La cuestión del perdón, no es moco de pavo, puesto que el perdón podría salvar a naciones enteras de guerras y desastres. En lo personal, el perdón resulta uno de los mayores alivios para las almas enfrentadas.
Perdonar, implica ser perdonado, porque el perdón surte sus efectos beneficiosos cuando se produce bilateralmente. El perdón de una parte hacia la otra, sin respuesta equivalente en idéntico sentido, es de poco valor, o de un valor insuficiente.
La reconciliación entre los hermanos peleados, es un hecho que sabe a mieles, puesto que denota amor entre ellos. Incluso en el caso de que la reconciliación surja debida a intereses fuera del afecto, sigue siendo muy interesante, porque acarreará beneficios, y evitará conflictos dañinos, de todas formas.
Nos hacemos cargo de que perdonar no suele ser fácil. Para perdonar, necesitamos una predisposición espiritual especial, que no siempre se está en condiciones de albergar. El perdón se debe buscar, y también se debe perseguir. Puede ser el perdón la salvación de mucha gente, de naciones enteras. No es cosa baladí, pues, sino algo en lo que debemos empeñarnos, en ocasiones durante vidas enteras de generaciones.
Todo se debe perdonar, por el bien de todos, aunque cueste, aunque no se disponga de predisposición. En ocasiones, como dice el refrán, solo con empezar y rodar un poco, se logra entrar en el clímax idóneo para otorgar un perdón de corazón.
Pero debemos ser responsables ante el perdón, que implica un cese de beligerancia, un cambio en la actitud entre los contendientes, que, en adelante, van a tratar de ser amigos, o, por lo menos, tratarán de no agredirse.
Contemplemos las paces que se han firmado en la Historia, la mayor parte de ellas con motivo del final de guerras, en las que ambas partes se perdonaban, si no inmediatamente, sí con posterioridad. En muchos casos, estas paces con perdón, produjeron frutos muy ricos y abundantes, hasta el punto de que algunos dicen que la Historia se ha labrado a base de la guerra. De la guerra, pero, también, del amor surgido en el perdón de la reconciliación entre pueblos.
Que nos lo digan a los españoles, que solo conseguimos el arribo de la democracia a España, cuando decidimos perdonarnos ente todos, sin volver a reprocharnos odio o rencor, por hechos pasados, que, en tal momento convenía olvidar, precisamente porque solo como una nación de hermanos, la democracia y la libertad podía hacerse factible.
Ciertamente, solo la democracia, con su Estado de imperio de la Ley, en un régimen de libertades y derechos, hace posible la paz social, y la relatividad de los males pasados, que hemos vuelto a poner sobre el mantel, pero sin que llegue la sangre al río.
Vamos a seguir perdonándonos todo lo que haga falta, “hasta setenta veces siete”, como dice el Evangelio cristiano. Es la única manera de salvaguardar la prosperidad y el futuro, que podría venir mejor o peor, pero siempre con esperanza.
FRAN AUDIJE
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria

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