UNA LECTURA DE COPLAS DE LA EDAD LIGERA


Juan Medina Figueredo

Es muy inusual encontrar un libro de coplas en un poeta contemporáneo; entre los venezolanos, que aún brillan más cercanos en el cielo de nuestra poesía, recuerdo a un heterónimo de Eugenio Montejo, a Sergio Sandoval y su Guitarra del Horizonte; supe por una nota de Luis Alberto Crespo que Enrique Mujica también publicó un libro de coplas que aún no ha llegado a mis manos y por ello no he podido leer.
Para mi sorpresa, recibí como regalo de Luis Alberto Angulo, siempre tan alegre, gentil y generoso, su libro de poesía COPLAS DE LA EDAD LIGERA [Inédito decir], un raro y ausente viajero en estos días de incierto azar, guerra, amenazas imperiales, pobreza y migraciones, limitaciones materiales y pandemia del coronavirus.
Este es un libro muy diverso y complejo, porque las coplas que lo titulan están al final, luego de otras secciones tales como “El peón y la sirena”, “Versos de la calle” y “Poemas del piedemonte”, de factura más cercana a la literatura de nuestros días, pero que pueden encontrar un antecedente tan lejano e inmediato como la más antigua poesía china y japonesa, española y también aborigen nuestramericana.
La flecha de este libro viaja lejos en el viento, en ella hay un diagrama de la civilización oriental y occidental (naturaleza, expresión, filosofía, política, religión y poética), de la cultura nuestramericana, caribe, llanera y de piedemonte andino, vuelta a los orígenes, el destino, el pensar, el sentir, el lenguaje o el habla, el arte, la luz y la iluminación, la vacuidad, la ilusión, la palabra y su poder creador, la musicalidad, la pena y la alegría, el sonido, los colores, la verdad, el bien y la belleza, y una aparentemente extraña vuelta al compromiso, pero siempre presente en la dignidad del hombre.
Este “Inédito decir” pretende ir más allá de su “Antología del decir”, cuya publicación por Monte Ávila antecede a las “Coplas de la edad ligera”, de la misma editorial, es admirable aspirar lanzar el óbolo más lejos, como atleta incansable, como quien respira y rasguña la tierra con pies y manos y respira más y más hondo y profundo cada vez, contrayendo y expandiendo el abdomen, no sólo para una mayor altura y alcance de la voz, sino para una vibración más resonante y articulada como címbalo y timbales del pensamiento y el sentimiento profundo, buscando al final del túnel al pueblo, a la humanidad y a Dios. Se trata de escribir y reescribir diariamente, incansablemente, en un esfuerzo encomiable por superar cada día el propio caminar sin desmayo, por el mundo, aunque sea un paso, un pasito, un milímetro, un centímetro, pese a que las piernas flaqueen y los pies se arrastren y el aire parezca el mismo e insondable, pero mensajero en el viento, revuelto en la ventolera, inclemente huracán (corazón del cielo), ciclón o tempestad.
Luis Alberto Angulo, de obra ya definida por la amorosa voz y cuidadoso trato de Carmen Mannarino, en su prólogo a la “Fusión Poética”, libro éste que antecede a la “Antología del decir”, ya desde la misma dedicatoria de “Coplas del amor ligero”, su autor se propone escribir para un “país inocente”, para prevenir y corregir cualquier marcha en estampida ciega hacia el abismo, intentando una vuelta en “u” de lo ininteligible, de nuestras divisiones y conflictos, del discurso ordinario, guerras externas e internas, usura, indolencia, apatía y corruptelas, inacabables, como si repitiéramos cíclicamente rencillas indígenas, conquista de la espada, el caballo y la cruz, “bochinche, puro bochinche”, zamuros, ojos y garras de águila imperial, parejería, individualismo y egoísmo, Impurezas espirituales (según el sintoísmo), karma (para el budismo), pecados (para el cristianismo), aunque siempre confiando en el alma del pueblo y su canta, aún en la oscuridad de la noche y el asedio del diablo.
