MUNDO SUBTERRÁNEO: La cueva de Lyobaá

Luis Navarro García

Imagen de portada Archivo

Madrid, España, 31 de agosto del 2021

Dentro del mundo de los Mexicas el supramundo está conformado por trece cielos y el inframundo por nueve regiones, ambos representan el universo vertical, cuyas fuerzas superiores e inferiores convergen desde la tierra, influenciándola así mismo.

Los cuerpos celestes descienden al inframundo y ascienden de él, entrelazados por el universo horizontal.

Al Norte (Mictlampa) tenemos: Tezcatlipoca

Al Oeste/Occidente (Cihuatlampa): Quetzalcóatl

Al Este u Oriente (Tlahuiztlampa): Xipetótec

Y al Sur (Huitztlampa): Huitzilopochtli

El conjunto de todas sus fuerzas emana de las distintas direcciones hemisféricas hacia el punto en el que convergen y se sostienen por un eje central también conocido como “Calpulli“, el cual es resguardado por Xiuhtecuhtli, dios del fuego y señor del tiempo.

Es en el noveno infierno del inframundo mexica (Mictlán), donde se alcanzaba el final del trayecto en una zona de niebla, donde se dice, los muertos ya no podían ver a su alrededor.

Su exangüe estado de cansancio provocaría la reflexión de las decisiones y movimientos de la historia que llevó en vida, y se conectaría con todo aquello que le sucedió.

Así es como dejaban de padecer y se entraba en el Mictlán, la residencia del señor y de la señora de la Muerte, donde sólo iban aquellos que morían de muerte natural, indistintamente de si habían sido señores o macehuales. No se hacía ningún tipo de distinción ni de rango ni de riquezas.

Mictlán, que en náhuatl significa “lugar de los muertos”, fue el nombre que dieron los Mexicas a este lugar. El nombre zapoteco es Lyobáa, identificado como “lugar de descanso”, o Ñuu Ndiyi, Lugar de muertos en mixteco.

La religión mesoamericana contemplaba —contrario a la concepción cristiana— que la esencia de las personas llegaba al lugar en el que se encontraban las deidades o al inframundo, no por la manera en que habían vivido, sino por las circunstancias en que morían.

Para los zapotecos, el culto a los muertos fue tan importante que, inclusive, cuando la situación con los españoles se tornó violenta, extrajeron los bultos sagrados (quiña) de las tumbas de Mitla y los resguardaron en lo que en la actualidad se conoce como la “Cueva del diablo”, en inmediaciones de Mitla.

Alrededor del mundo existen misteriosas y siniestras cuevas que en alguna ocasión fueron mencionadas en antiguas leyendas ya sea bien como lugares sagrados de donde salieron extrañas entidades o bien de allí de donde se ha tenido y tiene prohibido entrar.

Una de estas cuevas se encuentra en México, y recibe el nombre de Cueva de Lyobaá, también conocida como «Caverna de la Muerte».

A escasos 40 kms. de la capital oaxaqueña por la carretera panamericana encontramos el asentamiento arqueológico de Mitla, enclavado en la parte norte del Valle de Tlacolula, y es allí, a escasa distancia de dicho asentamiento donde se encuentra según cuenta la leyenda, la Cueva de Lyobaá.

La entrada del túnel conducía a uno debajo de una montaña. Este templo tenía cuatro cámaras sobre el suelo y cuatro cámaras más importantes construidas debajo de la superficie.

Poco después de la época de la conquista española, la entrada de la cueva fue sellada por un sacerdote católico, que intentaba convertir a los indígenas locales al cristianismo.

Según cuentan las leyendas locales, las ceremonias sagradas llevadas a cabo por el sumo sacerdote nativo de la aldea cercana necesitaban de un sacrificio humano.

Los muros de la primera cámara subterránea fueron decorados con varias imágenes de la representación de «Dioses» mientras que en el centro de la cámara había un altar de piedra donde se llevaba a cabo la ceremonia del sacrificio.

Desde la primera cámara, a través de otra puerta se accedía a la segunda habitación, lugar en el que reposaban los cuerpos preservados de todos los sumos sacerdotes fallecidos.

Desde esta segunda habitación, otra puerta conducía a la tercera bóveda subterránea, la cual contenía los cuerpos conservados de todos los antiguos «Reyes» de Theozapotlán.

Por último, desde la cámara funeraria de los reyes se podía acceder a la cuarta y última sala subterránea, pero por orden de un sacerdote católico se selló pues se creía que era la entrada al Hades (Infierno) o Guarida de Deros.

Justo detrás de dicha losa se encontraban los cuerpos de todos los sacrificios humanos, así como de los grandes señores y jefes de la tierra que cayeron en batalla.

Se dice que tras dicha losa y siguiendo por el sendero que marcaba la gruta se adentraba uno hacia las mismas entrañas de la tierra. Un camino laberíntico con pilares de piedra que parecían sostener a la misma montaña.

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