LA DESTRUCCIÓN DE TENOCHTITLÁN; ¿POR QUÉ?

Antonio TENORIO ADAME

Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística

Desde la lejanía de los 500 años que nos separan de la destrucción de la vieja Tenochtitlán, hoy se rinde el Segundo homenaje a su Memoria.

El periodo de la conquista española ha sido siempre sujeto a revisión. A partir de la Independencia, el campo del debate histórico quedó dividido entre los epígonos de la conquista planteada como una misión civilizatoria y de salvación espiritual, en cambio el frente liberal en su afán de romper los lazos de sujeción europeo, tanto religiosos como de vinculación a la corona española, cuestionado por el discurso liberal, el cual propició la formación de un estado liberal laico federal y presidencialista.

Ambos bandos se excluyeron mutuamente para ganar el monopolio de la verdad histórica, a partir de reafirmar sus visiones ideológicas a favor o en contra del origen de la nación.

Así resulta necesario sujetar la conquista a un examen epistemológico, pero como no se dispone de tiempo y medios es conveniente preguntar la causa fundamental que determinó la guerra total contra Tenochtitlán.

¿Qué motivó a Cortés a llevar la guerra de exterminio?, para el historiador Héctor Aguilar Camín fue la “venganza”. Una respuesta simple, pero reveladora de valorar a los personajes y no los procesos y sus acciones, porque la guerra no tiene fin hasta que el enemigo se rinde o se elimina, y como ocurre.

Aguilar Camín, derivó su expresión por la modificación la nomenclatura de: “El Árbol de la Noche Triste”, cambiada por el de la “Plaza de la Victoria” que correspondía a la derrota de los europeos y sus aliados obligados a replegarse por el ataque del pueblo mexica y en su huida perdieron el oro hurtado.

Para luego, un año después; volver con un mayor contingente, así como con una capacidad de fuego superada y la aplicación de una estrategia militar, incluida la naval, y los daños epidemiológicos no conocida por los nativos. Se enfrentaron dos niveles de desarrollo técnico militar para doblegar al más débil.

LOS IMPULSOS DE CORTÉS

Entre los factores que impulsaron a Cortés a destruir el supremo baluarte indígena, estuvieron el factor guerra, concebido desde la formación de la expedición militar europea, tecno diferenciado, que venía a posesionarse del territorio y sus riquezas, como una concepción determinada por el pensamiento geoestratégico ibérico, alentados por un derecho divino confirmado por el Papa Alejandro VI y el pensamiento supremacista religioso de Santo Tomás vertido en la “Summa contra Gentiles”.

La estrategia militar del exterminio era determinante de la guerra, lo que el disponía como determinación militar era regular la violencia, y su interés personal; lo primero no lo realizó para conservar lo necesariamente humano; lo que se debe comparar en la grandeza de Alejandro quien no destruyó la cultura oriental e incluso aprendió de ella y la incrementó con la creación de la ciudad de su nombre, y la Biblioteca, tesoro de la humanidad. Esa sabiduría no la aprendió el egresado de Salamanca.

La verdadera causa personal que estimuló el retorno del capitán de los expedicionarios fue la ambición por el oro, y en especial el oro que se perdió durante la batalla que luego la llamaran de la “Noche triste”, tanto por la derrota humillante, como por no retener el metal precioso que se perdió en el fango del lago.

Los aspavientos ocasionados por la captura de Cuauhtémoc fueron diversos, desde quienes disputaban su detención como un trofeo, como la reacción de Cortés para decidir lo que se veía venir, así lo relata la crónica española como la actitud del vencido quien al tomar el puñal del cinto de Cortés le dijo “Malinche yo ya hice todo lo que pude para defender a mi pueblo, ahora tu toma este puñal y mátame con él”.

Un acto de valentía negándose aun a rendirse, pero también cumplía con la tradición guerrera del honor de morir para remontar el vuelo al atardecer, para ir al encuentro de los dioses como el mayor mérito de su formación religiosa.

Para Matos Moctezuma la detención del último Tlatoani fue de confusión y desorden entre los traductores y demás presentes que aún trastornó el razonamiento de Cortés.

Aunque es posible que hubiera sucedido, lo cierto es que el primer acto del supremo conquistador fue la de someter a martirio a los príncipes de Anáhuac para exigir le dijeran donde quedó el tesoro perdido, ese era el gran interés del hombre de la guerra antes de cualquier otro, quería recuperar el oro, metal del que dijera le era necesario porque padecía una enfermedad que solo con él se remediaba.

Ambición desmedida e impiedad implacable fueron impulsos decisivos en el militar obsesivo en ordenar su mundo expoliado. La barbarie había triunfado, un nuevo ciclo histórico se abrió en el mundo.

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