Esta “crónica del decir”, según las categorías de Kant (espacio, tiempo y modo), nos recuerda que aun en el “Génesis” hay un principio del mundo y su desarrollo. Todo estaba unido y en silencio y Dios fue luz y palabra creadora y a través de ambas energías espirituales su voluntad precedió toda su acción. Los amigos que advienen en la dedicatoria son los del camino del poeta, andando y hablando juntos, otros seguramente están ausentes o se apartaron del camino, o simplemente se olvidaron momentaneamente. Este es un texto fundamentalmente de naturaleza sustantiva y verbal, porque allí la expresión es sustantiva, todo inédito nombrar, recreación de lo existente, con su propio modo, ocupante del espacio, y el verbo es la acción y multiplicación de la voluntad en su acción movilizadora en el tiempo.
Para abrir el libro, el poeta no rehúye la entrevista, con respuestas que constituyen un prólogo magistral de lucidez e hilación extraordinaria, red o tela de araña que no admite moscas, con humildad sincera para reconocer, en su decir, como antecedentes el exteriorismo de Cardenal, la antipoesía de Nicanor Parra, el modernismo brasileño (¿por qué no también Darío), el objetivismo anglosajón, la poesía hecha por mujeres, en fin , el habla y la fabla de la calle y la soledad, con citas textuales que dicen por sí mismas del amor y la memoria del poeta. Nos muestra cómo aprender a callar y hablar, para poder comprender, la meditación como fuente de sabiduría, para escucharse y hablarse a sí mismo, dejar fluir la imaginación y alcanzar la puerta del vacío interior. Leer y releer o escribir y reescribir (con admirado recuerdo de Borges), porque cambian las circunstancias, los sentimientos, el ánimo, la rapidez y el sosiego, el ruido y el silencio. Con la escritura ganamos y perdemos, ganamos para la fijeza y perdemos la propia memoria de los siglos y ciclos históricos, así como el sol llegará a su estallido final, antes a los libros se los comerán los comejenes. ¿La inmortalidad es vanagloria o pertenece sólo a los dioses y a los santos?
“La poesía que le habla al mundo tiene una dicción inconfundible” afirma Luis Alberto al final de dicha entrevista. Así, nombra, Vallejo o César Dávila Andrade. Recuerda que César Dávila Andrade, de paso entre nosotros, “universaliza desde lo particular”, nos topamos con la epifanía de las cosas del mundo, con el hombre, la mujer y la naturaleza como espejos de la divinidad, la cultura como fragmento de civilización, la parte en el todo y éste en la parte, hasta alcanzar el vacío como origen de todo lo existente y en el fondo del fondo nuestra búsqueda de Dios.
Al abrir la sección “El peón y la sirena”: en “La palabra y el silencio”, uno se pregunta si profetas y evangelistas inauguran la poesía del decir, uno piensa en el silencio que antecede a la palabra en el “Génesis”, y, en el Pópol Vuh, la conferencia de los dioses parece lo primero. Asimismo, entre palabra y silencio el sentimiento profundo y la voluntad preceden a la Palabra o Verbo, lo contrario puede ser apariencia banal y vana. En “Es absurdo suponer”, llegamos a la poesía como ilusión de belleza, pero imprescindible como el aire, el agua, el fuego y la tierra. La mentira está en la imagen de nosotros mismos con egolatría o depresión. Surgirá desde el subconsciente o el inconsciente que llamaría Freud. En “El peón y la sirena” nos preguntamos quién es el peón y quién la sirena, el peón puede ser el artesano o artista de la palabra y la sirena la escultura o poesía que adquiere vida y canto de ilusiones, puede ser también la multitud y su habla en medio de la cotidianidad, metáfora del navegante expuesto al riesgo de borrascas y peñas o erratas, también del campesino y sus fábulas, donde abundan sirenas que conceden tesoros a cambio de la vida en errancia marinera. En “Despiertan soñando”, el retruécano juega con el ingenioso giro de la frase como columna de la copla y el resplandor del sueño que ilumina el canto. “No pretendo” se funda en la humildad para reconocer la diversidad, pues, pretender imponerse ronda la arrogancia, más bien se debe buscar el hallazgo dentro de sí mismo. “Cuando el poeta” presenta la similitud de oficio del poeta con el agricultor, el músico y el carnicero de afilado cuchillo. “Andén” manifiesta el fardo de la cotidianidad que abruma al peón con escepticismo y desengaño. ”La cocina de Dios” es el lugar del pobre en compañía divina. ”Sobre piedra” estamos uno y otro, en transfiguración, en diálogo de hermanos, cada uno, también todos en el otro. “ Jugador” será el niño y “guerrero” el adulto, como para pensar en las antípodas de las edades o ¿será un juego eterno y trágico?. “Muchacha aborigen”, la pobreza y mendicidad de los indígenas en la ciudad sordomuda y ciega “Miguel Terán, El perro”, una crónica de la muerte y funerales de un guitarrista, en silencio su instrumento, mientras sus amigos tocan sus guitarras en una funeraria de pobre. “2025”, el presente y la imaginación del futuro. “El maestro” nos enseña referencias y experiencias para nuestra reflexión y aprendizaje. ”Planeta” representa la crónica y el habla de la comunidad y la cotidianidad transmutadas en una poesía trascendente. “A una mujer que ama a un hombre”, rememora el intertexto para quien carga dentro de sí un índice de citas poéticas. “Enigmas”, constituye una vuelta sobre el ser y la apariencia. En fin, “El peón y la sirena” es una enjundiosa vuelta de antípodas, su comunidad, comunicación, creación, compartir el pan y el canto, en contradicción y unión, ilusoria o fraudulenta.
