Un chavo bien helado: Carlos Martínez Rentería (Ciudad de México 1962-2022)

Ricardo Bautista García

A Emiliano Escoto, y a su mamá: Guillermina Escoto Garduño

Fui
“No me detuve, me entregué por completo y fui.
Fui a los placeres irreales,
forjados a medias por mi mente.
Estuve dentro de la iluminada noche.
Bebí vinos fuertes
en la forma que los hedonistas beben.”
Constantino Cavafis *

En la inmensa e inacabada crónica de la década mil novecientos ochentas, uno de sus amanuenses, José Joaquín Blanco, se preguntaba: “Uno quisiera saber qué piensan, cómo son las generaciones que dentro del túnel no ven sino más túnel, las marcadas por la depresión y las catástrofes de los ochentas: ¿cuáles serán su pensamiento político, su arte, su literatura, sus valores y sus regocijos, sus rencores y su respuesta al país oscuro?” **

Blanco se refería al ambiente que se vivía en la llamada “década perdida”. El túnel de la Ciudad de México se había forjado a golpe de devaluaciones de la moneda, razzias policiales, desalojos de viviendas, asesinatos de homosexuales y lesbianas, los estragos de la pandemia por el VIH SIDA y la simulación democrática.

A falta de un panorama (pues el encierro dentro del túnel impedía visualizar esa luz llamada: futuro), la cultura metropolitana respondió son sus mejores armas. Es una década prolija en propuestas culturales, sólo enunciaré algunas de ellas: el Tianguis Cultural del Chopo -auspiciado por la escritora Ángeles Mastretta y el promotor cultural Jorge Pantoja; las marchas del Orgullo Gay (emplazadas por organizaciones y colectivos como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, Grupo Lambda, Oikabeth, Colectivo Sol, Grupo Guerrilla Gay, el grupo Lesbianas Feministas, etcétera) que convoca no sólo a una incipiente cultura de los derechos políticos sobre el cuerpo y la sexualidad, sino también al morbo citadino y al reventón a cielo abierto; la emblemática Semana Cultural Lésbico-Gay impulsada por el Torbellino de nombre José María Covarrubias, La Pepa. Añádase la fantástica escena del “reven” nocturno con espacios como El Nueve, el Magic Circus, La Última Carcajada de la Cumbancha, El Catorce y La Rockola.***

En el terreno musical es notable el boquete abierto al muro de la balada romántica por parte del rock alternativo y nacional. En este sentido son relevantes espacios en la radio como El lado oscuro de la luna, Proyecto 101 y Rock 101, Espacio 59 y 20-21, por mencionar algunos, así como espacios abiertos en la televisión a intérpretes del rock urbano como lo fue el programa “Para gente grande” conducido por el periodista Ricardo Rocha, en donde el aedo Jaime López interpretó su canción Bonzo:

Me quedé dormido,
Con la televisión prendida,
Con la radio prendida,
Lavadora prendida,
Licuadora prendida,
Con el cigarro prendido,
Y prendí fuego a la casa,
Con mis sueños lúcidos, de bonzo, de bonzo…

La valiente y solidaria respuesta civil frente al terremoto de 1985 aplanó el terreno a los nuevos movimientos sociales que tuvieron en su interior una explosión cultural muy significativa. El caso más emblemático, por la amplia participación juvenil, fue la del CEU en la UNAM, pero también la defensa del voto popular en las elecciones de 1988.

También hubo una boyante vida editorial con revistas que muestran la cultura que se pergeñó dentro de los túneles de la crisis, como fueron La Guillotina, La regla rota, LA Pusmoderna, Rompan Filas, La Tinta Suelta, Moho y Generación, entre otras. Este es el túnel donde Carlos Martínez Renteria asoma la cabeza con su iniciativa editorial en el año 1989. No perdamos de vista que Carlos se formó en la mesa de redacción al lado de Paco Ignacio Taibo I, luego de egresar de la escuela de periodismo Carlos Septién.

Paradójicamente, Generación no nace en una cantina ni en un bar, lo hace en el extinto Café Reforma a donde acuden, en racimos, jóvenes de toda laya los viernes por la noche. ¿Qué reciben? ¡Una invitación a publicar! Si nos guiamos por las plumas que ahí publicaron sus textos, fotografías, ilustraciones y cualesquier otro alucine, entonces la revista es ya el espacio abierto en donde publican tod@s, ahí está la simiente de una literatura alternativa que crece y se expande con el tiempo a diversos sellos editoriales, premios y reconocimientos. Me ahorro la lista de nombres pues es, casi, interminable. Solo apuntaré los nombres de los fundadores: Américo Guerra, Alejandro Jiménez Martín del Campo y Arturo Jiménez y Edgardo Bermejo a los que se sumaría José Chávez Jaimes.

A esta indudable virtud editorial también añadamos la capacidad para surtir iniciativas culturales, happenings, festivales off y anti coloquios nacidos en el seno de la publicación. Otra virtud, notoria y palpable, es la longevidad de la revista: treinta y tres años. Ninguna de las publicaciones mencionadas logró una vida tan larga.

Mucho se ha dicho y celebrado su estilo de vida: la autodestrucción, el alcohol, la farra, el insomnio festivo, los ingresos al hospital y sus salidas triunfales (todo está exhibido a manera de espectáculo fuera del túnel y es, en este sentido, que Carlos más que contracultural se vuelve, con el paso y peso del tiempo en una figura de la escena cultural alternativa de la capital con sus ingresos más bien insustanciales en el ámbito político, como el impulso al Voto útil a favor del candidato del PAN en el año 2000). Esta importante faceta de su personalidad está reseñada en sus libros de poesía Polvos Blasfemos y Barbarie, donde el poeta reconoce su fragilidad, sus dudas, su ebria melancolía.

“Cuando no está/ninguna fiesta es feliz/la aguardo con la angustia desvalida/ella no está en mi cama/ninguna fiesta, sin ella, salva mi vacío…”

Carlos es, ya fuera del túnel, el futuro antes negado: uno de los sobrevivientes de esa crisis quien tendió puentes en todas las direcciones que se le ocurrieron amparado en su generosidad. Las personas que encontró en su camino al recorrer esos viaductos hoy lo despiden de pie y acostadas, ebrias y melancólicas, tristes y enjundiosas. Brindan, rompiendo las copas que sueltan carcajadas burbujeantes, por un chavo bien helado.

  • Poema “Fui”, trad. Cayetano Cantú. Material de Lectura #25, UNAM
    ** Un Chavo bien helado, crónicas de los años ochentas, José Joaquín Blanco, Ed. Era, Méx. 1990
    *** Tengo que morir todas las noches. Una crónica de los ochenta, el underground y la cultura gay, Osorno Guillermo, Ed. Debate.

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