La muerte, situación humana carente de poesía, aunque no le hayan faltado poemas, dedicados a tan fatal circunstancia, para el que se va a ir, y para los que se quedan soportando ausencias llenas de amor y melancolía, por lo general.
El hombre posee la capacidad de odiarse entre sus congéneres, en un sentimiento que podría estar cercano al aborrecimiento que suscita morir. Pero la muerte es poderosa, nadie, por muy pintado y por muy bien colocado que se encuentre, posee el poder de zafarse de ella. Y mira que existen y han existido, chulos y bien puestos, pues nada, ante la enfermedad y ante su correligionaria, la muerte, nadie puede escapar.
Es cierto que no existe abismo donde esconderse de la señora de la guadaña, si llega el momento de cada cual, la guadaña cercenará aquel hilo finísimo, y de oro, como lo califican algunos, que nos une a la vida. Entonces, el alma volará a algún lugar de aspecto desconocido, pero que debe ser mejor que este valle de lágrimas, puesto que al trance le llaman: “Pasar a mejor vida”.
El Cielo de los cristianos, según las Sagradas Escrituras, es lo contrario del infierno, o del Hades. Un lugar de eterna dicha, en contraposición a la condena eterna a padecer la tortura de las propias faltas o pecados. Ser condenado al eterno padecer… qué triste.
Vamos a ser buenos, entonces, como nos invita el Evangelio, digo yo… que condenarse de por vida por desdeñar el amor, y dedicarse a fastidiar al prójimo, parece que no sale rentable. “Dad de comer al hambriento, liberad al oprimido”, dice el Señor.
Hacer el amor mucho más, o hacerlo permanentemente, porque el Dios del amor, puesto que recibe tal apelativo, suponemos que es lo que más valorará de nuestro comportamiento. Por amar, y por haber amado, nos salvaremos… del infierno eterno, recordemos, y tengamos presente esta idea inquietante, sí, pero aleccionadora.
“A quien mucho ama, mucho se le perdona”, dijo Jesucristo en una ocasión, mientras una mujer pecadora, conmovida ante su sabia doctrina, le enjugaba los pies con perfume. Mujer que, posteriormente, no deja de decirle: “Rabboni”, a Jesús, es decir, “Maestro”, traducido del Ebreo.
Ser Maestros en el amor, es de lo que se trata, podríamos deducir, para poder perdonar, y ser perdonados…
La vida es demasiado corta, y demasiado bella, como para que la embarremos con comportamientos que siembren el odio, producto del incivismo y de la transgresión de las leyes, ya fueren divinas o terrenales.
Fijémonos en el mundo que nos rodea, tan lindo y hermoso, comenzando por las mujeres, nuestras compañeras de vida, las madres del mundo, y las Maestras de la humanidad, también. Porque ellas se encuentran mucho más cerca del amor que nosotros los varones. La sensibilidad feminina, es mucho más capaz de la compasión, y del sacrificio, que nosotros, debemos reconocerlo así.
Amemos, pues, y apartemos la guerra, las rencillas, los odios y rencores. Si quien fuere te cae gordo, en lugar de ir a por él, quizás con un cuchillo en la mano, ignoremos, y sigamos otros caminos, nuestro camino, viviendo y dejando vivir.
La muerte se encarga ella sola de buscarnos, y siempre va a dar con nosotros, eso está garantizado. Pero la vida no nos va a encontrar si no ponemos nosotros de nuestra parte. Busquemos la vida, merece la pena. Y busquemos a la vida por los atajos del amor. Del amor, y de la lejanía de los rencores y del odio, preludio del sufrimiento sin fin, que nos vaticinan los santos de Dios.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook
Madrid, España, 2 de noviembre del 2024
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
#uprPanoramainternacional# FranAudije

Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