“Versos de la calle”, segunda sección de este libro, constituye riguroso, certero, irrebatible, inexcusable juicio, razonamiento, concepto, acusación, sin ambigüedad alguna, como pedrada de David contra Goliat, gárrulos, cínicos y manipuladores de la información y opinión pública. Por eso, podemos llamar ultrapolíticos a sus poemas y es inevitable referirse a la mayoría de ellos o a casi todos en particular, porque allí no hay desperdicio, parloteo alguno: “¿ A quién fortaleces?” está estructurado con preguntas a la mente y el corazón sobre la violencia y las manipulaciones contra nuestra integridad física y soberanía nacional. “Hiroshima 2005” acusa tres crímenes históricos y abominables: el Calvario de Jesús de Nazaret, el Holocausto de los hornos crematorios nazis y el bombardeo de Hiroshima. “Jesús Rey de los judíos”, crucificado por el Sanedrín y Roma, nos abre la puerta del anverso y reverso de la visión terrenal y celestial, al decir a su gente colonizada: “Mi reino no es de este mundo”. “USA” es superior a todo discurso político y pudiera estar inscrito en la entrada de todo puerto y frontera de los países del llamado tercer mundo, hasta donde ha llegado la garra sangrienta del águila imperial. ”Muros” nos advierte de los ojos bien abiertos del poeta, pendiente de la noticia y sus perversiones catastróficas y burocráticas, aparentemente normales, para cerrar con una profecía: el fin de todo muro vendrá. “Posterioridad”, juicio contra Pinochet, la CIA, la prehistoria, el capitalismo armado y el postcapitalismo inteligente, culminando con un giro de la conocida frase de Fidel Castro: “la historia no te absuelve”. “Haditha” o Pilatos redivivo, el imperio de USA. “Con puro canto”, la poesía, la canción, el canto del gallo de los que luchan por transformar el mundo. “Sólo era un asesino”, Husseín, ahorcado en espectáculo global, parece sobrevivir con sus últimas palabras: “Dios es grande, la nación saldrá victoriosa, Palestina es árabe”. “Crónica de un zapatazo”, alerta capacidad del poeta para reconocer la crónica de la guerra contra los pueblos y el gesto del zapatazo contra George Bush, hijo. “¿Por qué no te callas?”: coloca a cada quien en su lugar, a Chávez con el soberano y al rey Juan Carlos de Borbón con Franco. “Bolivarianismo siglo XXI”: el dilema actual de la humanidad, en una interrogante de encrucijada: “¿Los que quieren una tierra para todos o los que quieren una tierra para nadie?”. “Lecciones”: memoria de las lecciones de Orlando Araujo al poeta Angulo. “Ese cuerpo gigante”: Chávez. Cualquier otro comentario resulta redundante.
