Soñamos que soñamos

Eduardo Pineda, México. ep293868@gmail.com

Ciudad de Puebla, Puebla, 29 de noviembre del 2021

“La última cena” –óleo sobre tela, –1955, –Catalunya, –Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech,
marqués de Dalí de Púbol, –National Gallery of Art, Washington DC, USA.

Todas las formas, colores, olores, texturas, tamaños, sensaciones, profundidades, extensiones, durezas, suavidades, etc. Son producto de la manera en que nuestro cerebro adquiere e interpreta las representaciones de la realidad. Consideremos incluso que la realidad, tal cual es, es inaccesible al ser humano, percibimos un reflejo escaso y reinterpretado muchas veces por nuestras mentes previamente moldeadas por la presión de la sociedad en la que nos desarrollamos. De manera que, cada individuo construye una realidad y la habita, entiende de una manera distinta los hechos que ocurren fuera de sí mismo y lucha durante toda su vida por moldear esa realidad a su conveniencia. La vida es lucha, dicen los Jesuitas, y sí, es una lucha constante por transformar la realidad para poder vivir en ella. Sin embargo, si esa realidad fue por uno mismo construida, qué es aquello que se prende moldear: la propia mente que recodifica su entorno. En esta paradoja de realidades y parcialidades, de construcciones y deconstrucciones, cohabita otro fragmento: el sueño. Al soñar, una realidad deforme pero sustentada se manifiesta ante la misma mente que la creó, es una representación quiral e incesante de proyecciones de la realidad externa y de la que se ha construido durante los días. Hay entonces en un mismo individuo tres realidades al menos, la externa, la que se construye y la que se deforma en los reflejos oníricos. Cuál coincide con la verdad, cómo es posible cohabitarlas, vivirlas, llorarlas y reírlas. En los artistas hay una cuarta realidad que ellos inventan y regalan, queda de manifiesto en los óleos, en la acuarela, en la escultura, en la danza, el teatro, etc. Es una realidad que atropella y desplaza, que se impone y principalmente que sustituye a las demás. Parte por ende de alguna de las otras pero la modifica y la maximiza, la vuelve superior. Para Dalí, el pintor que nos atañe hoy, es el reflejo onírico el que urge a ser modificado para habitar en el lienzo. Los sueños son la materia vil que se transformará en oro tras su paso por la paleta y el pincel en esta alquimia de la imaginación. De manera que dormir era la fuente de inspiración del genio catalán.

“Cristo de San Juan de la Cruz” –óleo sobre tela, –1951, –Catalunya, –Salvador Felipe
Jacinto Dalí i Domènech, marqués de Dalí de Púbol, – Museo Kelvingrove, en Glasgow, Reino Unido.

Salvador Dalí constituye sin duda alguna el símbolo más representativo del surrealismo, de personalidad extravagante y agudo sentido del arte y su complejidad, Dalí Domènech se posicionó como la figura icónica de la pintura y del genio-artista. Tuvo una fuerte influencia en los artistas del Siglo XX y fue reconocido como el pilar de la corriente surrealista al lado de André Bretón en la literatura o Luis Buñuel en el cine. El manejo magistral del color y las formasfijas y estrictamente definidas sobre el lienzo atacan la mirada del espectador y revelan los sueños del catalán, Dalí solía decir que sus obras son alucinógenas, y desde muchos ángulos lo son, porque absorben la mirada, desaparecen el entorno y provocan que quienes los aprecian se introduzcan en sus límites y al volver perciban la realidad de una forma absolutamente diferente, incrédula y desconfiada: ¿Lo que vemos es como es o como queremos verlo? Salvador Dalí pintó lo que otros no habían hecho, plasmó los sueños y les proveyó de una deformidad inimaginable, por eso ver un Dalí es ver una parte de la realidad imposible siquiera de imaginar. Para el genio ibérico, la perfección y el dominio de la técnica con el pincel y los óleos trascendió el nivel de la pintura impresionista, realista y cubista, nos mostró objetos que no deberían “estar ahí” nos vaticinó un mundo donde prive el desorden y la incoherencia, donde la mente racional no entienda nada y el alma lo comprenda todo.

“La tentación de San Antonio” –óleo sobre tela, –1946, –Catalunya, –Salvador Felipe
Jacinto Dalí i Domènech, marqués de Dalí de Púbol, –Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas, Bélgica.

Dalí fue místico, profundamente católico y fiel a la monarquía. Aseguraba que la monarquía no era una forma política de gobierno sino una ética y una metafísica que dan orden y cuerpo a los pueblos bajo esta forma de poder. Tenía una gran obsesión por la óptica de los animales, la visión estereoscópica y la tercera dimensión que intentaba dibujar. Incluyó en sus obras otros fenómenos no antes pintados: el movimiento llevado a su máxima expresión, la velocidad, la profundidad dentro de otra profundidad, la quiralidad, la deformidad grotesca de los cuerpos en combinación con la incorporación de objetos animados y la luz que jugaba un papel como de lente a través del cual podemos ver en el lienzo. El pintor se divertía en sus telas, Dalí jugaba a modificar sus sueños, soñaba que soñaba y no hace soñar lo mismo “Nunca estoy solo. Tengo la costumbre de estar siempre con Salvador Dalí. Créame, eso es una fiesta permanente” decía.

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