MÁRTIRES CRISTIANOS POR LA LIBERTAD Y LOS DERECHOS HUMANOS

Conmemoramos el pasado 16 de noviembre, una de las efemérides más tristes, pero al mismo tiempo gloriosas, de los últimos tiempos: el cobarde asesinato de los jesuitas de la Universidad Centro Americana, a cargo de un pelotón del Ejército salvadoreño.

Los jesuitas asesinados, con su rector a la cabeza, el insigne filósofo y teólogo de la Liberación, P. Ignacio Ellacuría, llevaban años denunciando la opresión sobre la libertad de los pueblos en América Latina, así como las sistemáticas violaciones de los Derechos Humanos en el Continente americano.

Se les tildó de Comunistas y de Marxistas, porque acusaban de todos estos crímenes, a los potentados capitalistas de América, con toda la intención de desprestigiarlos y de crearles una fama que causara temor en el mundo. Pero debemos desenmascarar las astutas etiquetas, con las que todavía hoy se les sigue enterrando injustamente.

Los jesuitas de la UCA, nunca defendieron el Comunismo al estilo político que se ha venido practicando hasta ahora, es decir, un Comunismo discriminatorio, en el que se entrega el poder a unos, y se les quita a otros, junto a su dignidad humana. Los jesuitas defendían y defienden, un Comunismo al estilo cristiano, un Comunismo en el que no haya vencedores ni vencidos, sino que todos ganemos y prosperemos, al darnos las manos como hermanos, para luchar todos juntos en armonía, por un mundo mejor para todos, sin excepciones.

Cuando el P. Ellacuría se ha servido de Marx para explicar determinas injusticias que comete el Capitalismo, no estaba haciendo una loa política, sino que estaba valiéndose de los argumentos de otro colega de la filosofía, para explicar las injusticias y los abusos que se llevan cometiendo durante siglos contra los humildes e indefensos. Sus pretensiones en ningún momento fueron de cariz político, sino completamente cristiano y basado en el Evangelio.

Ellacuría y sus compañeros, deseaban bajar de la Cruz a los crucificados de América, que son millones de seres humanos, humillados y sin voz. Millones de personas que no tienen nada, y que son prostituidos y violados sistemáticamente, por los que lo acaparan todo, en una sangrante y clamorosa injusticia.

Ningún cristiano con una mínima dignidad religiosa y humana, podría cruzarse de brazos ante la miseria de tantas personas, conviviendo cotidianamente con la más suntuosa opulencia. Y nadie me lo tiene que venir contando, porque he vivido unos años en Latinoamérica, y yo mismo lo he comprobado con mis propios ojos.

Los mártires de la UCA, dieron la vida por todos esos parias tan vejatoriamente tratados por sus hermanos, y parece mentira que la maldad del hombre pueda llegar a estas cotas. Es triste, pero, al mismo tiempo, me produce un gran gozo saber que puede existir gente con esa capacidad y esa valentía en el mundo, idéntica a la que manifestó Nuestro Señor.

Debo decir que, gracias a este ejemplo, yo también he puesto mi granito de arena para luchar contra las violaciones de los derechos humanos en la hermana América, legando casi la totalidad de mi obra literaria a Amnistía Internacional en su sección de México. Deseo que, en el futuro, mi obra, quizás, pueda contribuir a financiar causas en defensa de los derechos humanos, y, de tal manera pueda ser mucho más útil y mucho más provechosa, que una obra «convencional».

FRAN AUDIJE
Madrid,España,5 de abril del 2024

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores


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