EL EGÓDROMO PARTE CVIII

Por Luis Mac Gregor Arroyo

Foto de Xiaoyi en Pexels

hoyoblanco.com.mx

Los Frailes: Han hecho voto de pobreza y visten con toga café. Educan almas en celdas obscuras alrededor de un gran prado, ¿almas perdidas? El nueve es su número y dar amor su consigna. “La Virgen manda: Déjemos que ese hombre conquiste a la pequeña de 16 años”. No se consideró que el padre de la pequeña era menor en edad que el pretendiente. Posiblemente consideraron que era algo idóneo pues sería alguien con suficiente sabiduría para la pequeña, y convencería al padre adolescente. El proyecto falló entonces se requirió de unas tres o cuatro misas negras y de ver el templo adornado de rosa. ¡Qué se le va a hacer! El hombre no debe evitar sufrir a las damas ni con el pétalo de una rosa. En fin, mientras tanto los curas hablaron de lo desgraciado que es Jesús, de hombres verdes sumamente fuertes, de un hombre volador con un corazón artificial de color azul brillante. Algunos de los presente tocaban el órgano electrónico, otros corrían de un lado a otro para conocer a Jesús, y unos más hasta llamaron a Satanás para conocer realmente quien era Dios. El comensal se comía unas obleas sin bendecir: “Bueno pues sino estuvo Jesús ayudó la Virgen y estuvo Dios Padre ¿No? ¿Entonces de qué se podría quejar cualquiera?”.  El “afortunado” hombre de esa tragedia siguió su camino. Conociendo apenas eso de “Jesús”. Por atrás, de manera discreta, avanzaban siete amables frailes franciscanos entre la multitud. Sus expresiones eran diversas. Unos como hastiados, otros como echándole al incauto el mejor hechizo que conocían, otros (bostezando) y como no queriendo. La Virgen, un poco más alejada, caminaba sin querer ver hacia el frente de la pena. Total van como más de dos años y el pobre incauto todavía no cesa de asombrarse con las maravillas sobrenaturales del camino del ‘señor’. Una verdadera “bendición”. Por ahí también andaba Oasís tomando sediento un poco de agua, con sus manos, de una fuente en una de las paredes laterales de la avenida como diciendo: “¡Ay, por favor que no me vea!”

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