Morena Michoacán 2.0: ¿Ruptura o Reconfiguración?

Fernando Villanueva Ávalos

El lunes pasado morena definió al experredista Carlos Torres Piña como su coordinador de defensa de la transformación, que en los hechos lo convierte en precandidato a la gubernatura del estado en las elecciones del próximo año.
El anuncio hecho por las responsables del proceso, Citlali Hernández y Ariadna Montiel, se tradujo en una cara de felicidad en prácticamente todas las personas participantes, salvo obvio el profesor Raúl Morón, que nuevamente vio a la derrota enseñorearse contra la estructura de R21. Un trago amargo para los moronistas, a quienes poco les faltó para llamar a traición dentro de las filas del partido guinda. Y aunque el virtual precandidato, CTP fue mesurado, incluso en su gesticulación -si bien disfrutó el nombramiento como un triunfo- llamó a la unidad y dijo que ningún liderazgo sería excluido de la plataforma electoral que pretende construir para contender contra la posible alianza opositora del prianismo o la alcaldesa independiente de Uruapan, Grecia Quiroz, una de las políticas con mayor expectativa de curva de crecimiento de aquí al fatídico 6 de junio del ‘27. Y aunque el discurso integrador se vuelve oficial, la herida en las filas de la 4T ya causó fuertes sangrías.
Más allá de las intenciones, la política es un juego de intereses. Y a estas alturas es muy difícil pensar en que los intereses del torrespiñismo pueden coincidir en algún punto con el moronismo. Al menos no hay evidencias de ello. Y más bien a estas tempranas alturas, cuando no ha concluido ni siquiera la primera semana del anuncio, ya hay rupturas que parecen irreconciliables.
Celeste Ascencio, una de las derrotadas en las internas de Morena y cuya cercanía con Citlali Hernández es harto conocida, lo dijo sin empacho: «hay ruptura».  A pesar de la declaración que en un sentido opuesto refirió la también michoacana Carolina Rangel, secretaría general del CEN de Morena, quien no ve fracturas pero reconoce que urge al precandidato implementar la famosa “operación cicatriz” con la estructura de R21. Pero la realidad ensombrece la esperanza.
Itzé Camacho, actual diputada local por Morena y una de las figuras con mayor proyección pública dentro de las filas de R21 durante el proceso, confirmó la crisis en los acomodos de la 4T Michoacana al señalar que la designación de Torres Piña genera fricciones que la hacen pensar en una posible ruta alterna, bajo otro abanderamiento (las banderas rojas del Partido del Trabajo), lo que le permite incluso apostar a que podría ser “la última vez que gana Morena en Michoacán” -refiriéndose sin duda alguna al triunfo de Alfredo Ramírez  Bedolla.
Ahora bien, analizado con frialdad vemos la complicada “operación cicatriz” que tiene enfrente Carlos Torres Piña, un político que no es conocido por formar amplios bloques ni construir aperturas que permitan consolidar partido, sino que siempre se ha hecho prevalecer su propia corriente, una antigua tribu perredista (Alternativa Democrática Nacional o ADN), que quizá ahora con el triunfo se constituya incluso en una especie de micropartido al interior de Morena.
Haciendo un ejercicio de imaginación política, nos resulta muy apretado el esfuerzo para acomodar todos los desacomodos. Quizá la negociación con el grupo del actual gobernador Ramírez Bedolla le alcance para meter a parte de su equipo en el torrespiñismo, pensamos en la estructura de Gladys Butanda que se sumó ipso facto al nombramiento, así como su círculo íntimo de allegados, funcionarios que no estuvieron en la contienda interna pero que estarán sin duda; Fabiola Alanís tiene contrapesos que le aseguran algunos espacios (Celeste Ascencio, Ana Lilia Guillén y demás perdedores de la interna morenista se cuecen aparte y con sus propios medios sin duda buscaran espacios).  Y en la mesa de elecciones que repartirá espacios de candidaturas de la elección del 27 sin duda veremos a Gaby Molina, con buenas relaciones que pesan en Morena. Pero ¿dónde podríamos acomodar a liderazgos de R21 como Nacho Campos, Fidel Calderón, la expriísta Xóchitl Ruiz o Juan Carlos Barragán, por mencionar algunos de los referentes que destacan, dónde cabrían repito esos liderazgos en el equipo que deberá formar Carlos Torres Piña?
El propio Reginaldo Sandoval acaba de advertir que de no corregirse los desvíos de la alianza de izquierda que ha formado con Morena podrían considerar la posibilidad de ir solos en la siguiente elección, lo cual de acuerdo con sus análisis y números provocaría la inminente derrota en las urnas de la cuarta transformación. Pues si bien parece que al profe Morón contender solo con el registro del PT no le alcanza, si le resta a la Alianza.
El caso de Ernesto Núñez y el Partido Verde en Michoacán se cuece aparte, sobre todo al cierre de la temporada por venir de la serie “Charly Gobernador”. Con un olfato político que hasta ahora lo ha fortalecido para convertir el Verde en un referente a considerar tanto para alianzas como para futuras contiendas en las urnas, el diputado federal y líder de los Ecologistas michoacanos, tras un breve acercamiento con el moronismo al inicio de la interna, que se rompió aparentemente por la necedad del diputado Juan Carlos Barragán de no querer soltar Morelia, una plaza a la que no le acaba de gustar el estilo bronco de Barragán le, Neto Núñez comenzó a tejer alianzas con Torres Piña sabiendo que su participación en la interna morenista por coordinación podría restarle al venir de un instituto político externo, por lo que hizo bloque con CTP, ahora coordinador, lo cual sin duda alguna lo fortalece aun mas para llegar con una mano firme a las negociaciones que habrán de definir las asignaciones en las candidaturas de Morelia y Michoacán.
Finalmente, considerando un panorama en el que Morón pudiera ir por el PT, Torres Piña con la alianza Morena-Verde, Alfonso Martínez con el PAN, quizá aliado con el PRI en Michoacán, no es poca cosa, y la cabeza de la ida hidra, Grecia Quiroz, quien podría salir como candidata independiente pero cobijada por la estructura que ha empezado a mover Movimiento Ciudadano, ¿cómo se moverá el tablero?, ¿cuáles serían los resultados? Sin duda el riesgo lo corre la llamada izquierda electoral, por los contrapesos de dos candidatos cuyas estructuras buscarían a electores de perfiles similares. Grecia todavía tiene que lidiar con las investigaciones de lo que resta por salir del caso Manzo, que podría desgastar su imagen con elementos negativos. Así que el silencio del alcalde capitalino quizá no sea mas que este revisando sus cálculos para salir a la recta final (su llamado AMA Michoacán fue llamarada de petate de tan intrascendente)
La pausa reflexiva que han declarado Morón y Reginaldo Sandoval quizá no sea mas que poner el cascabel a la Alianza, marcarle una pauta, presionar. Es difícil pensar que Morón saldría solo con alto riesgo de perder y para Torres Piña otra derrota sería el fin. Pero además, el gobernador se juega la transición y sabemos que nada se la garantiza mas que el hecho de que el candidato de la Alianza salga fuerte. Podríamos decir que se trata ya de matar o morir políticamente. Pero al final los intereses prevalecerán.

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