Odres nuevos para vinos

Por: Atilio Alberto Peralta Merino

albertoperalta1963@gmail.com

Puebla, Puebla, 21 de julio del 2021

A principios de agosto de 1981, la misma Casa Blanca ordenaría el despido de los controladores aéreos como medida para frustrar la huelga que había estallado en los aeropuertos con sujeción a lo dispuesto por la legislación laboral conocida como “Wagner Act”.

Al unísono de que la política fiscal favorecía a los grandes contribuyentes, la administración Reagan emprendería desde sus albores medidas de franco enfrentamiento a las organizaciones sindicales.

La política Laffer bautizada por la prensa como “regonomics” derivó en realidad, a fin de cuentas, en las burbujas especulativas que han venido reventando una a una, hasta la conformación del último estimulo planetario ante la crisis sanitaria que habrá inevitablemente de reventar de manera estrepitosa en fechas próximas.

La administración Biden parece estar dispuesta a dejar de lado las tesis que se enseñorearon en la década del 80 y que pese a todos los pesares siguen siendo paradigma a seguir, aun cuando cada días desprestigiado, así, en el seno de la OCDE o “Club de París” se ha dado impulso a la implementación de un impuesto a las compañías trasnacionales, esbozado por el economista galo Thomas Piketty en una obra que en menos de una década se ha consolidado como un gran clásico de nuestro tiempo “El Capital del Siglo XXI”.

El impulso a la sindicación de las fuerza laborales, dado al unísono nos presenta un dilema por demás interesante, la implementación de los denominados “Inspectores Laborales” en el seno del T-MEC representa, concretamente para nosotros los mexicanos un reto de enormes proporciones.

El eco del acoso sindical iniciado por Reagan, siendo que curiosamente el propio presidente americano había iniciado su actividad pública como dirigente sindical, representó entre nosotros un enorme debilitamiento de las centrales sindicales.

Restituir su tejido hoy, entre nosotros, presenta un reto mayor que el que puede representar para la sociedad de los Estados Unidos.

Por lo demás, siendo como soy, un denodado entusiasta en que quede atrás la negra noche que comenzó en los años 80 con la denominada “revolución conservadora” a cargo de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, no puedo, no obstante, dejar de considerarse el hecho inobjetable de que las medidas emprendidas por Roosevelt en los años 30 bajo la denominación del “New Deal”, difícilmente pueden llegar a representar solución a los retos de la crisis actual, la misma  que, por lo demás, habrá de agravarse de manera inimaginable al momento en el que la burbuja actualmente incubada termine por reventar.

No soy ingenuo, y por ende jamás he considerado que la implementación de tecnologías novedosas carezca de sesgo en el ejercicio social del poder, no obstante, es inocultable que la digitalización ha desplazado a la fuerza laboral ejercida bajo un aparato productivo erigida a partir de medios y procedimientos de índole metalmecánica.

Habrá que reflexionar inevitablemente sobre la perspectiva que nos ofrece para el futuro inmediato la implementación de la inteligencia artificial en los procesos productivos.

La puesta en marcha de políticas tributarias progresivas y el fortalecimiento de la sindicación laboral habrán de ser un amortiguador, a no dudarse, ante los duros retos que tal situación habrá de traer aparejada, pero difícilmente podrán erigirse en solución.

Los vinos nuevos, hemos de decir siguiendo a las escrituras, habrán de requerir de nuevos odres.

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