EL EGÓDROMO PARTE XXXI

Por Luis Mac Gregor Arroyo

Fotografía de Akhil Kokanl en Pixabay.

hoyoblanco.com.mx
Sopas: Gurú en la ilusión, inmaculado, quien admite la existencia de Dios, sin cesar de tratar de conocer más sobre de él en todo lo que está a su mano. Tras graduarse en el arte de ayudar a las personas a sanarse, y estudiar años con un maestro espiritual de oriente. Se aventuró a auxiliar a una alma perdida en apuros. El costo fue alto para él. El joven resultó mal educado, más allá de lo previsto, pero aún así lo ayudó. El ayudante de ese hombre de renombre no pudo evitar caer en las redes de una coqueta mexicana y distraerse de su labor. Aún así tuvo tiempo de decirle al joven en apuros que la batalla contra el mal estaba perdiéndose, para después irse. Poco tiempo después, un pupilo de Sopas más experimentado llegó para ayudar a la persona en problemas. La ayuda duró poco pues el enemigo de la víctima lo dominó. Tiempo después, cuando el afectado había olvidado al gurú, una güerita lo abandonó y se hizo pareja de aquel hombre “cercano a dios”. Fue cuando éste trató de ayudar nuevamente al joven. Al paso del tiempo la mujer rubia enamoró, al parecer, a varios conocedores de las artes ocultas y, tal vez, hasta a un hombre quien suele usar su gorro rojo en invierno.  “enamoró” del chaval y le pidió ayuda al famoso gurú. Finalmente la portentosa mujer con el cabello amarillo dejó a todas sus conquistas atónitas y trató de poner orden. La situación de la víctima se había extendido tanto, en contra de la voluntad de él mismo, que con insultos (o eso le pareció al muchacho), la rubia consideró inculparlo por algo que el no creyó posible, la ausencia de un Dios real en las alturas. Así, para pagar por involucrarla en su realidad falsa, la güera lo obligó a la condena de vivir tres vidas para llegar a ser el mismo Dios, rehacer el cielo y vivir en una felicidad ilusoria. El hombre no podía creer que una mujer a quien quiso lo obligara a vivir en una falsedad. En dicho objetivo se confabularon sus amantes o exparejas gurús, quienes parecieron gozar con la idea, sin el menor sentido de humanidad. El joven buscó salir como pudo pero el sello espiritual de Sopas en persona no pudo romper, al menos por mucho tiempo. Finalmente el gurú se retiró derrotado, la gúera siguió en su tarea de hacer pagar sus osadías al hombre quién laguna vez le solicitó su ayuda. El comensal ve pasar a sopas con sus lentes, que le dan personalidad: ‘Me pregunto si este hombre estará en la ilusión o en la realidad’. Eso sólo lo juzgarán sus seguidores y, posiblemente, quienes sepan de él. De cualquier manera renunció a volver ese hombre en apuros santo para combatir a una diosa mortífera. ¿Este “maestro espiritual” seguirá tratando de cambiar la realidad en el tiempo de ahora a costa de lo dictado por un hombre de cabello largo hace más de dos mil años? ¿Cuánto tiempo le durará la perdición?

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