DOLORES CASTRO, LA MAESTRA LOLITA YA ESTÁ EN EL CIELO. Crónica de los 75 años

Alejandro Cea Olivares.

Alguien escribió de ella: Mujer con mayúsculas. Muchos han sentido su muerte, hasta llorado: maestra y amiga. Si caben las metáforas la muerte de la maestra Dolores Castro Varela pone a las letras de luto y deja un huecote en la enseñanza y en la realización de la buena poesía.

Para los lectores de lo bueno Dolores Castro es poeta de primer orden. Ella formó parte del llamado grupo de los Ocho del cual el nombre más connotado es el de Rosario Castellanos, su gran amiga, compañera de aventuras, de viajes. Con Rosario y desde el café de la casa hermosa de Mascarones Lolita ayudó a establecer la fama de mujeres sensibles e inteligentes de la Facultad de Filosofía y Letras. Ella y sus amigas, sin gritos feministas, se abrieron lugar en las letras.

Sus libros afortunadamente hoy recopilados en una edición del Fondo de Cultura Económica fueron pocos y de pocos poemas. Poesía que habla de honduras y obscuridades y al mismo tiempo del deslumbramiento ante la vida. Poesía no fácil de leer – no se entrega a la primera – y que busca la economía de las palabras. Poesía no doctrinaria sino respetuosa de la palabra que sale de adentro y que nos regala la voz que nos hace falta para decir lo nuestro.

Para muchos, pero en verdad muchos poetas que andan entre los treinta y los sesenta años Dolores Castro fue la maestra que corrigió sus poemas, los animó en sus decepciones y redujo sus soberbias: los hizo escribir mejor, es decir los ayudó a sentir más de fondo lo de sí mismos y lo del mundo y a ponerlo en palabras. El título “maestra Lolita” se lo ganó día con día durante más de sesenta años.

Para algunos admiradores, entre ellos yo, Dolores Castro poeta fue leyenda y persona. Su actividad en radio UNAM, sus talleres y cursos son parte vital, de vida pues, de lo que hoy tenemos de cultura.

En la avenida Ribera de San Cosme en la casa de Mascarones, en ese entonces Facultad de Filosofía y Letras se reunieron muchos de los que fueron grandes en la mitad segunda del siglo XX. Ahí en las aulas y el café estaban quienes serían leyenda: Ernesto Cardenal, Emilio Carballido, los Sergios Magaña y Fernández, Fernando Salmerón, Jaime Sabines, Tito Monterroso y de los maestros, por no citar más que a los de filosofía determinantes para todos: Antonio Caso y José Gaos.

Ahí se formaron y conformaron en grupos y disidencias los que después del impulso que se recibió de Vasconcelos y del grupo de Contemporáneos construyeron en buena parte lo que hoy llamamos cultura mexicana. De todos ellos Lolita fue amiga, compañera, parte de la construcción y en algunos casos inspiración.

En el cimiento de la poeta, de la maestra, de la leyenda está el que Dolores Castro Varela fue señora, señorona con mayúsculas. Enamorados ella y Javier Peñalosa formaron hogar e hicieron casa abierta a los amigos. Siete hijos, gran amor, trabajo diario y el encuentro con quienes coincidían en la pasión por las letras. Javier Peñalosa, periodista, traductor, escritor, su gran amor, murió joven, se dice que dolido, muy dolido por las matanzas de jóvenes estudiantes.

Dolores Castro tomó la dirección y peso de la casa, la sacó adelante. Eran siete hijos en edad, todos, de estar en el banquillo escolar. Platicaba uno de ellos que su mamá tenía una vieja camioneta Volks Wagen ahí trasladaba diariamente a sus hijos a la escuela. La detuvo un policía, le pidió su licencia: Señora usted no tiene licencia de primera, ni la camioneta está pintada como transporte escolar. Pero este no es transporte escolar, es transporte familiar… todos son mis hijos.

Ella fue difusora de la cultura, productora de programas de radio y televisión y, por sobre todo maestra en talleres, en cursos. Por su tarea en la Escuela Carlos Septién García una gran cantidad de los periodistas de México se hicieron amigos del buen escribir como lo fueron sus alumnos en la escuela de la SOGEM o en los recintos culturales de Tlaxcala y Veracruz.

