La paz duradera exige justicia verdadera

Aguililla, Michoacán, 23 de abril del 2021  

Redacción 

En plena visita del nuncio apostólico Franco Coppola a la comunidad de Aguililla Michoacán, los Cárteles Unidos mandan un claro mensaje de quién  tiene el poder y el control del valle de Tierra Caliente.

Exactamente  a las 12 del medio día, mientras que en Aguililla se celebraba una misa por la paz, en Buenavista se desataba la guerra.                                    

Este maquillaje político y religioso nos deja en claro que no basta el agua bendita rociada por todas las comunidades y veredas de la diócesis de Apatzingán, que la paz duradera exige justicia verdadera, lo cual solo se conquista con procesos y no con eventos y con la suma de voluntades de los hombres y mujeres de bien, para la promoción integral de los pueblos; que no es un reto que se consigue con una varita mágica ni con un hisopo de agua santa, sino que exige ciudadanos responsables en la instauración del tejido y del orden social (cristos) y profetas comprometidos en cuerpo y alma con los más vulnerables y pastores con olor a oveja y no figurines lambiscones, ni trepadores hambrientos de poder, ni bufones de Dios. 

El proceso de la restauración del tejido social y del estado de derecho en Michoacán hoy exige estar dispuesto a morir en la cruz, pues no existe en la tierra ningún lugar sagrado, donde podamos vernos a solas con Dios, a espaldas del hambre de su pueblo de Dios.

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