Distinto amanecer

Atilio Alberto Peralta Merino

albertoperalta1963@gmail.com

En la cinta “Distinto Amanecer” protagonizada por Pedro Armendáriz, Andrea Palma y Alberto Galán, se  retrata una época en la que la efervescencia era una nota distintiva de los conflictos laborales.

 El célebre desertor de la CIA , Philipee B. Age,  narra cómo al finalizar la guerra  el Departamento de Estado sirviéndose de  Karen Manley,  célebre  dirigente de la American Federation of Labor y por conducto de la Organización Regional Interamericana del Trabajo (ORIT), procuró orientar  la conducción del movimiento sindical en todo el continente,  y muy particularmente en México.

Fruto de tal incidencia, el movimiento obrero organizado del país viviría un proverbial apaciguamiento hasta que en la década de los setenta resurgirían nuevamente acres disputas con el avance del denominado “sindicalismo independiente” en el que la Unidad Obrera Independiente, dirigida por el abogado Juan Ortega Arenas, revestiría una participación por demás relevante.

No pocos críticos de cine como Jorge Ayala Blanco, han tildado de ingenua a la trama de la película de Julio Bracho, la misma que tiene por fuente una pieza teatral del escritor Max Aub y  que fuera adaptada al tratamiento cinematográfico por la pluma del poeta Xavier Villaurrutía.

Los comentaristas en cuestión aducen que del desenvolvimiento de un conflicto laboral no podía por ningún motivo derivarse una crisis de gabinete y de composición social y política como la que se expresa en los diálogos sostenidos por los actores Pedro Armendáriz y Andrea Palma.

 Consideración que acaso se esboza bajo la impronta de la realidad previamente descrita y que, en efecto, resultó apabullantemente tras la guerra, y que volvería por lo demás a enseñorearse, con toda contundencia, al sobrevenir el declive del ímpetu sindicalista que habría aflorado en los años 70. 

En lo personal, soy de la idea de que a la referida conclusión se llega por desconocer  el ambiente social de una época en la que, como lo referimos el pasado once de marzo en la sesión de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, los conflictos obrero-patronales incidirían de manera destacada en el suministro de insumos de guerra, de manera clara y  abierta a los aliados y concretamente a los norteamericanos, y por vía de diversos subterfugios por demás  clandestinos  y sórdidos  a la Alemania Nazi,  dada la muy amplia , aun cuando muy  poco estudiada, presencia de agentes de espionaje que pululaban en territorio nacional.

Presencia y situación, cuyo desentrañamiento pleno pase acaso por ver con nuevos ojos la cinta, para cuya banda sonora, Agustín Lara habría compuesto su canción “Cada Noche un Amor”, y en el que la fotografía nos da pleno testimonio de la antigua ciudad colonial que se abre paso de manera acelerada y decidida a una modernidad pujante y cosmopolita como al efecto describiera una década después de haber sido filmado, el escritor Carlos Fuentes en su novela “La región más transparente”.

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