Por Bernardo Méndez Lugo
Fotografía Facebook
Ciudad de México 2 de septiembre 2026
A los 80 años, cumplidos el pasado 3 de marzo de 2026, Joel Ortega Juárez representa una trayectoria política e intelectual que permite recorrer, a través de una sola vida, buena parte de la historia contemporánea de la izquierda mexicana.
Su historia está ligada al movimiento estudiantil de 1968, a la represión del 10 de junio de 1971, al nacimiento del sindicalismo universitario, a la transformación del Partido Comunista Mexicano, al movimiento cardenista de 1988 y a los debates sobre la democracia mexicana.
Más tarde, también se vinculó con el periodismo y el análisis político. Sin embargo, reducirlo a cualquiera de estas etapas sería insuficiente. Ortega Juárez pertenece a una generación que hizo de la política una forma de compromiso intelectual y participación social.
Economista egresado de la UNAM y maestro en Periodismo Político, comenzó muy joven su militancia. Ingresó a la Juventud Comunista Mexicana en 1963 y participó activamente en el movimiento estudiantil de los años sesenta.
Fue cofundador de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos y vivió directamente uno de los momentos más dramáticos de la historia mexicana: el movimiento estudiantil de 1968 y la represión del 2 de octubre en Tlatelolco.
Para quienes pertenecieron a aquella generación, 1968 no fue solamente una fecha histórica, sino una ruptura. Cambió la manera de entender al Estado, la democracia, la participación ciudadana y las posibilidades de transformación social.
Tres años después, el 10 de junio de 1971, Ortega Juárez volvió a estar en el centro de la movilización estudiantil. La represión perpetrada por el grupo paramilitar conocido como Los Halcones convirtió aquella jornada en otro parteaguas. La experiencia dejó una huella profunda en su pensamiento y posteriormente se reflejó en sus libros y testimonios sobre esa época.
Una de sus aportaciones menos conocidas fuera de los círculos universitarios fue su participación en la construcción del sindicalismo de la UNAM.
En los años setenta, cuando la universidad vivía intensas transformaciones políticas y laborales, Ortega Juárez participó en el Sindicato del Personal Académico de la UNAM, SPAUNAM, donde ocupó la Secretaría de Organización. Posteriormente integró el primer Comité Ejecutivo del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, STUNAM, constituido en 1977.
El nacimiento del STUNAM fue mucho más que la creación de una organización sindical. Formó parte de un proceso más amplio de democratización de la vida universitaria y de reconocimiento de los derechos laborales de trabajadores académicos y administrativos.
La experiencia sindical contribuyó a formar una visión política que acompañaría a Ortega Juárez durante toda su vida: la convicción de que la transformación democrática no podía depender exclusivamente de los partidos, sino que debía construirse desde las instituciones, las organizaciones sociales, la universidad y la participación ciudadana.
Su trayectoria dentro de la izquierda también fue compleja. Fue miembro del Partido Comunista Mexicano y posteriormente participó en la construcción del Partido Socialista Unificado de México. Con el tiempo, su pensamiento evolucionó hacia posiciones críticas tanto del autoritarismo político como de las estructuras burocráticas de la izquierda.
En 1988 participó en la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas. Aquella elección marcó un momento decisivo para la izquierda mexicana y para la historia política del país. El movimiento cardenista abrió un espacio que posteriormente contribuiría al nacimiento del Partido de la Revolución Democrática.
Es importante, sin embargo, distinguir entre participación política y pertenencia partidista. Ortega Juárez no fue fundador formal del PRD ni desarrolló después una carrera partidista. Su trayectoria siguió un camino independiente, más cercano al análisis, la crítica y la reflexión sobre los acontecimientos políticos.
Esa independencia es una de las características más relevantes de su personalidad intelectual.
Durante las décadas siguientes, Joel Ortega consolidó otra dimensión de su trayectoria: la de periodista y analista político. Ha escrito sobre México, la izquierda, la democracia, los movimientos sociales y los grandes acontecimientos internacionales. Su formación económica y su experiencia política le permitieron combinar el análisis de coyuntura con una perspectiva histórica.
También participó en la construcción de las instituciones democráticas. Entre 1996 y 2003 fue consejero suplente del entonces Instituto Federal Electoral, en una época en la que México atravesaba una profunda transformación de su sistema electoral.
Su obra escrita ofrece otra vía privilegiada para comprender su pensamiento.
En libros como 10 de junio. Ganamos la calle, Libertad de Manifestación: Conquista del Movimiento del 10 de junio de 1971 y Adiós al 68, Ortega Juárez recupera episodios de los movimientos sociales de los que fue protagonista y testigo.
Su autobiografía, El otro camino. Cuarenta y cinco años de trinchera en trinchera, publicada por el Fondo de Cultura Económica, ofrece una mirada especialmente valiosa sobre su recorrido político e intelectual. El título resulta revelador: “trinchera en trinchera” describe una existencia marcada por el debate, la militancia, la crítica y la búsqueda permanente de alternativas.
En 2024 publicó, junto con Jorge G. Castañeda, Las dos izquierdas: Lo que nunca se contó sobre la izquierda mexicana. El libro revisa, desde perspectivas distintas pero complementarias, la evolución de la izquierda mexicana, sus divisiones, contradicciones y transformaciones.
La colaboración con Castañeda resulta significativa. Ambos proceden de experiencias políticas e intelectuales diferentes, pero comparten la preocupación por comprender las raíces y los cambios de la izquierda mexicana.
Llegar a los 80 años significa, para Joel Ortega Juárez, haber atravesado más de seis décadas de la vida política nacional.
Desde el 68 hasta las discusiones actuales sobre democracia y geopolítica, su generación fue protagonista de cambios que parecían imposibles cuando comenzó su militancia juvenil. Muchos de aquellos jóvenes que enfrentaron al autoritarismo mexicano terminaron ocupando espacios académicos, periodísticos, institucionales y políticos. Otros, como Ortega Juárez, conservaron una posición crítica e independiente.
Su vida también recuerda que la izquierda mexicana nunca fue una corriente homogénea. Estuvo integrada por comunistas, socialistas, sindicalistas, nacionalistas, demócratas, movimientos sociales e intelectuales independientes. Sus diferencias fueron profundas y, en ocasiones, difíciles de conciliar. Por eso, recuperar sus historias individuales resulta indispensable para comprender la complejidad de nuestra vida política.
A sus 80 años, Joel Ortega Juárez continúa escribiendo, analizando y participando en el debate público. Su trayectoria pertenece a la historia del movimiento estudiantil, del sindicalismo universitario y de la izquierda mexicana, pero también a la de quienes hicieron de la crítica y la reflexión una forma de participación ciudadana.
Más que una biografía política, su vida puede leerse como el recorrido de una generación que decidió no permanecer indiferente ante su tiempo.
Y quizá esa sea la mejor manera de celebrar sus 80 años: reconocer no solo al militante de ayer, sino también al intelectual y ciudadano que, después de tantas décadas, continúa preguntándose qué izquierda, qué democracia y qué país necesita México.
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