El título de hoy pareciera carente de relación alguna, entre los dos conceptos que se exponen, al menos sin dar mayores detalles ni explicaciones. Algo así como la velocidad y el tocino, o el culo y las témporas. Pues voy a tratar de que entiendan ustedes, mis apreciados lectores, la concordancia que existe, dentro de la limitación de este espacio, y de mi habilidad para darme a entender sobre algo tan farragoso e incongruente.
Resulta que me he ganado la fama de escritor polémico, y, para muchos, odioso del todo. Aunque carezco de pruebas, intuyo que los hay que, incluso, han pedido mi cabeza, casi literalmente, o literalmente, por más que suene a demasía increíble.
Son tiempos en que hemos olvidado la tolerancia y la comprensión, que nos debemos entre hermanos y compatriotas. Y seguimos olvidando que, una nación, solo puede subsistir merced a la fuerza centrífuga del amor a esa nación, o a esa patria, que deberían sentir sus ciudadanos, entre unos y otros, porque no hay mayor frustración que sentirte extraño en tu propia tierra.
Claro, si resulta que una de tus mayores cualidades es la de pensador y analista, para lo cual viene necesariamente emparejada la necesidad de expresar esas ideas que fraguas, pero vives en un entorno donde nadie tolera una contraria, o la discrepancia, y, para colmo, se te castiga por pensar y por escribir, persiguiéndote para ver si te hacen daño, bajo la imposición de comportamientos que no eres capaz de asumir, pues te resultan inmensamente indignos, y hasta incivilizados, pues el resultado, o uno de los mismos, es que te vuelves un hombre casto, sin quererlo en absoluto.
Camino por la calle, y me miran algunos como perdonándome la vida. Otros no me la perdonan, pero la vigilancia policial les impide hacer lo que les apetecería. Solo las prostitutas parecen apiadarse de este pobre hombre, y me abrirían un hueco entre las sábanas de sus lechos, porque tengo terminantemente prohibido ser feliz, o realizarme afectivamente con la mujer amada.
Todo este sinsentido, por no ser de derechas ni de izquierdas, sino ser un librepensador, que practica el eclecticismo como sistema, y como buen analista e investigador, se forma criterios a base de escoger lo que considera más válido entre unos pensamientos y otros.
Creo que ya he dicho bastante sobre la relación que guardan la intolerancia y la castidad, pero, para dejarlo aún más claro, debo añadir otro término que podría servir de nexo: alcahuetada, es decir, que estoy viviendo una auténtica estratagema de alcahuetería, sin otro fin que el de tratar de desequilibrarme como persona.
FRAN AUDIJE
Madrid,España, 8 de agosto 2024.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
