El socialista, Antonio Costa, dimitió de su cargo como presidente del Gobierno portugués, en noviembre de 2023, por verse envuelto en un caso de corrupción. El Primer Ministro británico, Boris Johnson, también presentó la renuncia a continuar en su cargo, en julio de 2022, al perder la confianza de su partido, tras un escándalo sexual dentro de sus propias filas, que no supo gestionar adecuadamente. Pero si nos vamos a otra gran democracia, en Corea del Sur, tenemos a un pueblo, el coreano, que no pasa ni una a sus gobernantes: en el año 2017, una protesta popular descomunal, consiguió descabalgar del poder a la presidenta, Park Geun-hye, por un escándalo de corrupción; en la actualidad, se vuelven a producir en Corea del Sur tumultos populares, en una nueva protesta por abuso de poder en su actual presidente, Yoon Suk Yeol.
En España, hemos tenido a presidentes, desde Felipe González, envueltos, no en un caso de corrupción, sino en una corrupción generalizada, y han continuado en el poder sin el mayor rubor ni vergüenza. El caso del actual presidente español, Pedro Sánchez, ya es una superación de toda esta geta generalizada en España, por parte de los políticos, donde nadie suelta el cargo, pase lo que pase, y ocurra lo que ocurra. En el caso de Pedro Sánchez, es especialmente llamativo, porque se encuentra directamente relacionado con diversos casos de corrupción, que atañen a familiares del mismo, además del Caso Koldo, que afecta a cargos importantes de su partido, y que apunta al propio Pedro Sánchez como sospechoso.
Pero, Pedro Sánchez, que, además, ve incumplida su promesa de combatir la corrupción, que le sirvió de excusa para plantear la moción de censura, mediante la cual consiguió acusar de corrupción al anterior presidente, Mariano Rajoy, y sustituirle tras ser elegido por el Congreso de los Diputados, persiste fiel a su Manual de Resistencia, y no suelta la presidencia del Gobierno español, ni a sol ni a sombra.
¿Cómo podríamos calificar este comportamiento democráticamente impresentable, por parte de los políticos españoles, los cuales, muchos de ellos, se encuentran bajo sospecha de violaciones graves de los derechos humanos?.
Yo diría que es un verdadero escándalo esta forma de actuar en España, en la que tan complicado resulta que los cargos públicos, a la mínima sospecha por corrupción, presenten su dimisión. Un escándalo que habla del concepto de la democracia, de estos señores que nos gobiernan, o desgobiernan, porque en España vivimos bajo un recorte de los derechos fundamentales, inédito en el resto de la Unión Europea, padecemos el paro laboral más abultado del Occidente desarrollado, y nos encontramos, normalmente, a la cola de la Unión Europea, teniendo en cuenta un conjunto de parámetros, los cuales, a día de hoy, y según estudios del Instituto Juan de Mariana, nos hace ocupar, exactamente, el último lugar.
¿Acaso han tomado a España como su Cortijo particular, donde los españoles somos sus lacayos o sirvientes?. España necesita de manera urgente, un reciclaje de su clase política dirigente, imbuida en prácticas y malas mañas, inaceptables en una democracia, y en una democracia de la Unión Europea, puesto que estamos pasando de manera cada vez más alarmante, de un régimen democrático, a una dictadura o dictablanda, que solo conserva de la democracia original, el nombre. Estamos, creo que sin exagerar lo más mínimo, ante lo que el Nobel de Literatura, Arturo Vargas Llosa, calificó como “Dictadura perfecta”, refiriéndose a México en el año 1990.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 11 de octubre del 2024
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