La tercera sección, “Poemas del piedemonte”, anécdotas y crónicas, vuelta a la eternidad de los orígenes, nostalgia de Barinitas, “pueblo arriba” y “pueblo abajo”, los campesinos y la niebla, la infancia, la llanura por delante y la montaña a las espaldas, la casa, los padres y abuelos (“Con una mamá altamirense y un padre de vocación llanera”), los oficios y juegos de niños, adultos y viejos, el milagro de la “Sarrapia de Barinitas” en la plaza Bolívar, viajera desde Río Negro hasta allí, desde hace más de un siglo, que “resguarda / en su aroma el amargo corazón de la selva”, poesía y variedades Matos Arvelo (quien la trajo hasta Barinitas), Arvelo Larriva, Arvelo Torrealba, con su olor inundando patios y montaña del piedemonte, los sacos de café (“cada grano llega con su propia historia”), los gallos que ayunan desde el día anterior a su pelea, Rosa la curandera, el dicho de “Mano Chilo” (“Ah rigor, unos mueren de puro comer y otros/ de comer puro”), “cuarenta días lloviendo sin cesar/sobre el zinc y las ánimas del pueblo”. Habría que decirlo sin signos de puntuación y sin pausa para respirar, como lo hace García Márquez en “El otoño del Patriarca”, para rendirse al recuerdo y la nostalgia y morirse diciendo “yo le pertenezco”.
Al final del texto, “Coplas de la edad ligera” prefiguran los mitos del centauro que lleva adentro el llanero o todos (según Gallegos en su “Doña Bárbara”), con el llano abierto al horizonte infinito en su corazón y en su alma, en su grito y en su canto, con antecedente inolvidable en el contrapunteo de “Viento Barinés”, suscrito por el padre del poeta y publicado más tarde por el hijo que crecería poeta en su anverso y coplero en su reverso, como el as y envés de la hoja, afirmando y reafirmando en cada libro su propia voz, universo y estilo, confirmando a través de la edad ligera el valor poético de la copla y el decir de la tierra de origen, reencontrando en la copla la síntesis del alma popular, renunciando a toda criptografía ininteligible por el común y gozoso de compartir el alma popular, origen de la poesía. Ahora, lanza la soga más lejos, pretendiendo un “Inédito decir”, con mucha ambición expresiva, pero con la naturalidad de la respiración, inspirado escribir, espirado reescribir; el aire es el mismo, pero es viento e ilusiones, optimismo y esperanza, tristeza y desencanto, para volver a levantar la esperanza y la alegría, amor y desamor y recomenzar esta rueda, vuelta y vuelta como el tiovivo, ánima de la tierra, el cielo y el océano infinito.
¿Es “la edad ligera” el contrapunteo entre la vida y la muerte, un juego ambivalente de la juventud y el asedio de la vejez?. ¿Es la llamada por el poeta cubano Reynaldo Arenas juventud inmortal, quien todo pretende cambiar sin importar el precio? ¿o es la vulnerable vejez, que todo lo cambia por dentro y por fuera y rapidito nos empuja hacia un cambio de hábitos de vida y de pensar, y nos empuja hacia la muerte, que no muda de costumbre:
“… la edad ligera
que nos muda por adentro
y mucho más por fuera”
¿De dónde viene la copla? es la primera interrogante del poeta. La respuesta no es simple, no basta decir “Llegó de España/encima de los caballos”, “pero fue su acento mestizo”, no en vano aquí se conocieron coplas y décimas como trovos, en el habla campesina, por lo que vuelve más atrás al juglar y al trovador, porque “la canta / provoca el inicio de la vida”, es “la chispa de la vida / alumbrando la razón”.
A la enjundia le sobra razón y oficio al decir: “…pa´ ser becerrero / primero debe coplear” y el goce emparenta con la canta: “Copla y cópula nacieron / en la misma cepa”. El coplero es un dios vivo, encarnado, paganizado, envuelto en brega con el “otro”, contra sí mismo, con el ángel que lleva por dentro o con el demonio mismo, un ángel proscrito: “un adentro y un afuera / cuando respiro lo siento”, “Mi lucha fue con el ángel”, “Apareció de repente / un ángel en el camino”. Es el espejo de sí mismo, es “Verse vivir en el otro / sentir el otro en sí mismo”, en su lado iluminado u oscuro, positivo y / o negativo, riesgo y apuesta, el que se entristece y se ausenta, se baila en el joropo y a la hora del café, imposible reconocer en la vacuidad donde se confunden el “yo” y el “tú”, por obra y arte de las vibraciones de ondas y nudos, lluvia y condensación de partículas elementales, según la física cuántica y más lejanamente infinitesimales, según el “Principio de Pa” difundido por el Maestro fundador de Sukyo Mahikari, SUKUINUSHISAMA y que constituyen y animan todo lo existente, en su contacto y choque, interrelaciones y oleaje, constituyendo los ciclos de la vida. En su entonación, los octosílabos “Como las olas van y regresan / sin agotarse jamás / …cada gotita del mar…sabemos que están unidas”. Decía Santa Teresa de Calcuta: somos como una gota de agua en el océano, pero sin ella tampoco el océano existiría.