Su buen ánimo, su diario trabajar, su lucha por salir adelante ocultó quizá el gran dolor de la pérdida de Javier Peñalosa hasta que lo manifestó en un poema, el mejor cántico al esposo que conozco. Ojalá lo leas oyendo las palabras de tu lectura

ELEGÍA A JAVIER PEÑALOSA

Amontono las piedras ardientes /
en torno a tu imagen
/ Y me quiero apartar, alejarme,
/ ya no pensar en ti.

Pero quedó atrapada /
recordando /
el tibio trato tuyo/
sol nuevo y más hermoso cada día /
y luego tus acciones/
de corte delicado y sorpresivo /
más allá de medidas /
humanas mensurables.

Todavía estoy prendida /
al fuerte canto de tu corazón /
activo y deslumbrante.
Al cauce cálido que formamos /
con tu cuerpo y el mío.

Y levanto mi triste fortaleza /
con piedras que se apagan lentamente/
sobre tu amor, el real, el de tocarse /
y confesar palabras.

Me cerraron la boca de los días /
ahora son enormes y callados. /
Atropellados como piedras sueltas /
entre las patas de los caballos.

Yo lo creí de luz /
era de cera /
¡Ah, pero ardía! /
Ningún golpe de viento lo apagaba:
/ para apagarlo solo el mar /
solo el mar.

Asistí a su esplendor /
y me tocaba
/ de cerca su grandeza.

Hoy vivo vida extraña /
de medio ser /
tocada por el aire /
en carne viva /
recién cortada.

Aún recuerdo tu luz /
mientras vivo la sombra /
el ajetreo /
de espaldas a la vida /
a la ventana.

La torre que con tanto tiento /
habíamos construido, no sé por dónde /
terminarla.

Tú me diste /
la fuerza, los contornos; /
solo me faltan tus manos /
y el aliento.

Yo traspaso los días /
como agujeros.
Tragando lágrimas /
me alimento. y busco puentes para cruzar ríos /
donde se ahogan todas las imágenes.

Las noches me recuerdan otras noches /
las cosas se me vuelven enemigas: la cabecera de la cama /
y tu lugar vacío.

Si hasta aquí leíste, estoy seguro te enamorarás de la poesía de Dolores Castro y de la figura de la maestra Lolita, que están unidas.

Afortunadamente le otorgaron varios premios, entre ellos, en 2014, el Nacional de Ciencias y Letras. Murió en plenitud se dijo, y no fue lugar común, rodeada del cariño de su familia, numerosa

A quienes la admiramos en sus recitales, inolvidable el de la sala Manuel M. Ponce y en sus libros nos deja una poesía de pocas palabras que nos tocan en lo profundo.

Como un testimonio de su personalidad hecha de modestia, recuerdo que, en un homenaje a Alí Chumacero, en la sala principal del Palacio de las Bellas Artes hablaron los grandes, no cito sus nombres; pero las palabras de la maestra Dolores Castro fueron, con mucho, las de mayor seriedad, profundidad, belleza. Un verdadero monumento de sensibilidad y de erudición, un gran regalo al amigo poeta y de parte de el público un gran aplauso para Dolores Castro.

A la salida descubrimos que ni sus hijos ni yo traíamos automóvil. Y ahí nos tienen buscando un taxi para la más ovacionada hacía unos minutos. Sonriendo se fue en él, como igual se fue por la vida siendo la mejor y la más sencilla.

POR SI QUIERES LEER ALGO MÁS.

Abajo están unos lazos. En los dos primeros encontrarás algunas poesías; a continuación, un audio de la UNAM en el que nos regala tres pequeños poemas, después una entrevista y una recopilación de textos propios en que manifiesta su vida, sus pensares, su conciencia social y su fé católica.

Copia estos lazos, pégalos en tu página y entrarás en el mundo de palabras de fondo de Dolores Castro.

https://descargacultura.unam.mx/en-voz-de-dolores-castro-

http://www.archivopdp.unam.mx/index.php/4034

https://literatura.inba.gob.mx/entrevista2/3319-castro-dolorez-entrevista.html?showall=1

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s