TRANSFORMACIONES SOCIALES

No sé ustedes, estimados lectores, pero cuando oigo en boca de un político la palabra “transformación”, normalmente orientada hacia lo social, siento un importante desasosiego, por una sencilla razón: no me fío ni un pelo de los políticos, cualquiera que sea, realizando cambios drásticos en la sociedad, que eso es una transformación.

En el caso de nuestro querido país, al menos para mí es querido, a pesar de los pesares, los cambios más pertinentes que podríamos hacer en estos momentos, creo que deberían ir encaminados hacia la consolidación de la democracia, muy relacionada esta consolidación con una creciente capacidad de respeto del Estado de Derecho.

Volver a la Edad del Vasallaje, es decir, de la sociedad donde el poder y la libertad se concentran en uno o dos grupos sociales, y el resto formamos una gran masa de esclavos, me parece de un oscurantismo y atraso, intolerables. Debemos exigir la mejora de la democracia, y no su destrucción, en favor de un régimen de castas, donde nos van a imponer todo lo que les parezca a unos cuantos, a la fuerza y con violencia.

Por otro lado, debo destacar que, poco o ningún amor guarda por su nación, aquel que es capaz de destrozar un régimen de libertad y derecho, para plantar su culo en la poltrona, y dictar a conveniencia y a placer, lo que debemos hacer o no hacer con nuestra vida privada y con nuestra vida pública, sin mayor consulta que su caprichosa voluntad, aderezada por un grupillo de asesores aprovechados y de dudosa sabiduría.

En la democracia cabemos todos, cabe la diversidad y el consiguiente respeto debido para poder convivir, de ahí que sea tan necesaria esa capacidad de Estado de Derecho que poseen todos los países civilizados y desarrollados del mundo.

Hablando un día con un amigo, me decía que no entendía cómo era posible que hubiere gente que apoyara a la derecha política, puesto que le parecía muy evidente que la izquierda era el modo ideal de gobernar un país. Mi respuesta fue que hay gente para todo, y que también existen aquellos que piensan cómo no gobernaría la derecha política siempre, porque es lo mejor para ellos, sin dudarlo ni un segundo.

Se trata, pues, de que en cada coyuntura se establezca el Gobierno que mejor pueda lidiar con esa situación concreta, puesto que la política, la economía, y la sociedad, no siguen un historial lineal, sino que fluctúa, con altibajos, y con curvaturas, dentro de las cuales podría ser más aconsejable una forma de hacer las cosas, u otra.

Tampoco es aconsejable que los mismos se queden, ni tan siquiera más de dos legislaturas seguidas, porque la propia experiencia lo desaconseja. Demasiado tiempo en el poder, corrompe y malea a las organizaciones, y a las personas. Es mejor cambiar de gobernantes cada cierto tiempo, no mucho, por la misma razón de que se deben cambiar los pañales y la ropa interior.

Cuando alguien ama a otra persona, lo primero que hace es respetar su libertad, el derecho a la autonomía personal. Imponer por los cojones de uno las cosas, es una esclavización de las personas y de la sociedad, que tuvo su momento en la Historia, pero que parece habíamos superado.

Transformaciones sociales, sí, pero hacia una mayor y mejor convivencia, hacia un civismo, basado en la ética y en el respeto de los derechos humanos.

Desconfiemos de aquel que se cree sagrado e intocable, porque nadie debería serlo en este mundo, donde la Justicia desaparecería de ser así, y estaríamos asistiendo a la institucionalización regresiva de la tiranía, más pura y dura.

FRAN AUDIJE

Madrid, España, 28 de julio del 2026

Fotografía Facebook

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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