El alma y el sentimiento interactúan en su profundidad, pureza e impurezas, paisaje y epifanía, espejo de claridades y sombras:
“Siento una copla en el alma
saliendo pronto a cantar
un sentimiento que calma
la brisa sobre el palmar”

En la copla, entre pregunta y respuesta va y viene el decir, el becerrero se interroga y contesta, la copla “No es un tipo de poema / ni clase de poesía”. En ella se entretejen la religión y el arte (“El Antiguo Testamento y las Cuevas de Altamira”), constituyen búsqueda y visión milenaria “ del que diciendo se inspira”, en la palabra no mediada, “un decir inmediato”, de filosofía sin categorías predeterminadas, pero reconocida en su historia y nociones (“El ser del tiempo es ahora”), de recorrido con cabida para Heráclito, Don Quijote, Octavio Paz, o Antonio Machado, entre otros (“en el pozo más profundo”, “busca tu propio decir”) y visión de la eternidad de “Los ancestros del decir”, arpa y poesía, como en los Salmos, “El poema es cuanto queda / de este sentir sin medida”, en vuelta inevitable al Génesis (“es la palabra que nombra / es el decir entendido”) y la libertad, espíritu y poder de la palabra o el Verbo, ”Libre ya fue para siempre, / cuando llamó como nombra”, vuelta y vueltas de “La conciencia del sentir”. En súbita iluminación, el coplero confiesa: “No vale que yo me esconda / si le sembraron en mí”. ¿Quién es el sembrador? Algunos le llaman una energía que lo dirige todo, otros una voluntad superior, el común de los aborígenes y de los pueblos del mundo le llaman Dios, bajo diversos nombres, pero siempre el mismo Dios Supremo.
Dentro de su sabiduría el coplero deriva en la vida, ésta y la otra, la conocida y por conocer, puerto de llegada la conocida frase de Calderón de la Barca: “La vida es sueño”:
“Morimos y despertamos
Sin recordarnos el sueño
…Me fui pero estaré aquí
…Cuando nos vamos venimos”
para saltar a una enseñanza búdica: “ El ego es la ilusión”.
Los cantos del coplero sobre el amor se entretejen entre un antes, un durante y un después, del deseo, el querer, la intimidad y el ardor. No pueden faltar los refranes como expresión de la sabiduría popular emparentada con la filosofía, en contrapunteo de la vida y de la muerte, del amor y el temor a su frustración con la mujer, el habla misma y la sátira, aguardiente y agua bendita, la noble sencillez. La filosofía se le sale por los poros y la garganta a este culto coplero, si a ver vamos, en el fondo no existen ignorantes ni incapaces de pensar, y estas coplas nos lo recuerdan siempre, con desdén por las peroratas. No falta en ellas el recuerdo de pensadores, ensayistas, poetas y filósofos y toda una diversidad temática las recorre como obsesión frente a poemas oscuros en su expresión y suprema dificultad para entenderlos, abandonado el lenguaje de la tribu por la poesía. Forma de consigna tiene la conclusión: “La copla viene del pueblo / y hacia el mismo pueblo va”. Filosofía popular, sátira, circunstancias del ego y la petulancia, retruécanos del ser y la existencia constituyen juego permanente del habla y la canta de estas coplas.
En su halón y giro de coleador, la copla se torna bíblica, hurgando en ese libro de libros (“La biblia es un libro cojonudo”, dirá con atrevimiento García Márquez), buscando personajes, como Emily Dickinson, o como Gabriela Mistral, el recuerdo de citas y personajes de la misma fuente, asimismo, Luis Alberto Angulo va en busca de Proverbios, La Sabiduría, los justos de la Ley, la conmemoración de las enseñanzas de Jesús.
En estas coplas el poeta Luis Alberto Angulo deriva y sortea breñas y rocas, en su caminar y navegación, enfilado hacia el decir de la poesía universal, oriental, occidental y caribeña, como escribano, sirena, juglar y trovador, finalmente, coplero, llanero y andino, de piedemonte y citadino, lugareño y cosmopolita, con una voz bien definida, afilada y nítida, sin complejos y miedos subalternos.

En la mañana del 15 de enero de 2022.

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