior adopción como resolución de dicha instancia de la “Carta de Deberes y Derechos Económicos de los Estados”, le hace una de las figuras de mayor relieve tanto de nuestra diplomacia como del acontecer político de la comunidad internacional.

González Gálvez se desempeñaría en la segunda posición jerárquica de la cancillería en dos ocasiones: en momentos en los que el país afrontaría los episodios más críticos de la guerra en América central, mientras se desplegaba la política clandestina de la CIA y el consejo nacional de seguridad de la Casa Blanca en la zona; y, posteriormente, mientras negociábamos nuestro ingreso al GATT de 1947 y la posterior suscripción de una zona de libre comercio en América del norte.

Momentos en los que el mundo, bajo el influjo de la denominada “revolución conservadora”, dejaba de lado el impulso de descolonización que culminaría con la adopción de la “Carta de Deberes y Derechos Económicos de los Estados”, para adentrarse en un paradigma al que Sergio González Gálvez supo hacer frente procurando el mejor interés de la nación.

Paradigma que, demás está decir, fue siempre insustancial y engañoso en su fulgor, pese a la obnubilación   que ha provocado en una o dos generaciones que deambulan por la calle, pero que hoy a todas luces se presenta en el mundo como uno de los muertos vivientes de los ritos vudús de Haití.

En pocos, muy pocos de nuestros conciudadanos, podemos encontrar guía ante la incertidumbre que el referido desplome habrá de traer aparejado, uno de ellos, es a no dudarse el finado Sergio González Gálvez a quién, es de insistirse recordar en el aniversario de su deceso, se erige en un deber ineludible.

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