EL SUSURRO DEL CORAL (CUENTO, PARTE V, EPÍLOGO Y ALGO MÁS)

ELEDUBINA BECERRIL RODRÍGUEZ

(29 de Junio de 1989)
En el día del cierre y fin del ciclo escolar, casi no pudieron hablar.
Xeno llevaba puesto un vestido blanco que hacía resaltar su piel morena y su cabello rizado volaba con el viento.

Ferder salió de su casa por la tarde, al improvisado auditorio, a menos de media cuadra.
En cinco pasos llegó hasta ahí, la lluvia caía y a través de los cristales de las enormes ventanas miró a Xeno bailando con los maestros.
Ferder sintió incomodidad y se negó a entrar, pese a que varios maestros y maestras le invitaban con señas, porque pensó que no era apropiado, puesto que llevaba ropa deportiva, un ‘pants’ completo de color azul marino, mientras todos en el interior tenían ropa de gala.

(20 de Enero de 1991)
Ferder, su mamá y un hermano pequeño, fueron cerca del cementerio, justo donde está la escuela que permanecía cerrada. Una maestra se asomó por una pequeña ventana y los saludó, permitiéndoles el ingreso.
Ferder pidió acceso, mientras su mamá se quedaba conversando.
—Voy a ver a Xeno. —dijo —.
La maestra le indicó, donde estaba y a Ferder se le desbocó el corazón.
A través de la ventana del salón, estuvo mirándola, cómo es que, de espaldas al grupo, escribía en el pizarrón.
Su maravillosa caligrafía con redacción y ortografía impecable, siempre lograban encantar a Ferder.
Su voz de ángel fortalecido, en el momento de explicar el contenido de lo que tenía escrito, ampliando los datos para una mayor comprensión de sus alumnos, era sencillamente un espectáculo admirable.

—Chicos, recuerden que para poder escribir un texto, sea el que sea, debemos poner énfasis en varios aspectos: la ortografía principalmente, revisar los tiempos gramaticales y lo más importante, tener una idea propia, que vamos a desarrollar. —Volteó al grupo y descubrió a Ferder— . Abrió la puerta del salón y salió, el grupo entero los abucheó:

—Buuuuuuuuuuuuuuuu

—Ferder ¿Desde qué momento estás aquí? ¡Qué sorpresa!

—¡Oh, no interrumpas tu clase! Sigue.

—No, es la última que doy, terminándola, me voy, mejor dime, cuéntame de ti.

—Estoy estudiando Artes Plásticas, en Bellas Artes.

—¡Oh! ¿Y entonces la literatura, los poemas?

—Ya tengo la propuesta para publicarlos.

—¿De verdad?

—Sí, sólo que no quiero.

—¿Por qué?

—Hasta que tenga uno que realmente valga la pena.

—Ferder, tengo la asignatura de Español, ahora necesitamos esas publicaciones, para ponerlas de ejemplo. ¿Verdad chicos?-

—Siiiiiiiiiiiii —gritaron todos desde dentro— .

Xeno, por supuesto, tú serás, como siempre, la primera en leerlo. ¡Ah! Y te equivocaste, son tiempos verbales y gramaticales.- La miró inmensamente, sin saber que era la última vez.
Xeno Renaítre, siguió conversando, hasta que le preguntó:

—¿Porqué me amaste tanto y porqué me sigues amando?

—Por que tú jamás me juzgaste, nunca me criticaste por mi aspecto personal, tampoco te portaste mal aún cuando tuviste en tus manos la posibilidad de hacerlo. Otras personas en tu lugar hubieran aprovechado la circunstancia y tú no lo hiciste. Por encima de todo me respetaste, me cuidaste y me protegiste. Valoraste mis escritos y enriqueciste mi obra. Tienes unos valores éticos y morales, que en conjunto con tu inteligencia te hacen digna de ser recordada.
Después de unos minutos, se despidieron.
Ferder se quedó contemplándola unos instantes, su inolvidable blusa negra de encaje y su cabello serían el recuerdo imborrable y perpetuo que le darían ese toque de sensibilidad a cada línea que seguiría escribiendo.

—Corrijan ahí, donde dice: tiempos gramaticales, pongan ‘tiempos verbales y gramaticales’.
—Alcanzó a escucharla, cuando iba bajando las escaleras — .

EPÍLOGO:
Después de la muerte de Xeno Renaítre en 1993, como un homenaje personal muy privado, Ferder le publicó cuatro poemas en un suplemento cultural destacándose este:

¿QUIÉN TENDRÁ DERECHO?
¿Quién tendrá derecho
de visitar esa tumba?
¿Quién tiene amor en el pecho?
O
¿Quién en la cárcel se derrumba?
Los números se acumulan
sobre mí, sobre tí,
no sé si son minutos,
horas, años, estrellas
o sólo es la luna
que se divide por mí,
o sólo es el amor,
metáfora del infinito.
¿ Quién tendrá derecho
para recordarte siempre?
¿ Quién se mojó
creyendo a la lluvia un techo?
O
¿ Quién en la celda,
se convierte en serpiente?
Las luces se amontonan
sobre tí, sobre un árbol,
sobre mí, sobre la tierra.
Un incidente detona:
la salida, la puerta,
el agujero que se desmorona.

El poema que Xeno Renaítre quiso leer, se publicó entre 1996 y 1997. El susurro del coral, quedó a salvo.

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